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September 25, 2016 – 11:24 am

Emilio Ichikawa
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Esmeralda y Esmeril: Nacimiento y decrepitud de Radio Martí

Submitted by on September 15, 2016 – 1:13 am

panelEmilio Ichikawa

Durante bastante tiempo la Cuba revolucionaria vivió con un horario español; probablemente heredado de la colonia a través de la república. Todavía en los ’80 las bodegas, carnicerías, bares y barberías cubanas cerraban a las 11:00 de la mañana para reabrir a las 3:00 de la tarde hasta el anochecer. De modo que se podía salir de la escuela a almorzar a la casa, tomar una siesta y escuchar la novela Esmeralda, que pasaba la entonces joven Radio Martí.
Por supuesto que quienes oían a Esmeralda también seguían las noticias. Recuerdo algunos nombres de aquellos primeros tiempos: Eugenio Navas, Angélica Mora, etc. Se sabía que Radio Martí no se debía escuchar. Seguro que estaba mal considerada, por cualquier razón, menos porque fuera a tumbar al gobierno. Eso a nadie le pasaba (ni le pasa) por la cabeza: sencillamente está fuera de su alcance. Por definición.
Radio Martí apareció en las orejas cubanas de modo tan natural, que más bien parecía una nueva emisora nacional. Se le sintonizaba y se le dejaba con serenidad; por ejemplo, para escuchar “La novela de las dos” de Radio Progreso. Era como desplazarse desde Radio Rebelde o desde Radio Reloj; sin usar la terminología “emisora revolucionaria” o “emisora contrarrevolucionaria”.
Entiendo que en Miami se sublimara el acto de escuchar Radio Martí como una hazaña clandestina; porque en el sur de Florida más que llenar un vacío de información su misión era llenar un vacío épico. Algunas versiones miamenses acerca de la discreción y peligro que se corría en la isla para escuchar Radio Martí, parecen plagios de pasajes del Diario de Ana Frank.
Radio Martí jamás pudo subvertir la isla porque más que una emisora cómplice era una emisora amiga. Otra voz en casa.
Un poco más entrados los ’80, con la banda sonora de la Perestroika de Gorbachov detrás, Radio Martí sí se convirtió en una estación riesgosa. Lo supe porque un día Carlos Aldana, que cubría una invitación al Anfiteatro Manuel Sanguily de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, comentó que un verdadero revolucionario no podía escuchar Radio Martí, “y que nadie me venga con el cuento de que la oye para saber lo que dice el enemigo”, dijo el ideólogo de la prisa.
De esa época, sin embargo, siempre recuerdo una broma en lugar de unos nervios: El historiador Leonardo Calvo, hoy disidente, “calumnió” a Carlota, secretaria del Decano Oscar Guzmán, atribuyéndole una cita ciertamente muy probable en ella. Según Calvo, Carlota había dicho frente a Aldana: “No importa, deje que nos pongan un tendencioso allá, que nosotros le vamos a poner a Roberto Agudo aquí. Y vamos a ver quién es más tendencioso, si el que ellos nos pusieron a nosotros o el que nosotros le pusimos a ellos”. Genial. Como de Shaw, Behemaras o Twain. Desdichadamente, toda esa frescura desapareció desde que los entonces jóvenes irreverentes se convirtieron en graves luchadores por la Patria.
Muchas cosas tuvieron que pasar en la otra acera para que Radio Martí derivara en esa institución decrépita que acaba de realizar un mastodóntico evento sobre las perspectivas del periodismo online en Cuba. Inexplicablemente a ese evento concurrieron, nada más y nada menos que para transmitir experiencias a unas dos decenas de jóvenes llegados desde Cuba para la ocasión, varios cubanos residentes en el extranjero conocidos por su desprecio al compatriota de a pie, a ese mismo pueblo cuya existencia dicen querer aliviar.
Es alarmante comprobar que se sigue promocionando a personas que ya demostraron su impericia, cuando fracasaron hace más de cinco años tratando de lograr la realización de una “primavera árabe” en Cuba. ¿Por qué se insiste en usar para los nuevos proyectos a los perdedores de proyectos anteriores? ¿Acaso para que (intencionalmente) vuelvan a fracasar una y otra vez? Por otra parte, Alan Gross fue detenido en Cuba en diciembre de 2009 y no pudo cumplir con su “misión” (la que fuera) y también estaba invitado por Radio Martí. ¿Qué les puede enseñar Gross a los jóvenes cubanos? ¿Qué les pueden enseñar esos otros viejos sin experiencia que aparecieron en los paneles del encuentro de Radio Martí? Nada.
Quienes formaron a esos adolescentes sin músculos todavía viven en Cuba; de modo que el gobierno de EEUU resuelve más invirtiendo unos centenares de dólares para que “sus hombres en La Habana” estudien un postgrado o saquen una maestría en la Facultad de Periodismo de Raúl Garcés, que dilapidando miles de dólares para traerles a la institución baldía de Malule González.
La Radio Martí de la mítica Esmeralda ha terminado rotando como un disco esmerilado que se pasa la piedra para desgastarse a sí mismo.
IMAGEN: “Miami: Panel de periodistas sobre Internet y la libertad de Cuba (Karen Caballero, Luis Felipe López, Hugo Landa, Wilfredo Cancio Isla, Ernesto Hernández Busto, Osmín Martínez y Alvaro Alba)”. En “radiomarti”