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	<title>Emilio Ichikawa &#187; Headline</title>
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	<description>Noticias y artículos sobre Cuba y Estados Unidos</description>
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		<title>Aguacero de mayo: 22-1988 Aviso de tormenta</title>
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		<pubDate>Tue, 22 May 2012 05:57:27 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[ El líder comunista húngaro Janos Kadar (1912-89) deja la jefatura del partido en manos del premier Karoly Grosz (1930-96) y la suerte de Hungría empieza a despegarse del bloque soviético. Grosz cedería el premierato (noviembre ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-120320" title="MAY 22" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/05/MAY-22-300x180.jpg" alt="" width="300" height="180" /> El líder comunista húngaro Janos Kadar (1912-89) deja la jefatura del partido en manos del premier Karoly Grosz (1930-96) y la suerte de Hungría empieza a despegarse del bloque soviético. Grosz cedería el premierato (noviembre 24, 1988) al reformista radical Miklós Németh y el parlamento acordaría hasta «un paquete democrático de medidas», pero se espantaría ante el curso que tomaron las cosas. Luego de formarse la Federación de Jóvenes Demócratas (Fidesz, por sus siglas en húngaro), la Alianza de Demócratas Libres (SZDSZ) y el Fórum Democrático Húngaro (MDF), la presión popular obligó a que el Partido Socialista Obrero Húngaro (PSOH) a reconocer que los acontecimientos de 1956 fueron una revolución popular genuina, sofocada por la invasión soviética, antes que una contrarrevolución de corte facistoida, como divulgó la propaganda partidista. Grosz se opuso a la rehabilitación de Imre Nagy (1896-1958) —premier ejecutado (1958) tras la invasión soviética— y pasó a la línea dura, pero el PSOH se disolvió (octubre 7, 1989) y salió al ruedo el Partido Socialista. Ya se había dado (agosto 19, 1989) la demostración pacífica en el pueblo fronterizo de Sopron y la frontera austro-húngara terminaría por abrirse hacia octubre 20 para agudizar la crisis del comunismo en toda Europa del Este, con los alemanes orientales yéndose por allí a Occidente hasta que, al mes siguiente, tuvieron la ocurrencia de tumbar el Muro de Berlín. Grosz tuvo la ocurrencia de refundar el viejo partido, pero no consiguió representación en el parlamento al celebrarse en mayo de 1990 las primeras elecciones multipardistas, que trajeron al mundo a la nueva república de Hungría. Las tropas soviéticas de ocupación habían comenzado a retirarse en marzo 12 de 1990 y concluirían su retirada a mediados de junio de 1991 (Foto © Osaarchivum).</p>
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		<title>Escaramuza de imágenes: nación y emigración</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 15:56:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Arnaldo M. Fernández
La exposición de más de 60 fotografías del fotorreportero Jim Nickless sobre las acciones contra Castro del Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) —que se abrirá al público el próximo 24 de mayo en ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-119808" title="santiago-alvarez-2011-4-14-5-20-32" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/05/santiago-alvarez-2011-4-14-5-20-32-271x300.jpg" alt="" width="271" height="300" />Arnaldo M. Fernández</p>
<p>La exposición de más de 60 fotografías del fotorreportero <a href="http://eichikawa.com/2012/05/jim-nicklees-y-lo-que-el-viento-se-llevo.html">Jim Nickless</a> sobre las acciones contra Castro del Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) —que se abrirá al público el próximo 24 de mayo en la Torre de la Libertad— tiende de nuevo la «magnífica trampa cognitiva» que el Dr. Sergio López Rivero advirtió en el uso lingüístico «revolucionario». La nación cubana, traicionada por la revolución de Castro, buscó en la emigración la forma de prepararse para regresar a dar la guerra de revancha que acabaría con los traidores. Esta búsqueda resultó tan infructuosa como las acciones del MRR bajo el mando de Manuel Artime Bueza, quien se proponía recuperar lo que la revolución cubana había perdido como consecuencia de la traición de Castro.</p>
<p>Nickless fue testigo de estas acciones, como fotógrafo <em>free lance</em>, desde que voló a uno de los campamentos del MRR en Costa Rica (febrero de 1964) hasta que regresó en bote a otro en Nicaragua, tras fallida operación de rescate de infiltrados en Pinar del Río (febrero de 1965). Para 1974 Nickless recogería el testimonio de Artime Bueza sobre la suerte del MRR: <em>when they killed Kennedy, they killed us</em>. Todavía no se sabe a ciencia quiénes son ellos, pero es sabido que el MRR desarrolló sus «operaciones autónomas» contra Castro sobre todo en 1964. Una versión posterior (1977) del propio Artime Bueza —a la periodista Helga Silva (<em>Miami News</em><em>)— atribuye el colapso del MRR a </em>«que Bobby Kennedy dejó [septiembre 3, 1964] la administración Johnson». Al margen de sus testimonios contadictorios, Artime Bueza parece confirmar la política de dos carriles de los hermanos Kennedy contra Castro: subversión y negociación, ya que constan también ademanes de acercamiento no sólo a través de los periodistas Lisa Howard y Jean Daniel, sino del diplomático William Attwood, quien llegó a entrevistarse (septiembre 23, 1963) en secreto con el embajador de Castro en Naciones Unidas, Carlos Lechuga. Las fotos de Nickless andan por el otro carril, que el general Maxwell Taylor —presidente del Cuba Study Group encargado del fiasco de Bahía de Cochinos— había considerado sin salida (marzo 14, 1962) desde la Operación Mangosta y no vacilaría en reiterarlo (agosto 20, 1962) con memo a JFK de que no se podía tumbar a Castro sin la intervención militar directa de EE. UU.</p>
<p>El MRR pasa por el primer movimiento anticastrista dentro de las propias filas de Castro. Artime Bueza resolvió fundarlo hacia octubre de 1959, luego de sentirse como «un infiltrado demócrata en un gobierno comunista» (Haynes Johnson, <em>The Bay of Pigs</em>, Norton, 1964, página 20) al tomar parte en una reunión de administradores locales del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Para diciembre de 1959, Artime Bueza marchaba al exilio con la amargura de que la revolución había sido traicionada. Enseguida principió su marcha hacia el fiasco de Girón y en la estela del fracaso, con igual apoyo de la CIA, consiguió montar hacia octubre de 1963 dos campamentos en Costa Rica y dos más en Nicaragua para seguir dando guerra contra Castro.</p>
<p>Según Leonard Navarro en “Artime Had a Little Help From Friends in the CIA,” (<em>Orlando Sentinel Star</em>, junio 12 de 1977), el MRR sumaba unos 300 hombres, en su mayoría veteranos de Bahía de Cochinos. Helga Silva reportó que disponían de 2 barcos grandes y 8 pequeños, 2 lanchas rápidas, 3 aviones, armas de todo tipo y equipos electrónicos valorados en un cuarto de millón de dólares (“Manuel Artime,” <em>Miami News</em>, julio 2 de 1977).</p>
<p>El investigador Gaeton Fonzi registra 4 operaciones de envergadura del MRR, tres de las cuales fallaron, entre ellas un atentado contra Castro. El fallo más escandaloso fue salir a tirarle al barco <em>Sierra Maestra </em>de Castro y acabar dándole (septiembre 24, 1964) al barco <em>Sierra Aránzazu</em> de Franco. A la postre los campamentos en Costa Rica fueron cerrados por la policía hacia diciembre de 1964, al detectarse contrabando de whisky, e igual suerte corrieron poco después los campamentos en Nicaragua. Sin embargo, Artime Bueza siguió su rima nicaragüense como agente de ventas de carne del mayor productor del país: el general presidente Anastasio Somoza.</p>
<p>Artime Bueza llegó a ser contactado por emisarios del Comité Selecto de la Cámara de Representantes [de EE. UU.] sobre Asesinatos (HSCA, por sus siglas en inglés), a quienes dijo haber tenido contacto directo con los hermanos Kennedy y aun agradecerles haber podido fijar bases de operaciones contra Castro en Centroamérica. Aseveró que percibía el asesinato del presidente como el fin de la gestión gubernamental de EE. UU. por la libertad de Cuba (HSCA: J.F.K. Document 003175) y convino en prestar declaración ante el HSCA, pero falleció antes, de breve enfermedad, a los 45 años de edad (<em>The Miami Herald</em>, noviembre 8 de 1977).</p>
<p>Las fotos de Nickless se anuncian como instantáneas que capturan conflicto y resistencia, pero exponerlas inducirá más bien cierta nostalgia y acaso la misma amargura con que Artime Bueza salió de Cuba. Por detrás de las imágenes sigue pendiente aún la reflexión.</p>
<p>Foto: Preparativos en Nicaragua de acción contra Castro. Con espejuelos oscuros, Santiago Álvarez © Jim Nickless / AP</p>
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		<title>Iglesia (católica) y Estado (totalitario) en Cuba (IV)</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 04:09:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Arnaldo M. Fernández
El ademán conciliatorio de la jerarquía católica con su pastoral (abril 17, 1969) en contra del bloqueo se considera cierre y salida de la etapa —abierta hacia febrero de 1961— en que la ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-118955" title="Wassily Kandinsky The Singer 1903" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/05/Wassily-Kandinsky-The-Singer-1903-223x300.jpg" alt="" width="223" height="300" /><strong>Arnaldo M. Fernández</strong></p>
<p>El <a href="http://eichikawa.com/2012/04/iglesia-catolica-y-estado-totalitario-en-cuba-iii.html">ademán conciliatorio</a> de la jerarquía católica con su pastoral (abril 17, 1969) en contra del bloqueo se considera cierre y salida de la etapa —abierta hacia febrero de 1961— en que la iglesia se abocó a la «reflexión y análisis de una situación de hecho [donde] debía desenvolverse su tarea, la evangelización, en un contexto revolucionario-marxista». Así aparece en las «Respuestas al cuestionario para la revista <em>Cuba Internacional</em>», mecanografiadas por monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal (CMCGM) hacia diciembre de 1969. Sin embargo, los obispos cubanos principiaron hacia 1975 a referirse al mismo lapso como período de «silencio [o] iglesia silenciada» y la noción prevalecería: <em>La voz de la Iglesia en Cuba</em> (México: Obra Nacional de Buena Prensa, 1995) compiló 100 documentos episcopales y saltó de una carta abierta (febrero 11, 1961) del arzobispo de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serantes, a la precitada pastoral contra el bloqueo. Se omitió una circular del propio Pérez Serantes a los párrocos de Oriente con llamado de recolectar a favor de los damnificados del ciclón Flora (octubre 3, 1963) y elogio al gobierno de Castro por sus gestiones de auxilio y atención.</p>
<p>Antes que silenciada o en silencio, la iglesia venía más bien tocando con sordina. El padre Donato Cavero (Iglesia Mayor de Sancti Spíritus) tuvo la ocurrencia de sacar (septiembre 2, 1962) el boletín <em>Vida Cristiana</em>, que no tardaría en oficializarse (enero 20, 1963) como hoja dominical de la iglesia toda. Dizque su predilección por la lógica tomista para discernir entre ciencia y fe se enfilaba contra el <em>Diamat</em>, en tanto los fragmentos publicados de las epístolas de Pablo —como «bendecid a los que os persiguen, bendecidlos y no los maldigáis»— manifestaban la resistencia pasiva contra la revolución de Castro.</p>
<p>Por otro rumbo andaba el periódico <em>El Mundo, </em>que en 1960 recurrió al laico Juan Emilio Friguls, a instancia de Leví Marrero, para continuar la sección «Noticias del Mundo Católico», luego de marchar el profesor José Montó Sotolongo, quien venía encargándose de ella desde 1948. Hacia enero de 1962 arrancó otra sección irregular, que pasaría a dominical fija a mediados del mismo año: «Mundo Católico». La jerarquía se desentendió de tal canal de expresión, por donde discurrían artículos anónimos al compás de <em>pa´lo que sea Fidel, pa´lo que sea. </em>El cura comandante Guillermo Sardiñas revelaría allí mismo la identidad secreta a voces del autor a su fallecimiento: «El Padre [Ignacio] Biaín: combatiente revolucionario” (<em>El Mundo</em>,17 de noviembre de 1963). El obituario subrayó que los comentarios del finado sacerdote franciscano sobre el II Concilio Ecuménico Vaticano (1962-65) habían sido «los mejores en cualquier diario del mundo por su clara concepción de la esencia de los debates». Este concilio venía planteando la transfiguración de la iglesia como institución de jerarquías en «pueblo de Dios».</p>
<p>A la muerte de Biaín, «Mundo Católico» intentó afincarse como el espacio oficial «Palabras de Vida Eterna» con articulistas reacios a volverse —como acostumbraba el predecesor— contra jerarquía eclesial, quienes enrumbaron por recreaciones del «padecimiento judaico» en Roma bajo Nerón y otros pasajes de esclavización y exilio de los judíos. De aquí parece derivar la tradición exiliar en Miami de equipararse a los judíos lo mismo para condenar la exhibición de una película que para rememorar la guerra civil perdida.</p>
<p>El director del periódico <em>El Mundo, </em>Luis Gómez Wangüetmert, solicitó entonces al joven sacerdote cubano CMCGM —acabadito de llegar de Roma— que se hiciera cargo anónimamente de la sección. El gobierno dio el visto bueno y CMCGM emprendió la tarea esquizoide de negar la tendencia crítica de Biaín y apropiarse con cautela de su legado.</p>
<p><strong>-Ilustración:</strong> Wassily Kandinsky, <em>La cantante </em>(1903)</p>
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		<title>El Uno y las minorías (Addenda)</title>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2012 04:15:21 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Arnaldo M. Fernández
 El sociólogo alemán Robert Michels (1876-1936) pasó a los fondos histórico-bibliográficos por enunciar la ley de hierro de la oligarquía en Zur Soziologie des Parteiwesens in der modernen Demokratie [Sociología de los partidos ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-118870" title="Adonis-Flores_MALEZA-2005" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/05/Adonis-Flores_MALEZA-2005-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /><strong>Arnaldo M. Fernández</strong></p>
<p> El sociólogo alemán Robert Michels (1876-1936) pasó a los fondos histórico-bibliográficos por enunciar la ley de hierro de la oligarquía en <em>Zur Soziologie des Parteiwesens in der modernen Demokratie</em> [Sociología de los partidos politicos en la democracia moderna] (Leipzig: W. Klinkhardt, 1911). No es fácil desprenderse del silogismo de Michels: la oligarquía sobreviene indefectiblemente por efecto del mecanismo racional de organización, que determina la división del partido —y por extensión de la sociedad— en una minoría que dirige y una mayoría dirigida (página 33). Los jefes son fenómeno congénito del orden social y no es lógico juzgar si es bueno o malo; sólo hay que tomar nota de que las sociedades modernas tienden a mayor y más compleja articulación organizativa, en tanto la praxis democrática cristaliza con la mayoría desorganizada de gente inerte o indiferente a la política como árbitro de la competencia entre las minorías organizadas de gente políticamente activa.</p>
<p>Así, el problema de la legitimación —circunscrito por definición al orden político— se reduce a que la minoría gobernante coincida con la élite que merece gobernar. Junto a esta dimensión vertical ineludible de la democracia, la dimensión horizontal atañe a formar la opinión y la voluntad políticas. Aquí las banderías suelen etiquetarse de izquierda, centro y derecha, pero ya no parece haber indicadores fiables de tales posiciones, sobre todo después que la desunión post-soviética consumó el trastorno topográfico de la izquierda.</p>
<p> El trípode de ubicación de la izquierda era la igualdad en el eje axiológico, el cambio y la innovación en el eje histórico, y el Estado intervencionista en el eje político. Ya sabemos que la pata axiológica se recortó hasta cancelar libertades elementales, la pata histórica se torció del cambio innovador —cambio contra el poder de otros para preservar el suyo— al inmovilismo y la pata política se quebró por el golpe demoledor del mercado sobre la planificación centralizada de la economía.</p>
<p> Sin este trípode, la bandería siempre política de la izquierda pasó de alardear desde el <em>topos</em> a abroquelarse con el <em>ethos</em>: se ensalzó como bando empeñado en hacer el bien a otros (v..g.: levantar el bloqueo contra Cuba) frente al contrario que más bien atiende a lo suyo. Sólo que por eso que no sé quién llamó heterogénesis de los fines —ya se la mano invisible de Adam Smith o la astucia de la razón de Federico Hegel—, el egoísmo de la derecha puede propiciar el bienestar general y el altruismo de la izquierda puede desembocar en perjuicio generalizado.</p>
<p> Una izquierda presuntuosa de y obsesionada con la moral queda expuesta sin remedio a la inmoralidad letal. Así como el catolicismo en Cuba ronda por templos con falsos creyentes, hace rato que el creyente marxista se tornó pragmático utilitario y aferra en el cargo, amén de añorar ventajas del pasado antes que aventurarse al futuro.</p>
<p> Esa izquierda no tienen otra cosa para recomponer sus cabezas, paradójicamente, que el interés tan propio de la derecha. Y se agarra a ideas que ya no son pensadas, sino creídas, como preservar la soberanía ya sólo mediante el Estado totalitario o la pretensión secular de EE. UU. de apoderarse de Cuba. Así se explica no sólo por qué puede acoplarse con el catolicismo, sino incluso por qué moviliza a tanta gente en plazas y tribunas: la izquierda no tiene ideas que debatir, sino ideas en acción para usar como palancas sociales a través de eslóganes (<em>e.g.:</em> ¡Devuelvan a Leían!) que resultan difíciles de devolver en igual formato de píldora agitadora.</p>
<p> Lo peor estriba, sin embargo, en que los voceros de la izquierda, ya sea nueva o renovada, plattista o privatidora, fidelista, raulista o guevarista, está vertebrada por nociones que la historia puede haber sepultado, pero que sobreviven como <em>frames of mind </em>para enfocar la realidad y maleza bloqueadora del pensamiento y hasta de la conducción racional de la vida. Ese izquierdismo asimilado por entre clásicos del marxismo, Castro y su único partido deja como legado el virus ideológico de arrogante ignorancia armada con ardides e insultos para retorcer argumentos. Será difícil de extirpar, aquí y allá.</p>
<p><strong>-Ilustración:</strong> Adonis Flores, <em>Maleza </em>(2005)</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Los sicarios de Fidel y Latell</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 19:31:15 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Arnaldo M. Fernández
Los heraldos anglo e hispano de Miami dieron entrada este fin de semana al ex analista de la CIA Brian Latell en el género folletinesco. La primera de una serie trina sobre los ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-117462" title="00/00/0000. File pictures of Jean-Paul Sartre and Simone de Beauvoir." src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/04/Simone-de-Beauvoir-Jean-Paul-Sartre-Paris-1929-300x192.jpg" alt="" width="300" height="192" /><strong>Arnaldo M. Fernández</strong></p>
<p>Los heraldos anglo e hispano de Miami dieron entrada este fin de semana al ex analista de la CIA Brian Latell en el género folletinesco. La primera de una serie trina sobre los sicarios<em> </em>de Castro revela que otros además del propio Latell se encargan de matar la historia y hasta la lógica. Son desertores de la Dirección [antes General] de Inteligencia (DGI) castrista que guardaron sus testimonios para después de pasar la ocasión más propicia. Florentino Aspillaga Lombard, por ejemplo, desertó a mediados de 1987 y dice haber informado enseguida a la CIA que Castro sabía con antelación que Lee Harvey Oswald iba a matar al presidente Kennedy. Sin embargo, Aspillaga y sus interlocutores de la CIA brillaron por su ausencia en las sesiones (1992-98) de la Junta de Revisión de Archivos del Asesinato, que se formó tras el alboroto armado por Oliver Stone con su película <em>JFK</em> (1991).</p>
<p>Aspillaga habría vuelto a contar su «secreto» ya sólo a Latell, quien de cajón tendría que incluir en su libro <em>Castro’s Secrets </em>(Palgrave Macmillan, 2012, 288 páginas) el <em>debriefing</em> original del mayor Aspillaga por la CIA. Quienes tacharon a la profesora Marifeli Pérez Stable de colaborar con la DGI castrista no se quedaron en la historia oral, sino que presentaron el <em><a href="http://www.latinamericanstudies.org/espionage/Perez-Mendez-debriefing.pdf">debriefing</a></em> del capitán de la DGI José Raúl Pérez Méndez por el FBI.</p>
<p>Sin embargo, la primera entrega levanta ya la sospecha de que Latell no incluirá tal soporte documental. Latell repica las campanas de que Castro planeó —hacía 1973— secuestrar a Fulgencio Batista al estilo del Mossad y Shin Bet israelíes con Adolf Eichmann (Operación Finale), por haberlas sonado «informadas fuentes del exilio» [¿<em>contadictio in adjecto</em>?] y «un desertor de alto rango de la DGI que ahora vive en Estados Unidos bajo una identidad falsa» [¿<em>argumento de autoridad fantasmagórica?</em>] . Hace rato anda por ahí el mismo cuento en unas cartas manuscritas atribuidas al general Patricio de la Guardia Font. Latell hubiera podido dilucidar la autenticidad con prueba caligráfica elemental.</p>
<p>Lo peor es que Latell ni siquiera es coherente. En su libro anterior: <em>After Fidel </em>(Palgrave Macmillan, 2005. 273 páginas), donde desfogó su pasión por los secretos en el «régimen de Castro y su sucesión», Latell sostuvo que «los celos de Fidel» no daba margen a ninguna competencia y por eso mandó temprano al Che Guevara en misión diplomática y lo abandonó más tarde en Bolivia. Así recicló su análisis (octubre 18, 1965) sobre la caída del Che Guevara por discrepancias de política económica y exterior con Castro. Pero su primera entrega de la serie heráldica presenta a los sicarios de Castro como instrumentos de «la planeada venganza por la muerte del Che Guevara». Para preservar su propia lógica, Latell tendría que haber soltado que los <em>hit men</em> castristas encubrieron así la causa eficiente de la muerte del Che bajo el aura del Castro Vengador.</p>
<p>La lógica matadora de Latell estriba en traer a colación a los sicarios de Castro —junto con su leyenda de pandillero asesino en la Universidad de La Habana y cosas por el estilo— con apariencia de razonamiento inductivo: si Castro mató o mandó a matar a Fulano, Mengano y Zutano, nada tiene de sorprendente que haya dejado correr a Oswald para que matara a JFK. Esta inducción no es tan débil por eslabonar casos disímiles, sino más bien por no dar siquiera la mejor explicación posible. Latell no aclara por qué Castro mandó a liquidar a unos bolivianos involucrados en la ejecución del Che y a curar de la vista al verdugo [el sargento Mario Terán] ni por qué se abstuvo de ademanes contra los cubano-americanos implicados [Félix Rodríguez, Gustavo Villoldo y Julio García].</p>
<p>La cadena inductiva de Latell jamás enredará a Castro con el asesinato de JFK, porque soslaya el tino político de aquel. Los agentes del FBI que viajaron en junio de 1988 a La Habana —para investigar los bombazos de 1997— vieron un video de vigilancia de la inteligencia castrista a Luis Posada Carriles en El Salvador y concluyeron que, antes de liquidarlo, Castro prefería filmarlo y seguir la rima de agitación y propaganda. Tras el atentado contra su vida en Tegucigalpa (febrero 28, 1990), Posada Carriles afirmaría que detrás estaba la DGI, pero la propia CIA —que hacia 1993 le avisó por telefonazo anónimo a Posada Carriles en Honduras de otra amenaza de muerte— sabe que no es así.</p>
<p>No hay cómo agradecer a los heraldos miamenses este generoso folletín promocional de <em>Castro’s Secrets</em>, que se presentará el próximo lunes en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICCAS). El justo tiempo humano no alcanza para leer todos los libros que se publican y los adelantos en la prensa periódica sirven para decidir de antemano si merece comprarse este o aquel. Ya Latell había sembrado dudas al entonar, por encima de la experiencia vital de unos 13 años de cárcel, que Rolando Cubela era doble agente a favor de Castro, como si no hubiera tenido que echarle con el rayo a la CIA —en tribunal de <em>agitpro</em> montado por Castro al compás del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes (1978)— para salir de prisión y marchar al exilio en España. La primera entrega de la serie en los <em>Heralds</em> de Miami con fragmentos del libro del Latell viene a presuadir de que no vale la pena ir más allá del título. Si Latell no acaba de comprender al Castro a la vista. ¿cómo tragarse que descifra sus secretos?</p>
<p><strong>-Foto:</strong> Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre (París, 1929) en tesitura proclive al asesinato por encargo © HC</p>
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		<title>Aquella república: abril 11, 1912</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Apr 2012 04:13:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La comisión gubernamental para estudiar la inmigración china solicita informes a la Secretaría de Hacienda y adelanta que no deben admitirse más chinos «porque pueden llegar a constituir un nuevo problema social en el futuro». ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-116101" title="ABR 11" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/04/ABR-11-211x300.jpg" alt="" width="211" height="300" />La comisión gubernamental para estudiar la inmigración china solicita informes a la Secretaría de Hacienda y adelanta que no deben admitirse más chinos «porque pueden llegar a constituir un nuevo problema social en el futuro». La cosa había empezado (junio 3, 1847) con el desembarco por Regla de unos 200 chinos de Cantón (Guangdong), engañados por traficantes españoles con promesas de trabajo como colonos que allanaron el camino hacia la servidumbre en plantaciones agrícolas. No en balde arraigó el dicho «lo engañaron como a un chino». Hasta 1873 entraron en la Isla casi 125 mil chinos. Para el advenimiento de la república poscolonial, el gobernador americano largó la Orden Militar 155 (mayo 15, 1902), que prohibió categóricamente la entrada de chinos y hasta la inmigración extranjera por contrato de trabajo. La Ley de Inmigración y Colonización (1906) dejaría fuera a los chinos para concentrarse en canarios y europeos. Sólo que, a pesar de las trabas de la comisión ad hoc, la inmigración china se colaría por la hendija que abriría el general presidente Mario García Menocal hacia 1913 con la autorización de braceros para la industria azucarera. Así, el flujo inmigratorio se configuró con poco más de la mitad España, 21%  de Haití, 16% de Jamaica y 5% de China.</p>
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		<title>Espías en el exilio: el caso Okhrana</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Apr 2012 00:20:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Pedro Pablo Romeu
Hacia 1983 el régimen zarista montó en el consulado ruso en París la oficina Zagranichnaia okhranka, que reflejaba el doble filo de la represión: tras echar fuera de Rusia a muchos disidentes —se ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-115846" title="okhrana" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/04/okhrana-215x300.jpg" alt="" width="215" height="300" />Pedro Pablo Romeu</p>
<p>Hacia 1983 el régimen zarista montó en el consulado ruso en París la oficina <em>Zagranichnaia okhranka</em>, que reflejaba el doble filo de la represión: tras echar fuera de Rusia a muchos disidentes —se estimaban unos 5 mil en Francia— había que seguir lidiando con su comunidad en el exterior para evitar el efecto <em>boomerang</em> subversivo. Luego se abrió otra oficina en Bucarest. La casa matriz (<em>Okhrana) </em>se había formado (1881) —tras <a href="http://eichikawa.com/2011/03/marzo-13-1881-terrorismo-por-voluntad-del-pueblo.html">el asesinato del zar Alejandro II</a>— como servicio protección a la familia real, pero no pudo menos que engolfarse en labores de inteligencia y contra-inteligencia. Al parecer lo hizo bien, porque el general KGBoso Oleg Kalugin asevera en sus memorias a dos voces con el periodista Fen Montaigne que los manuales de <em>Okhrana</em> se usaron en la URSS hasta la década de 1980 (<em>The First Directorate</em>, Nueva York: St. Martin&#8217;s Press, 1994, página 17).</p>
<p><em>Okhranka</em> trabó estrecha relación con la <em>Sûreté Generale</em> para vigilar mejor a los exiliados rusos en Francia.<em> </em>Se tornó más segurosa hacia 1913, al ocultarse tras la fachada de la agencia de detectives privados <em>Bint et Sambain</em>. Así mismo perfeccionó sus métodos: de contratar al bulto policías franceses y revisar los expedientes de la <em>Sûreté </em>pasó a la «vigilancia interna», que incluyó penetrar los grupos de exiliados beligerantes y hasta usar agentes provocadores. Entre estos últimos descolló Arkadiy Harting (alias Abraham Gekel&#8217;man o Landezen), quien hacia 1890 organizó en París un piquete de tira-bombas para denunciarlos enseguida a la policía. Así propició que la opinión pública percibiera a los exiliados rusos como muy peligrosos y el gobierno francés entrara en alianza (1891) con Moscú.</p>
<p>Nada relacionado con los grupos opositores dentro y fuera de Rusia permanecería en secreto para el gobierno zarista, tal y como afirma el rusólogo Dominic Lieven (Escuela de Economía y Ciencias Políticas &#8211; Londres) en su contribución a <em>Civil Rights in Imperial Russia</em> (Oxford: Clarendon Press, 1989, página 247). La <em>Okhrana</em> zarista dio pie forzado a la <em>Cheka</em> soviética en concebir las operaciones en el exterior —sobre todo contra exiliados— como prolongación de la seguridad interna y aun personal de la elite gobernante. Los registros de población y vivienda vienen de <em>Okhrana</em>, no de la <em>Cheka, </em>así como el fichaje sistemático de informantes entre la gente común. Solo que desde el asesinato de Alejandro II hasta mediados de 1890 se registraron en Rusia 44 ejecuciones por delitos políticos, esto es: conspiraciones o atentados contra la cúpula zarista. Nada más que Lenin decretó el terror rojo (septiembre 2, 1918), la <em>Cheka</em> ejecutó a 500 pesonas. Lo que siguió no tendría nombre, o sí: NKVD, GPU, OGPU, NKVD otra vez, GUGB, NKBG, MGB, MVD, KGB.</p>
<p><em>Okhrana</em> no acertó a prevenir que un gruspúsulo radical tomara en poder en 1917. El doctor Jacob Zhitomirsky era confidente de Lenin y este se negó a considerarlo doble agente hasta que el periodista Vladimir Burtsev —dizque el Sherlock Holmes de la revolución de 1905— logró convencerlo. Lenin ordenó entonces a su lugarteniente Roman Malinovsky que procediera a investigarlo, sin saber que Malinovsky era el agente zarista <em>Portnoi</em> [El sastre]. Semejante experiencia parece haber sido seminal para la manía soviética de ver enemigos dondequiera.</p>
<p>Los bolcheviques tomaron nota de la facilidad con que <em>Okhrana</em> plantaba agentes entre ellos. La penetración era tal que los archivos de <em>Okhrana</em> en Moscú han sido valorados como la mejor fuente para la historia prerrevolucionaria del partido bolchevique. (George Leggett: <em>The Cheka</em>, Nueva York: Oxford University Press, 1981, página xxiv). Sin embargo, <em>Okhrana</em> abusó tanto de la táctica «divide y vencerás» que dio pie a un coyuntura histórica contraproducente: la oposición bolchevique nunca pudo emerger como partido de masas, pero un gruspúsculo de revolucionarios profesionales, encabezados por Lenin el Sigiloso, pudo dar el <em>coup d´etat</em>. Pyotr Rachkovsky, el compañero que atendía por <em>Okhrana </em>al agente provocador Arkadiy Harting, proveyó otra clave de arraigo entre los segurosos soviéticos: retorcer el antisemitismo con fines políticos y cazar a judíos como chivos expiatorios. También proviene de <em>Okhrana </em>—desde la alianza franco-rusa (1891)— meter las narices de la inteligencia en los canales diplomáticos. Así como Stalin encargó a su jefe de espionaje, Vladimir Dekanozov, allanar el camino para pactar con Hitler, Jruschov se valdría del KGBoso Alexander Alexeyev para tomar el pulso a Castro y convencerlo de emplazar misiles soviéticos en la Isla.</p>
<p>Dizque en la Primera Guerra Mundial los alemanes se comieron el millo con su agente ruso Ventsion Moiseev (Moshkov Dolin), a quien encomendaron operaciones de guerra psicológica para concitar la revuelta popular contra el zar. Al quedar Diolin —en realidad agente de <em>Okhrana— </em>por debajo de lo que se esperaba, los alemanes se volvieron hacia otro agente en nómina, que acabaría siendo mucho más exitoso: Vladimir Ilich Lenin.</p>
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		<title>Aquella república: abril 5, 1913</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2012 07:09:18 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El pastor bautista de Cienfuegos, Miguel Calejo, escribe a Manuel Sanguily, Secretario de Gobernación de la administración de Mario García Menocal, que recolectar oficialmente dinero oficial para erigir un templo habanero a la Virgen de ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-115652" title="ABR 5" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/04/ABR-5-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" />El pastor bautista de Cienfuegos, Miguel Calejo, escribe a Manuel Sanguily, Secretario de Gobernación de la administración de Mario García Menocal, que recolectar oficialmente dinero oficial para erigir un templo habanero a la Virgen de la Caridad es violación flagrante de la Constitución de la República (1901), porque «La iglesia estará separada del Estado, el cual no podrá subvencionar, en caso alguno, ningún culto» (Artículo 26). A instancia de patronato presidido por América Arias, esposa del general presidente José Miguel Gómez, el papa Pío X había resuelto que la parroquia de Guadalupe —fabricada (ca. 1813-1838) donde estaba la ermita de La Salud— se consagrara a la Virgen de la Caridad, que ya andaba por <em>La Política Cómica </em>como deidad de Liborio y por el Vaticano en trámites para ser nombrada Patrona de Cuba. Desde el advenimiento de la república poscolonial (1902), el párroco venía pasando cepillo a los fieles para arreglar el local y a tal efecto se había formado hasta una junta que tenía al Dr. Carlos J. Finlay como vicepresidente. La queja de Calejo se engavetó —la feligresía, antes que el Estado, se puso para su número— y a expensas de los jardines se erigió un pórtico con placa de hormigón en la fachada principal y se alzó un campanario hacia la esquina de Manrique y Salud. De este modo apareció la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre de La Habana, que llegó a contar hasta con un salón para católicos chinos.</p>
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		<title>Castro’s Secrets y Storietellers (V &#8211; FINAL)</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Apr 2012 03:13:25 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Arnaldo M. Fernández
La misión de hacer el —o vivir del— mejor cuento sobre la conexión de Castro en la muerte de JFK no puede cumplirse resucitando desertores de la Seguridad del Estado castrista que ahora ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-115364" title="cubela y bonsal" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/04/cubela-y-bonsal-263x300.jpg" alt="" width="263" height="300" /><strong>Arnaldo M. Fernández</strong></p>
<p>La misión de hacer el —o vivir del— mejor cuento sobre la conexión de Castro en la muerte de JFK no puede cumplirse resucitando desertores de la Seguridad del Estado castrista que ahora narran —para el libro de Brian Latell— las historias nunca contadas en momentos anteriores mucho más oportunos, como los trámites (1992-98) de la Junta de Revisión de Archivos del Asesinato (ARRB, por sus siglas en inglés). Antes que tragarse, por ejemplo, el expediente de doble agente del comandante Rolando Cubela es preferible repasar la vieja historia de George Crile III (<em>Washington Post</em>, mayo 2 de 1976) derivada del testimonio de José Braulio [Pepe Meneíto] Alemán Gutierrez, hijo de José Manuel Alemán <strong>Cash</strong>aro (1903-50).  Pepe Meneíto se educó en la Academia Worcester y la Universidad de Miami —al tiempo que su padre se adueñaba de Miami Stadium y casi todo Key Biscayne— pero tuvo la ocurrencia de meterse en Cuba a conspirar contra Batista y así trabó amistad no sólo con Cubela, sino también con Eugenio Rolando [Musculito] Martine[t]z, quien acabaría saltando a la fama hacia 1974 como empleado de plomería del presidente Nixon.</p>
<p>Cubela baleó de muerte por la espalda —en el cabaret Montmatre (octubre 28, 1956)— al jefe de la inteligencia militar batistiana, coronel Antonio Blanco Rico. Según Pepe Meneíto, Cubela narraba que antes de morir Blanco Rico lo miró a los ojos y sonrío. Cubela escapó a Miami y se alojó en una de las propiedades (Tradewinds Motel) de Alemán padre, pero no pudo escapar de aquella sonrisa de Rico y Musculito —también exiliado— tendría que fungir como confesor y psicoanalista para alejar el fantasma de Rico y propiciar que Cubela se reintegrara a la lucha antibatistiana en Cuba.</p>
<p>Tras el triunfo de Castro, Cubela empezó a pasearse por La Hababa en un almendrón nuevecito, pero con tan mala suerte que mató accidentalmente a una mujer. Rico volvió a hablarle por la noche y Cubela solía ahuyentarlo llamando por teléfono a Pepe Meneíto, quien ya se había revirado contra Castro y resolvió entonces contratar a un psiquiatra que prescribiera a Cubela matar a Castro como única manera posible de exorcizar a Rico. En eso Castro nombró a José Alberto [Pepín] Naranjo Morales como su ministro de Gobernación y viceministro a Cubela. Pepe Meneíto entró en pánico y salió quietecito al exilio.</p>
<p>Al cabo Cubela sería reclutado [AM/LASH] por la CIA y se enredó en complot para «eliminar» a Castro, luego de haberse alterado porque el compañero que lo atendía por la CIA usó «asesinar». Tal y como Luis Posada Carriles exigiría a Antonio Veciana hacia 1971 para liquidar a Castro en Ecuador, Cubela requirió a la CIA poner a su disposición un arma de largo alcance y garantizarle que vería el entierro de Castro por televisión luego de balearlo a distancia. La CIA se bajó con un bolígrafo-jeringuilla relleno de veneno para ultimar a Castro de pinchazo, pero el mismo día que entregaron el dispositivo a Cubela en París, mataron a Kennedy en Dallas. Dizque Cubela echó aquel bolígrafo al Sena, pero el director (1966-73) de la CIA Richard Helms juró por su madre al senador Chris Dodd que Cubela devolvió en el acto la jeringuilla Paper Mate al oficial Néstor Sánchez [Nicholas Sanson], quien se apresuró a llevarla de vuelta a Washington.</p>
<p>Al exponer otro director (1973-76) de la CIA, William Colby, el caso AM/LASH ante el Comité del Senado sobre Asuntos de Inteligencia, el senador Robert Morgan soltó: <em>This fellow was nothing but a double agent</em>. Colby respuso: <em>I was struck by how naive these people at the </em><em>CIA</em><em> seemed to have been</em>. Otro lado flaco de AM/LASH sería rememorado por su cómplice Manuel Artime: <em>he was always drinking and having a good time. I gave him a lot of money and he spent it like mad</em>. Justamente por ello la agente ADELA de la inteligencia castrista informó al Centro sobre la conducta sospechosa de Cubela en París. El oficial contrainteligente Israel Behar Dueñas recordaría las juergas de Cubela en La Habana y el agente infiltrado Juan Felaifel vendría a ponerle la tapa al pomo en que Castro guardaría a Cubela (1966) y del cual lo sacó (1979) a cambio de que Cubela pusiera a la CIA en la picota pública de un Tribunal antiimperialista y del Comité Selecto de la Cámara de Representantes [de EE. UU.] sobre Asesinatos (HSCA, por sus siglas en inglés).</p>
<p>Antes que leerse la novela de espionaje en que Castro, según Latell, dirige «al doble agente más importante en la historia de la inteligencia», parece más divertido entretenerse con Cubela y el fantasma de Blanco Rico.</p>
<p><strong>-Foto:</strong> El periodista Herbert Matthews trama algo con Cubela y otros —incluso el embajador americano— en el Palacio Presidencial (enero de 1959) © Cuban Heritage/UM</p>
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		<title>La llegada del circo (II-Final)</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 07:30:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Arnaldo M. Fernández
Tras suscribirse El camino del pueblo (2011) —hacia la nada, por pedirse de nuevo peras de reformas legislativas al olmo totalitario— uno de sus firmantes soltó que aquel documento tenía dos valores culturales ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-112954" title="George Bellows - Stag at Sharkeys 1909" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/03/George-Bellows-Stag-at-Sharkeys-1909-300x226.jpg" alt="" width="300" height="226" /><strong>Arnaldo M. Fernández</strong></p>
<p>Tras suscribirse <em>El camino del pueblo </em>(2011) —hacia la nada, por pedirse de nuevo peras de reformas legislativas al olmo totalitario— uno de sus firmantes soltó que aquel documento tenía dos valores culturales agregados: «la apertura a un modelo distinto de liderazgo [y] el fundamento plural de la nación». Así se empinaba aquel «acuerdo entre responsables políticos y cívicos con visibilidad pública» y se habría formado una elite opositora que vendría a desafiar a la elite gobernante, identificada certeramente por el Dr. Sergio López Rivero —en <em>El viejo traje de la revolución </em>(2007)— como grupo político de Fidel Castro.</p>
<p>Esta minoría histórica se encumbró —por derecho de conquista— en virtud de dos guerras civiles: una (1953-58) para tumbar al dictador Fulgencio Batista y otra (1960-65) para liquidar a la insurrección anticastrista. Es sabido, por lo menos desde que el general Maxwell Taylor informó a JFK (marzo 14, 1962) sobre la viabilidad de la Operación Magosta, que ningún grupo de cubanos —dentro o fuera de la Isla— puede desbancar a Castro sin la intervención militar directa de EE. UU. Así, la suerte de la oposición anticastrista queda cifrada ya sólo en la circulación de las elites: la minoría gobernante por <em>fait accompli </em>tiene que bajarse de su altura por «verdades de razón», que demuestren el contravalor de aquella y acaben dando paso a otra minoría histórica con sostén de valor.</p>
<p>El único modo de promover semejante circulación de elites son las elecciones, en las cuales la mayoría desorganizada de ciudadanos políticamente inocuos funciona como árbitro del diferendo entre las minorías (de arriba y de abajo) políticamente organizadas. La élite gobernante se abroquela siempre con que su legitimidad deriva de la voluntad de la mayoría. Esta voluntad —y cualquier otra— no entraña razón <em>per se</em>, sino fuerza de número, pero sólo a través de la competencia por ganar el voto mayoritario se decide qué personas adquieren poder para gobernar. Así aflora la contradicción de quienes se engolfan en la oposición con la estrategia de retorcer contra Castro «elementos aprovechables» de su propio orden constitucional y terminan por desaprovecharlos con ademanes condenados de antemano al fracaso, como el Proyecto Varela (2002/2004), en vez de subvertir la sagacidad institucional del voto directo y secreto bajo el castrismo con la opción electoral de expresar el disenso. El mensaje no puede ser más simple: anular la boleta, ya que votar por cualquier candidato a delegado o diputado equivale a votar por el régimen. Sólo así podría alterarse la correlación entre gobernar por coerción (<em>rulership</em>) o por autoridad (<em>leadership</em>). Lo demás —desde las acrobacias de recoger firmas para esto o aquello, pasando por los malabares de largar un documento tras otro, hasta la prestidigitación con siluetas intelectuales de barniz cultural— es pura ideología en acción, que por su ineficacia da pie a la autocomplacencia y entraña justificación del <em>status quo</em>.</p>
<p><strong>-Ilustración:</strong> George Bellows, <em>Stag at Sharkeys</em> (1909)</p>
<p><strong>-Nota:</strong> Desde que Castro mandó (1992) a que los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular dieran la cara al electorado, la contrarrevolución electoral dura (no van a votar, anulan o dejan la boleta en blanco) viene comportándose así: 1993 – 585 410 / 1998 – 530 983 / 2003 – 509 902 / 2008 – 656 219. Si se consideran contras también quienes no votan conforme a la campaña electoral del régimen (votar unido, esto es: por toda la candidatura oficial), sino por algunos candidatos («voto selectivo»), el <em>Tea Party </em>anticastrista supera el millón de electores en cada elección general.</p>
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		<title>LIBRO: Estados Unidos diseñó la transición española y cuadró hasta con los comunistas</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Mar 2012 18:24:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[DIAGONAL: ¿Qué papel real tuvo la CIA durante la Transición?
ALFREDO GRIMALDOS: Antes había presencia de la CIA, pero todo esto comienza en los años ‘70. Cuando Nixon se ve con Franco, se encuentra a una ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-112669" title="images" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/03/images3-157x250.jpg" alt="" width="157" height="250" />DIAGONAL: ¿Qué papel real tuvo la CIA durante la Transición?</p>
<p>ALFREDO GRIMALDOS: Antes había presencia de la CIA, pero todo esto comienza en los años ‘70. Cuando Nixon se ve con Franco, se encuentra a una persona muy deteriorada, que incluso se queda dormido mientras le hablan. Entonces Nixon se preocupa: “¿Qué va a pasar cuando éste muera?”, se pregunta.<img class="alignright size-full wp-image-112671" title="franco_nixon1970" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/03/franco_nixon1970.jpg" alt="" width="195" height="220" /></p>
<p>Hay que tener en cuenta que en ese momento, en medio de la Guerra Fría, España es una plaza estratégica muy importante y Franco es un aliado contra el comunismo. Por eso los americanos ven necesario tutelar el proceso. Y más aún tras la Revolución de los Claveles en Portugal&#8230; Los americanos tutelan todo el proceso. <span style="text-decoration: underline;">Toman contacto con todos los sectores: con los servicios de información, con los altos mandos del Ejército e incluso, y esto está acreditado, con Carrillo</span>. (<a href="http://www.cubadebate.cu/noticias/2012/03/10/la-cia-en-espana-la-transicion-espanola-se-diseno-en-la-sede-de-la-agencia/">ENTREVISTA completa en CUBADEBATE</a>)</p>
<p>-<a href="http://www.quedelibros.com/libro/58901/La-CIA-en-Espana.html">Para bajar el libro (PDF)</a></p>
<p>-<a href="http://eichikawa.com/2010/07/es-importante.html">Nixon-Franco-Kissinger-Carrero Blanco</a></p>
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		<title>Minerva y la política (II &#8211; Final)</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Mar 2012 07:20:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Arnaldo M. Fernández
En Minerva´s owl: the traditional of western political thought (2009), el profesor Jeffrey Abramson (Universidad de Brandeis) parece atenerse demasiado al discurso teórico: the language of political theory (…) is the ordinary language ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-112185" title="milicias01" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/03/milicias011-207x250.jpg" alt="" width="207" height="250" />Arnaldo M. Fernández</strong></p>
<p>En <em>Minerva´s owl: the traditional of western political thought </em>(2009), el profesor Jeffrey Abramson (Universidad de Brandeis) parece atenerse demasiado al discurso teórico: <em>the language of political theory (…) is the ordinary language in which real politics is conducted</em> (página 7). Las causas eficientes de la política —el interés propio y la ventaja material— nunca se alegan. Ningún candidato suelta que necesita los votos porque ganar las elecciones rendirá dividendos personales. Ni que —ya en el puesto— apoya tal o cual ley con ánimo de enriquecerse o beneficiar a sus amigos. Incluso los políticos más cínicos apelan a los juegos lingüísticos de <em>res publica</em>, <em>common good</em>, «con todos y para el bien de todos» en función de presentarse tan respetables como persuasivos.  A su vez la gente se ha vuelto tan desenfadada y desencantada que muy pocos se apegan a los antiguos como Abramson, quien dedica cuatro capítulos a <em>La República. </em>Esta obra sirve hoy en día más bien para dar barniz intelectual a propósitos mundanos. Fidel Castro, por ejemplo, deslizó en su <em>Biografía a dos voces </em>(2006): &#8220;Platón dijo, en su libro <em>La República, </em>que la edad ideal para ocupar cargos de gobierno es después de los 55 años (…) Y me imagino que 60 años en la época de Platón vienen a ser alrededor de 80 años hoy&#8221; (página 560).</p>
<p><em>La República </em>es un diálogo entre Sócrates y un grupo de jóvenes que estaban en el puerto del Pireo por algo así como una marcha de las antorchas. Se embullaron tanto con el maestro que pasaron por alto la fiesta. Ya no cabe semejante preferencia lo mismo si la marcha baja por San Lázaro que por Calle Ocho. Ni qué decir de las propuestas socráticas de censurar música y poesía, regular el sexo entre soldados y gobernantes, y otras muchas que hoy resultan disparatadas.</p>
<p>Abramson deja claro que la democracia política no puede alzarse sobre nociones preconcebidas de la vida buena (virtuosa): <em>For Socrates, that was the point. For us, I hope it is a point of resistance</em> (página 81). Su anclaje socrático busca tan sólo que el pensamiento político, además de la libertad de opción y la tolerancia, tenga la justicia en el punto de mira. Y así va el mundo: quienes apuestan por la virtud distan mucho de coincidir en qué es virtuoso y quienes abogan por tolerancia y libertad nunca se ponen de acuerdo en cómo asegurarlas. Los conservadores agitan la virtud a la antigua, pero son también defensores del libre mercado a lo moderno; los liberales acostumbran a defender derechos civiles y libertades individuales con argumentos sobre la conducción racional de la vida (buena y virtuosa). Lo que sí ya se perdió es la sinceridad con que Platón expuso su «noble mentira» como mentira al fin. Los politólogos modernos son más pícaros y dan por descontado que toda sociedad exige alguna mentira o mito para justificar desigualdades «socialmente útiles».</p>
<p>El mundo real guarda distancia insalvable con el mundo justo imaginado. Todo el pensamiento político contemporáneo alrededor de restricciones migratorias injustas, por ejemplo, no puede cerrar la grieta con el mundo real por la imposibilidad de fronteras abiertas. De este modo la justicia vuelve a replantearse en la filosofía política y jurídica como problema siempre pendiente de resolver casuísticamente, en vez de como aquel «problema cardinal de la filosofía» que Engels creyó resolver de un solo golpe dialéctico-materialista, sin darse cuenta de que un problema resuelto dejó de serlo.</p>
<p>-<a href="http://eichikawa.com/2012/03/minerva-y-la-politica-i.html">PRIMERA PARTE</a></p>
<p><strong>-Ilustración:</strong> El búho de Minerva incorporado al logotipo de las milicias universitarias José Antonio Echevarría, formadas entre octubre 27 y 30 de 1959 © Alma Mater</p>
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		<title>Motivos (vulgares) de revolución</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Mar 2012 15:46:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Dr. Sergio López Rivero
Cuando Antonio del Conde afirma que se enroló en los preparativos de la expedición del Granma para hacer por Cuba lo que no podía hacer por México, echa mano de una estrategia ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft size-medium wp-image-111796" title="Aguilera-ElCuate-Granma" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/03/Aguilera-ElCuate-Granma-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" />Dr. Sergio López Rivero</strong></p>
<p>Cuando Antonio del Conde afirma que se enroló en los preparativos de la expedición del <em>Granma</em> para hacer por Cuba lo que no podía hacer por México, echa mano de una estrategia narrativa habitual para disfrazar los motivos vulgares reducidos a costos y beneficios, que suelen conducir las acciones en el mundo revolucionario. En el caso del conocido <em>Cuate</em> mexicano, parece más nítido por tratarse de un joven violento dedicado al tráfico de armas desde los Estados Unidos, considerado según sus propias palabras la “oveja negra de la familia”.</p>
<p>Que de no conocer absolutamente nada de la isla, Antonio del Conde esté dispuesto a sacrificarse por el bienestar de sus habitantes, es cuando menos sospechoso. Igual que la utilización de palabras grandes como libertad, justicia, soberanía o independencia, en boca de alguien que recibía el 10% de las utilidades del contrabando de las armas, que negociaba a la baja con los futuros expedicionarios encabezados por Fidel Castro. Pero la duda, conduce también a la actitud de otras muchas personas que se anotaron a aquellos acontecimientos sin causa aparente y hoy se encuentran totalmente olvidados. Los españoles Gregorio Villacampa y Manuel Souza por ejemplo, que como exiliados republicanos desde hacía años se ganaban la vida como sastre y taxista en la Ciudad de México. O el cabo del ejército estadounidense en la Segunda Guerra Mundial José Holmos, a quien algunos relacionaban su pasado <em>gansteril</em> en la ciudad de Nueva York, con la muerte del percusionista cubano Chano Pozo.</p>
<p>¿Qué decir del estadounidense Herman Marks, considerado el verdugo principal de La Cabaña, con antecedentes criminales en Milwaukee, estado de Wiskonsin, que se unió al comandante argentino Ernesto Guevara en El Escambray? ¿Y del comandante del II Frente del Nacional del Escambray William Morgan, encarcelado y expulsado deshonrosamente del ejército de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial? ¿No se asegura que el veterano de la guerra de Corea Paul Hughes, que jugaba antes en la frontera de la delincuencia, recibió una casa con piscina y sala de cine en un aristocrático barrio de La Habana, por su participación en un vuelo que aterrizó el 1 de enero de 1959 en Trinidad?</p>
<p>Ya sabemos que los vencedores aplican grandes cajones semánticos a sus experiencias personales, convirtiendo escaramuzas en epopeyas, más con palabras contundentes que con frases razonadas. En el artículo “<a href="http://eichikawa.com/2009/12/la-tentacion-revolucionaria.html">La tentación revolucionaria</a>” publicado en este sitio, me refería ya a esa especie de revolución como inversión, que a pesar de las palabras seductoras dirigidas a los corazones ingenuos, se entiende en los recientes testimonios del mundo revolucionario cubano. El recordar la participación de los olvidados por la historia, sólo es un añadido que ayuda a descodificar las trampas de la memoria.</p>
<p><strong>-FOTO: </strong>El Embajador de la República de Cuba -Manuel Aguilera de la Paz- y Antonio del Conde -El Cuate: <em>lectura-escritura.blogspot</em></p>
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		<title>El partido único (IV)</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 05:44:16 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Mijaíl Cuesta
La unidad nacional —forjada en la solidaridad de prepararse para la vida dura y organizarse para resistir al imperio— condiciona el arraigo del régimen de única autoridad. Aquí radica la clave explicativa del partido ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-110499" title="PU 4" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/02/PU-41.jpg" alt="" width="285" height="385" />Mijaíl Cuesta</p>
<p>La unidad nacional —forjada en la solidaridad de prepararse para la vida dura y organizarse para resistir al imperio— condiciona el arraigo del régimen de única autoridad. Aquí radica la clave explicativa del partido único. El instinto del pueblo —interpretado por el dictador— allana el camino. Hacia 1922 Mussolini largó, en asamblea del partido, que el trinomio del fascismo no es fórmula política, sino realidad social: autoridad, orden y justicia, derivada de la marcha de la civilización industrial. El partido único ha sido el gran unificador de la vida y el alma nacionales en Cuba, como manifestación política más original y destacada del Estado totalitario, que garantiza el ejercicio más generoso del poder.</p>
<p>El partido único es orden religiosa —por su fe— y ejército —por su poder — que preservan la patria sin la hipocresía de las órdenes religiosas convencionales y el ejército de la república poscolonial. Ya no se ejerce el poder político por camarillas cundidas de patriotismo egoísta. El liberalismo legó el mito del interés general y la revolución de Fidel Castro consiguió desmitificar con el desinterés material de la elite, que actúa como garante de la adhesión de las masas. El Estado castrista ha tolerado al capitalismo —con muchos correctivos e intervenciones— en cuanto pueda servir al logro de los ideales de la nación, pero jamás permitirá que el capital se adueñe del Estado-nación ni deslumbre al partido único.</p>
<p>Sólo así puede lograrse algo más precioso y duradero que la redistribución —siempre mezquina y aparente— de la riqueza material. Los Estados nazi y fascista ensalzaban el proceso moral y orgánico de colectivización de los bienes espirituales. «La calidad de vida está en los conocimientos, en la cultura (…), aun por encima de alimento, techo y ropa», asevera Fidel Castro (<em>Biografía a dos voces, </em>ed. cit., página 362).</p>
<p>El corolario estriba en que la clase intelectual tiene que poner todas sus fuerzas creadoras a disposición de la nación sin reservarse privilegios. No se puede comprenderse la esencia del Estado ético sin su desprecio al prejuicio intelectual. El partido único —pese a contar en sus filas con intelectuales de primer orden— ha manifestado sincero desprecio hacia los intelectuales individualistas o anarquizantes, versátiles y a menudo faltos de carácter, por el contraste evidente con la militancia disciplinada, leal y dispuesta al sacrificio. Hitler había sentado ya en <em>Mein Kampf </em>(1924) que «todo Estado fundado sobre la elite intelectual será débil, porque los intelectuales son sutiles y curiosos, pero también inquietos y fluctuantes».</p>
<p>Ilustración: Poster soviético que anuncia (1920): «Créannos, celebraremos en centenario».</p>
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		<title>El partido único (III)</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 05:38:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Mijaíl Cuesta
La noción de partido político presupone al multipartidismo. Si el pluralismo da paso al monismo, el partido único se vuelve contradictorio. Mussolini señaló ya en La Dottrina del Fascismo (1935) que su partido no ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-110493" title="PU 3" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/02/PU-3.jpg" alt="" width="284" height="400" />Mijaíl Cuesta</p>
<p>La noción de partido político presupone al multipartidismo. Si el pluralismo da paso al monismo, el partido único se vuelve contradictorio. Mussolini señaló ya en <em>La Dottrina del Fascismo </em>(1935) que su partido no fue tal, sino un anti-partido y un movimiento (página 25). Igual sucedió en Cuba: el Movimiento Revolucionario 26 de Julio se desmarcó de la politiquería. Sin embargo, el lenguaje al uso terminó por imponer que «partido» se disociara de las fracciones políticas encontradas y coexistentes dentro de la nación para aplicarse al cambio de sentido sociopolítico: partido es la parte de la nación que se organizó como vanguardia para encauzarla al socialismo. Así quedó superado el multipartidismo de intereses múltiples —a menudo contradictorios— que desvirtuaban la unidad nacional.</p>
<p>La unicidad del partido expresa el ideal sociopolítico de la nación. Los fundadores del partido tienen conciencia de la unidad como clave estructural del Estado de ideales, contrapuesto al Estado democrático liberal. No en balde Mussolini había constado que «el Estado liberal no dirige el desarrollo material y espiritual de la sociedad, sino que se limita a computar sus resultados. El Estado fascista es consciente, ejerce su voluntad y por ello califica como Estado ético (<em>Ob. cit</em>., página 41). Hitler manejaba ya en <em>Mein Kampf </em>(1924) la noción refinada de <em>Weltanschauungstaat, </em>esto es: el Estado que encarna determinada concepción del mundo y lucha por ella.</p>
<p>El Estado ético implica criterios predeterminados de vida y conducta, así como valores y normas para discernir entre aliados y enemigos políticos. El Estado de ideales se alza hasta como criterio didáctico para dar al pueblo consistencia moral. Lejos del «dejar hacer» del Estado liberal, que tanta desgracia trajo a la república poscolonial, el Estado castrista es autoritario porque funde las personalidades política y moral en una sola pieza.</p>
<p>La unidad nacional gira en torno a un polo ideológico: Martí como tendel ético junto a Marx y Lenin como «brújula» sociopolítica», al decir de Fidel Castro. El Estado totalitario disciplina a la sociedad en función del objetivo común aceptado por ella. Ese Estado ha recibido del pueblo y trasmite al pueblo la orden de marchar hacia el socialismo. Y como la subsistencia colectiva es asunto estatal supremo, las libertades individuales tienen que ceder al principio de organización social, que a su vez adopta formas estrictas y severas frente a las amenazas a la integridad territorial y la independencia política y económica. Así como en el mundo físico, en el mundo político la presión exterior incrementa la cohesión exterior y el peligro del imperio enfrente viene a fortalecer la unidad nacional, que no puede concebirse sin la unidad de partido.</p>
<p>Ilustración: Poster conmemorativo del X aniversario de la revolución fascista (1922) en Italia, liderada por Benito Mussolini.</p>
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		<title>El partido único (II)</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Feb 2012 04:01:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mijaíl Cuesta
El Estado democrático —por mera representación— poscolonial en Cuba estuvo viciado de origen —por caudillismo y fraude electoral—, pero la verbena multipartidista convenía a todos los partidos políticos, igual de irresponsables que la prensa. ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-110490" title="PU 2" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/02/PU-2-201x300.jpg" alt="" width="201" height="300" /><strong>Mijaíl Cuesta</strong></p>
<p>El Estado democrático —por mera representación— poscolonial en Cuba estuvo viciado de origen —por caudillismo y fraude electoral—, pero la verbena multipartidista convenía a todos los partidos políticos, igual de irresponsables que la prensa. Los líderes eran jefes políticos oportunistas y de clientela, tan pendientes de beneficiarse en las urnas como de salvar la bolsa si fracasaban. Sus partidos esperaban el turno para gobernar, esquilmar a la nación y seguir andando en la oposición tras llegar el turno de otro. Esta liebre saltó con fuerza desde que el primer presidente de la república, Tomás Estrada Palma, se afilió al Partido Moderado (febrero 1, 1905) para buscar re-elección, armó hasta «gabinete de combate» (marzo 6, 1905) y propició así la primera guerrita civil (agosto 17 – septiembre 29 de 1906).</p>
<p>El régimen pluripartidista no solo acarreó irresponsabilidad y desorden, sino que también dividió a la nación cubana. Todo lo particular y egoísta en su seno daba pie a separar a la gente para formar partidos. Tal como resumió el militante católico Ángel del Cerro a poco de triunfar la revolución de Castro, «salvo el partido comunista, los demás han sido más bien hasta ahora núcleos transitorios de intereses asociados, sin sustancia doctrinal» («¿A la derecho o la izquierda?», <em>Bohemia</em>, mayo 1 de 1959, página 76).</p>
<p>Siempre fue vana la pretensión de que múltiples partidos formaban discursivamente la opinión pública ilustrada en Cuba. La prensa debatía cuestiones de interés público, pero derivadas del rejuego parlamentario que dejaba fuera a los intereses más generales de la nación. No en balde el régimen pluripartidista generó —mediante elecciones— gobiernos corruptos y dictaduras por golpes de Estado, que acreditaban la fragilidad del tinglado republicano poscolonial. Sus males fueron soportables hasta la crisis de identidad nacional desatada por la última dictadura (1952-58) de Batista, quien con su caída arrastró al multipartidismo irresponsable. Para llenar este vacío político nada mejor que el partido único: la única institución de la modernidad implícita en la noción misma de Estado.</p>
<p>El Estado castrista arraigó como Estado de nuevo tipo al representa el ideal sociopolítico de la nación. Ese Estado de ideales abrió un abismo insalvable con respecto al Estado democrático liberal de la república poscolonial, porque conduce a la nación hacia el logro de su identidad racional, esto es: la conciencia de los ciudadanos de vivir bajo leyes propias y en busca del objetivo acordado, con la convicción de que el Estado absorberá las inseguridades de la modernidad, donde las democracias liberales apenas pueden controlar su entorno.</p>
<p><strong>-Ilustración:</strong> Fulgencio Batista fue presidente por última vez con 1,262,587 votos (45.1%) en elecciones (noviembre 1, 1954) sin oposición, que contaron —según el propio gobierno batistiano— con la participación del 52.44% del electorado.</p>
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		<title>La matraca de Rousseau (III – Final)</title>
		<link>http://eichikawa.com/2012/02/la-matraca-de-rousseau-iii-%e2%80%93-final.html</link>
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		<pubDate>Fri, 17 Feb 2012 05:51:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Arnaldo M. Fernández
Rousseau tiene el mérito de haber vuelto reflexivo el nivel de legitimación del Estado, esto es: la índole de las razones o argumentos para reconocerlo como justo y bueno. Su idea del pacto ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-110395" title="Jean Jacques Rousseau - illustration depicting him sitting outdoors reading - Swiss / French philosopher, writer" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/02/JJR3-192x300.jpg" alt="" width="192" height="300" />Arnaldo M. Fernández</p>
<p>Rousseau tiene el mérito de haber vuelto reflexivo el nivel de legitimación del Estado, esto es: la índole de las razones o argumentos para reconocerlo como justo y bueno. Su idea del pacto social entre libres e iguales entraña que ya no resultan convincentes razones últimas o principios elaborados por sabihondos y profetas, sino que los implicados en la toma de decisiones asumen por cuenta propia la competencia interpretativa del interés común o generalizable. Lo decisivo son las premisas y el procedimiento de formación discursiva de la opinión y voluntad, para discernir entre pactos de aquella naturaleza y cualesquiera otros forzados o contingentes.</p>
<p>En las civilizaciones primitivas, las familias dominantes se justificaban con mitos. El parentesco tenía fuerza legitimante, como revela la noción de «heredero legítimo» del Derecho romano, que transplanta aquella coyuntura política al derecho civil. Y para justificarse, el faraón egipcio se presentaba, por ejemplo, como dios Horus, hijo de Osiris. Al desplegarse la civilización se precisó legitimar tanto a la persona y familia dominante como al tinglado imperial o de otro tipo concurrente en la dominación. A cumplir esta tarea de choque vino la ideología, arropada como ética de base cosmogónica, doctrina religiosa y hasta filosofía. Así salieron al ruedo legitimatorio Buda y Confucio, Sócrates y Platón, los profetas judíos y Jesucristo&#8230; Sus imágenes más o menos racionalizadas del mundo y los argumentos derivados desplazaron  —como razones últimas o de principio— a las narraciones mitológicas.</p>
<p>La polémica de Galileo frente a la Inquisición y las <em>Cartas provinciales</em> (1656) de Pascal anunciaron ya que las aguas racionales se partían en teóricas y prácticas: Las lógicas de los hechos y de las decisiones quedaron separadas en ciencia y conciencia. De este modo hasta el estatuto de razón última se tornó discutible. La razón <em>per se</em> se erigió como fuerza legitimante del Estado moderno, más acá de cosmogonías, religiones y ontologías.</p>
<p>Tanto en Rousseau como en Kant, sólo las condiciones procesales de argumentación —premisas del acuerdo entre libres e iguales— poseen aquella fuerza. Ya no se puede recurrir al saber adoctrinable, sino que los propios implicados asumen por su cuenta la competencia interpretativa del interés común o generalizable al tomar decisiones. A segundo plano pasa que tales premisas y procedimientos se interpreten de manera contractualista o transcendental, pragmática o iusnaturalista. Tampoco resulta determinante a priori qué instituciones se prefieren para el tipo procedimental de legitimación.</p>
<p>En las teorías contractualistas —desde Hobbes y Locke hasta John Rawls— la ficción del estado natural o de la posición original especifica condiciones del consenso racional; en las teorías trascendentalistas —desde Kant hasta Kart-Otto Apel— estas condiciones aparecen como presupuestos generales e inevitables de formación racional de la opinión y la voluntad.</p>
<p>En <em>El contrato social</em> (1756), Rousseau justificó que el individuo transfiriera todos sus derechos naturales a la comunidad, porque «si todos se entregan por completo, la situación resultante es igual para todos y nadie tendrá interés en volverla incómoda para los demás». Sólo que Rousseau no se contentó con que su contrato social definiera el nivel moderno —procedimental— de legitimación del Estado, sino que se le ocurrió sentarlo también como piedra angular institucional. La voluntad general debía expresar tanto la legitimidad del orden político como indicar la sede de la soberanía popular. Y esta doble función complicó para siempre la discusión sobre la democracia.</p>
<p>La idea de que todos los implicados participen en pie de igualdad y con libertad plena en los procesos de formación discursiva de la opinión y la voluntad políticas es ya sólo regulativa, pero la clave sigue siendo la razón comunicativa, ligada sin remedio a las libertades de culto, expresión y petición, reunión y asociación. Estas libertades se ejercen en el vacío si no hay marco pluripartidista para promover opiniones y encauzarlas como único medio seguro de controlar a quienes ejercen el poder político público: el peligro de perderlo. Al confundirse el nivel de legitimación procedimental con la «democracia directa» y otras variantes organizativas —sacadas a menudo sin fundamento de las reflexiones sociopolíticas de Rousseau— se retrocede al nivel premoderno de legitimación con razones últimas o saberes dogmatizables. Aquí no se parará de dar vueltas en el redil del que ya Rousseau salió mareado: nunca hubo ni habrá democracia completa y verdadera. A lo sumo la gente puede y debe abogar porque sea soportable.</p>
<p>Ilustración: Juan Jacobo Rousseau © Chocolates Poulain</p>
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		<title>La matraca de Rousseau (II)</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 07:59:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ei</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft size-medium wp-image-110436" title="JJR2" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/02/JJR21-213x300.jpg" alt="" width="213" height="300" />Arnaldo M. Fernández</strong></p>
<p>La democracia no tiene agarre en el discurso sociopolítico de Rousseau. <em>El contrato social</em> (1756)<em> </em>puntualiza que el gobierno idóneo es la república, como Estado «guiado por la voluntad general, que es la ley». Rousseau empuña un tridente pragmático de formas de gobierno: «la democracia conviene a los Estados pequeños, la aristocracia a los medianos y la monarquía a los grandes». Y dista mucho de encomiar la democracia: «no hay orden tan susceptible a guerras civiles y agitaciones internas como el gobierno democrático y popular». Incluso discernía entre pueblo y populacho: aquel se integraba ya solo con los «ciudadanos patriotas».</p>
<p>El discurso teórico sobre la democracia —como poder del pueblo— encierra siempre tal o cual rejuego con la noción de pueblo más ajustada al interés político hervidor y variable. José Martí, por ejemplo, predicó la fórmula del amor triunfante «con todos y para el bien de todos», pero buscaba formar gobierno con «una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas». La república mambisa nunca derivó del pueblo, sino del ejército. La fórmula martiana preside el orden constitucional del castrismo, que excluye a quienes opinan que el bien de todos no está vinculado al socialismo.</p>
<p>En <em>El proyecto de constitución para Córcega </em>(1772) Rousseau aseveró que el Estado corso, por su corta data, podía habilitar al pueblo mediante nuevas leyes para ejercer la soberanía. Rousseau había dejado claro en <em>El contrato social</em>: «después que arraiguen las costumbres y los prejuicios, reformar los Estados es empresa vana y peligrosa». Nadie se llame a engaño: la democracia rousseaunina es otro avatar del <em>nomos</em> griego, esto es: la norma del gobierno de la ley. El tercero de los <em>Diálogos </em>(1776) de Rousseau recalca que «había insistido siempre en conservar las instituciones existentes». Antes (1765) escribió al noble y militar corso Mathieu Buttafouco: «Siempre seguiré como máxima inviolable guardar el respeto más profundo al gobierno [y] no involucrarme en reformarlo».</p>
<p>Rousseau no sirve para justificar ninguna revolución. En sus <em>Consideraciones sobre Polonia </em>hasta se rió de los pueblos «que se imaginan que para ser libres basta ser revoltosos». Desde luego que tampoco encaja en la democracia liberal, porque nunca reflexionó sobre la democracia en grandes Estados, que son los modernos, pero sobre todo porque amarró la voluntad popular con la voluntad general a través del gobierno de la ley. Así no pudo menos que abocarse al totalitarismo: su noción de voluntad general no es dinámica —hay que legislar lo menos posible— sino que más bien se empina sobre la infabilidad del legislador.</p>
<p>La política no tiene tanto que ver con la libertad moral e interior —de la cual habló Kant en su <em>Crítica de la razón práctica </em>(1788)— como con la libertad de hallarse libre de opresión exterior. El gato rousseaunino de la libertad —fundada en el imperio de la ley <em>quasi</em>-estática— pasa por liebre de la libertad política ya sólo si el comprador es tan hegeliano que considera al Estado —aparato coercitivo por antonomasia— como encarnación suprema de la libertad individual. De este modo el individuo se disuelve en el espíritu del pueblo y la marcha indetenible de la historia, para dar paso al pueblo en el recto sentido filosófico del romanticismo alemán. Y en nombre de esa totalidad —con todos y para el bien de todos— todos pueden ser oprimidos por turno y a discreción del legislador infalible, pregonero de la voluntad general.</p>
<p><strong>-Ilustración:</strong> Nicolas-André Monsiau (1754 – 1837), <em>Jean Jacques Rousseau recogiendo hierbas en Ermenonville </em>(1778).</p>
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		<title>La matraca de Rousseau (I)</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 14:22:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ei</dc:creator>
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«Eso lo explicó Jean Jacques Rousseau», dice Ricardo Alarcón de Quesada, para llevarse en la golilla a la democracia representativa, ya que sólo puede ser ficción donde y cuando impera la desigualdad social; ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft size-medium wp-image-110318" title="JJR1" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/02/JJR11-238x300.jpg" alt="" width="238" height="300" />Arnaldo M. Fernández</strong></p>
<p>«Eso lo explicó Jean Jacques Rousseau», dice Ricardo Alarcón de Quesada, para llevarse en la golilla a la democracia representativa, ya que sólo puede ser ficción donde y cuando impera la desigualdad social; «tal y como explicó Jean-Jacques Rousseau», refiere Roberto Álvarez Quiñones, para tachar de ilegítima la presidencia de Raúl Castro, porque no deriva de la soberanía popular. Rousseau no explica nada que pueda justificar las posiciones teóricas de Alarcón de Quesada ni de Álvarez Quiñones. Rousseau tenía prurito de nadar contracorriente. Sin embargo, su tesis seminal es tan vieja como el alegato <em>Pro Aulio </em> <em>Cluentio</em> <em>Habito </em>(66 a.n.e.) de Cicerón: ser siervos de la ley para ser libres. Jamás empalmó Rousseau esta libertad bajo la ley con la soberanía popular o la democracia, pero el uso y el desuso acabaron por convertirlo en «superante» de la democracia liberal y «resolvente» de los problemas de legitimación del Estado moderno.</p>
<p>Según Rousseau, la clave política radicaba en «cómo poner la ley por encima del individuo» (<em>Consideraciones sobre Polonia</em>, 1772) y era tan problemática «como cuadrar el círculo». En <em>El contrato social </em>(1756) había señalado que la ley era «lo más sublime» para el alma divertir en medio de las instituciones humanas. Y en sus <em>Confesiones </em>(1776-70) subrayaría el problema de qué forma de gobierno, por naturaleza propia, se apegaba más a la ley, que ya había planteado en <em>El contrato social</em>: ¿Cómo una multitud ciega —que a menudo no sabe lo que quiere— podría llevar adelante una empresa tan difícil como legislar?</p>
<p>La respuesta de Rousseau fue: legislando lo menos posible. No en balde clamaba en <em>El contrato social </em>por «un hombre extraordinario» para dar leyes a los demás. Y en la dedicatoria de su <em>Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres </em>(1754) advirtió que los atenienses habían perdido su democracia porque cada cual se apeaba con leyes a su gusto. Rousseau nunca concibió a un pueblo legislador, sino más bien garante de las leyes, que mientras menos y más antiguas, mejores.</p>
<p>Por si acaso no aparecía aquel hombre, era preciso un <em>deus ex machina </em>y Rousseau tuvo la ocurrencia de bajarse con «la voluntad general». Diderot manejaba ya esta deidad en la <em>Encyclopédie</em><em> </em>(1751-72) como «acto de puro entendimiento que razona en el silencio de las pasiones». Por aquí mismo enrumbó Rousseau, al postular en <em>El contrato social</em> que el individuo civilizado debía consultar su razón antes que prestar atención a sus inclinaciones. Sólo que enseguida tomó por el atajo trascendental.</p>
<p>Para Rousseau, la voluntad general no es ni suma de las voluntades particulares ni voluntad individual depurada por completo de particularismos. La voluntad general es algo así como el equivalente antropológico del orden o la razón natural. Semejante entelequia no sirve para nada sin conectarse con la voluntad humana. Así que en <em>El contrato social </em>Rousseau se enredó:</p>
<ul>
<li>«La voluntad general siempre tiende y está dirigida al bien público», pero…<em></em></li>
<li>Resulta de una «suma de diferencias», como consecuencia de la cancelación recíproca de voluntades particulares, aunque…<em></em></li>
<li>«A menudo hay diferencias sensibles entre la voluntad de todos y la voluntad general»<em></em></li>
</ul>
<p>Una votación pudiera revelar eventualmente la voluntad general, pero no puede garantizar que se genere racionalmente, porque su generalidad viene —<em>apud</em> Rousseau— de su origen, esencia y objeto. La voluntad general es buena <em>ab ovo</em> e «indestructible». Para conectarla con la voluntad popular se requiere el juicio ilustrado del pueblo y así todo parece depender de las condiciones de formación y expresión de la opinión y la voluntad política.</p>
<p><strong>-Ilustración:</strong> Jean-Michel Moreau «El Joven» (1741-1814), <em>Las últimas palabras de Jean-Jacques Rousseau</em> en Ermenonville (1778) [Detalle].</p>
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		<title>Noticia de febrero 13, 1984 – Sucesión de Andropov</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Feb 2012 04:16:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El octogenario Konstantín Ustínovich Chernenko (1911-85) sucede al finado septuagenario Yuri Andropov (1914-84) para dar el último paso de la gerontocracia bolchevique en el foco primario de poder soviético: la secretaría general del Partido Comunista ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-109950" title="FEB 13" src="http://eichikawa.com/wp-content/uploads/2012/02/FEB-13-300x241.jpg" alt="" width="300" height="241" />El octogenario Konstantín Ustínovich Chernenko (1911-85) sucede al finado septuagenario Yuri Andropov (1914-84) para dar el último paso de la gerontocracia bolchevique en el foco primario de poder soviético: la secretaría general del Partido Comunista (PCUS). Andropov había sucedido a Leonid Ilich Brézhnev (1907-82) con <a href="http://eichikawa.com/2010/07/problemas-de-la-gerontocracia-ii.html">jugada magistral desde la KGB</a> para desprestigiar a Brezhnev y desbancar al propio Chernenko, pero los trastornos renales de Andropov reducirían su mandato a menos de 15 meses y abrirían la puerta a Chernenko, quien a su vez —por agudo enfisema— apenas pudo despedir el duelo de Andopov y no tardó mucho (marzo 10, 1985) en correr la misma suerte.</p>
<p>Al estilo brezhnevita, Chernenko desplazó (abril 11, 1984) al camarada octogenario Vasili Kuznetsov (1901-90) de la jefatura de Estado, esto es: la presidencia del Presidum del Soviet Supremo de la URSS. A la muerte de Chernenko, Kuznetsov regresó a la presidencia, pero el PCUS atinó a conjurar la maldición gerontocrática con el cincuentañero Mijail Gorbachov y de paso sustituyó a Kuznetsov por el septuagenario Andréi Gromyko (1909-89). Entretanto otro septuagenario, Nikolái Tíjonov (1905-97), mantuvo la jefatura de gobierno (Consejo de Ministros) desde 1980 hasta 1985, cuando cedió el cargo al tecnócrata Nikolái Ryzhkov, de la misma generación de Gorbachov.</p>
<p><strong>-Foto:</strong> Brezhnev sentado y junto a él, de pie, Andropov. Chernenko a la derecha, de pie frente a la mesa © Modern History Blog</p>
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