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Sobre el uso del burka en Miami

Submitted by on September 19, 2016 – 2:11 am

niqapEmilio Ichikawa

En la tarde de este domingo 18 de septiembre (2016) caminaba por el pasillo de un mercado Publix en Miami, cuando me crucé con tres personas ataviadas distinguidamente con burkas oscuros. La situación es cada día más frecuente. Insisto en que no se trataba del chador o el hiyab, sino del burka o en un caso puede que del niqap.
En el párrafo anterior usé la palabra “persona” y no “mujeres” porque recién estaba curioseando en una edición del programa chileno “Mentiras verdaderas”, donde se entrevista a una joven que participó en las fiestas privadas de Berlusconi y los viajes de placer a Dubai, y aseguró que tras las burkas suelen encontrarse muchas sorpresas. Como ropa interior de Dolce & Gabbana.
El caso es que el tema del uso del burka ha llegado a Miami. Como en muchos otros lugares, la querella se puede estructurar desde varios frentes: los derechos individuales, la tolerancia, la identidad, las costumbres, la emigración… Hasta el posicionamiento extremo de cuestión vinculada a la Seguridad Nacional, como puede corroborarse en algunos foros cubanos.
Como la imagen de la hilera uniformada que encontré en el Publix persistía, se me ocurrió que la perspectiva del “materialismo cultural” de Marvin Harris pudiera ser de alguna utilidad para apreciar el acontecimiento.
El “materialismo cultural” de Harris fue bastante estudiado en medios universitarios habaneros de los años ’80 y ’90, porque tenía el sabor de una suerte de “revisionismo filo-marxista” con investigación concreta.
Matices, adhocismos y relativizaciones aparte, el materialismo antropológico de Harris propone que una peculiaridad cultural puede explicarse por causas racionales vinculadas a la vida práctica de la comunidad; y no por elementos supra-estructurales como pueden ser la estética (lo bello), la ley o el imperativo moral contenido en un Libro Sagrado. En todo caso, es plausible que esa peculiaridad cultural aparezca en la tabla moral del Libro Sagrado porque Dios prefiera pueblos saludables y limpios.
Un ejemplo básico para ilustrar lo anterior puede encontrarse en el libro de Marvin Harris titulado Vacas, cerdos, guerras y brujas, donde responde a por qué tanto Alá como Yahvé son “porcófobos” y desalientan el consuno de esos animales que efectivamente tienen pezuñas, pero no rumian.
La explicación “materialista” de Harris para tal dieta refiere este primer argumento: “Maimónides decía que Dios había querido prohibir la carne de cerdo como medida de salud pública.” El consumo inapropiado de carne de cerdo se ha referido entre las causas de enfermedades como la “triquinosis”.
Ahora bien, desde esa misma perspectiva del “materialismo científico”: ¿por qué se usa el burka? A veces se dice que para evitar las tentaciones. Lo que puede entrañar un elemento racional vinculado al mantenimiento del orden político patriarcal o incluso linkeado al control demográfico. También es cierto que el burka puede proteger del frío, del sol, del viento, de la arena y del ruido. Aunque la respuesta más fácil sería: Se usa el burka porque lo establece el Corán. Además de las discusiones literarias que suscita esta respuesta, igual no hace más que remitir a otra pregunta: ¿Por qué o para qué lo establece el Corán?
Pero si reducimos la cuestión a “¿por qué se usa el burka en Miami?”, pudiéramos encontrar motivaciones relativas a la tradición, la religiosidad o la estética, pero difícilmente alguna que tenga que ver con ese tipo de racionalidad que pretende el “materialismo cultural”.
Miami es una ciudad suficientemente calurosa y húmeda como para justificar esa abundancia de telas sobre la piel que supone el uso del burka. Hay mucho sol y mosquitos, es cierto, pero en general Miami no es una ciudad para caminantes, por lo que la gente se pasa la mayor parte del tiempo bajo techo. En la casa, la oficina o el auto. El aire de la ciudad no está contaminado, ni predomina el mal olor.
El uso del burka en los espacios públicos de Miami tiene pocas oportunidades de justificarse en el “sentido común”. Más bien se aprecia, se tolera o mejor aún se respeta, como una seña de identidad en un ambiente multicultural.
No obstante, como en Miami esas prendas de vestir se ostentan entre cristianos, budistas, paleros, ateos, animistas, supersticiosos, cientólogos, judíos (y algunos musulmanes)… que generalmente andan engalanados con bikinis, pantalones cortos, “bajichupas”, “topecitos” y camisetas, el uso del sobrecogedor burka resulta cuando menos excéntrico; y tiene algo de altivez, de insolencia y, a veces, hasta de provocación.
IMAGEN: En “wp”