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October 1, 2016 – 10:05 am

Emilio Ichikawa
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Los jóvenes cubanos y los chicos de Bernie Sanders

Submitted by on September 13, 2016 – 11:59 pm

logo 1Emilio Ichikawa

La escuela secundaria de sur Florida abrió este curso con la propuesta a los jóvenes estudiantes de un ejercicio de comparatística cultural correspondiente a la disciplina de “Estudios sociales”; que releva (prolonga) a la “Civic” de cursos anteriores. La idea era que tiraran su experiencia personal de lo que es la cultura de EEUU, contra dos metáforas. A escoger la que en su criterio captara mejor la situación.
Dichas metáforas son las de “melting pot” y la de “salad bowl”. El contrapunteo norteamericano entre el “melting pot” y la “salad bowl” es análogo al que se ha propuesto entre el “ajiaco” y la “caldosa” como imágenes para entender la cultura cubana.
Pero no se trata solo de que los estudiantes cubanos y norteamericanos estén trabajando a nivel escolar con metáforas traducibles en las dos direcciones; es que los programas de estudio de ambos países se están modificando con los mismos objetivos: ayudar a los jóvenes a triunfar (tener “éxito”) en la sociedad global. De ahí que los dos grupos demográficos estén prácticamente destinados a encontrarse en el centro Ilustrado; como demuestra el entusiasmo revolucionario que han mostrado los chicos de Bernie Sanders; una inmensa rueda de casino en democracia.
En Miami, en el recién comenzado curso, los estudiantes han tenido que manejar como modelo antropológico la vida y la obra del rapero cubanoamericano Pitbull. Lo que no es incorrecto. Es simplemente insatisfactorio: porque a Pitbull no se le enfoca como empresario o como artista, como productor o como músico, sino como un “famoso”. Como se sabe, la fama depende más de habilidades (skills) que de los conocimientos, por lo que el enfoque subvierte el ideal del Iluminismo; que es el programa cultural que justifica la existencia de las escuelas. Digo que las “justifica” porque el post-estructuralismo ha hecho una crítica inobjetable a ese tipo de institución moderna; junto a las prisiones y las clínicas (sobre todo mentales).
Como señalaba en una occasion (VER: “Ideología y escuela”), la transmisión de valores a través de la escuela no es tan interesante cuando se produce en asignaturas donde el vector de la intención ideológica es explicito (por ejemplo en la Historia, en los Fundamentos Políticos, en la Cívica), como en aquellas otras materias donde la ideología está velada. Como en la matemática.
El enfoque de la reserva intelectual de la humanidad a través de las perspectivas micrológicas y relativistas del presente ya se extiende a las culturas antiguas, donde tradicionalmente se han fijado las constantes antropológicas y las invariantes de una eticidad neutra. Por ejemplo, los jóvenes estudiantes de Miami (también del estado y de la nación por normas de “Common core”) reciben la propuesta de encontrar en el Código de Hammurabi normas para la protección ecológica; y según se dice ahora el rey asirio Mebaragesi no conquistaba territorios sino que propiciaba la integración cultural. Es decir, trataba de recrear a Mesopotamia como “caldosa”.
Según algunos profesores de la UH, la enseñanza de la Historia como ciencia social en la Facultad de Filosofía e Historia está arrinconada por las tendencias micrológicas que siguen extemporáneamente de moda; que por demás son las que más viajes al extranjero propician y las que se pueden aprobar con el menor esfuerzo académico. Desde el nivel universitario a la enseñanza media el sistema educativo cubano está llamando “actualizar” o “modernizar” a algo que no es más que la copia (tardía y parece que inevitable) de tendencias escolares que tienen alarmada a la opinión familiar norteamericana.
Los chicos de Bernie Sanders y los jóvenes cubanos comparten muchos códigos. Incluso algunas diferencias les pueden servir para comunicarse.