Headline »

September 26, 2016 – 5:47 pm

Gustavo Silva
En este mismo sitio se analizó ya la llamada indecisión electoral en 2012 sobre la base del modelo de Allan Jay Lichtman, profesor de historia de la Universidad Americana en Washington, quien concluyó entonces …

Read the full story »
Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

eichikawa

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

Correo

Opiniones y cartas del lector

Home » eichikawa

Trump vs. Clinton

Submitted by on September 15, 2016 – 10:31 pm

riopedreJorge Riopedre

Un fantasma recorre Estados Unidos: es el fantasma de Donald Trump. Todas las fuerzas de la vieja América se han unido para acosar a este fantasma entrometido sin invitación a la mesa cuadrada del poder político tradicional. Áspero y grosero en su cuarto a espadas, el atrevido fantasma suscitaba el desdén de sus rivales en las primarias del Partido Republicano, un nutrido grupo de patricios, dirigentes y plebeyos inspirados en una dialéctica sin futuro. No hay que culparlos: no alcanzaba la experiencia para imaginar que una época llegaba a su fin.

Uno a uno de los candidatos fueron cayendo sin una explicación lógica porque sencillamente el proceso político había llegado a una encrucijada; se estaban rompiendo todas las reglas conocidas: ya no era suficiente ni todo el oro del mundo, ni la experiencia legislativa, ni la estatura política, ni la frescura carismática para obtener el apoyo de los votantes. Había que ser original.

La segunda señal de un probable cambio de guardia en la presidencia de Estados Unidos es la noción pública (real o imaginaria) de que la aspirante demócrata Hillary Clinton no es más que una marioneta aupada por un interés ideológico del presidente Barack Obama. Según la leyenda, en 2008, la candidatura de Hillary parecía gozar de suficiente apoyo entre la dirigencia del Partido, pero Ted Kennedy y John Kerry se desdoblaron por Obama, dejándola a ella en la estacada. Esta deuda política fue negociada, al parecer, en 2012, en la Convención Demócrata en Denver, Colorado, con la presencia de Barack y Bill en el escenario del encuentro y un discurso magistral de este último en su favor que yo presencié y me pareció una joya de persuasión política.

De ser cierto, sería la primera vez que un mandatario estadounidense crea una estructura burocrática con el fin de prolongar el continuismo político de su agenda, una suerte de gobierno paralelo que tiene precedente en su política de gobernar por decreto. En este sentido, nadie puede predecir cómo será una presidencia de Trump, pero sí cómo será un gobierno de Clinton.

La tercera señal son los imponderables: los esqueletos en el armario y la salud. Hillary Clinton no es Franklin Delano Roosevelt, cualquier comparación rebasa los límites del ridículo. Algunos analistas ya empiezan a cuestionar si podrá librar con éxito los próximos debates e incluso si podrá llegar al final de la contienda electoral. En suma, los cambios de época son necesarios pero crueles: el relevo político barre con las élites anquilosadas, corrompidas inexorablemente por la prolongada lucha que supone negociar la permanencia en el poder por tanto tiempo. Puede que el siguiente gobernante incurra en las mismas faltas que el anterior, pero los electores siempre votarán con la esperanza de que la próxima figura al frente del gobierno, hombre o mujer, lo haga con más acierto.