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De Miami a “The Boston Globe”

Submitted by on December 28, 2015 – 11:01 pm

logo 1Emilio Ichikawa

El ejercicio de determinar si un evento (una persona también tiene dimensión eventual) perjudica, beneficia o es indiferente al sistema, presume a dicho sistema como algo dado. No es necesario entrar en particularidades. El sistema es el régimen, la red, la maquinaria a que se pertenece: Una democracia, una dictadura, una gran redacción o la Web de una Fundación.

Los estereotipos confirman que los individuos antisistema pertenecen a “el mundo de los audaces”; pero tampoco son menos atrevidos aquellos que deben tomar decisiones extremas para conservarlo. Apenas los diferencia el mimo de la opinión, distribuido a favor de los primeros, que son el “cloche” o pedal del cambio; mientras los segundos son el “freno”. ¿Cuál de estas funciones es la que ha de primar en un determinado momento o lugar?

Es precisamente lo que discuten en un alto del filme “Spotlight” (Tom McCarthy, 2015) Marty Baron (Liev Schreiber) y el Cardenal Law, Arzobispo de Boston.

Baron es un editor resuelto e íntegro que llega desde Miami a manejar “The Boston Globe”; el principal periódico de la ciudad, o del “pueblo”, como bien se aclara en la historia. Para el recién llegado Boston puede parecer una urbe inmensa; pero para el “bostonian” nativo o poderoso, que vive en el estrecho y privilegiado círculo de poder, se trata de espacio muy reducido.

En los primeros días de su toma de posesión Baron descubre que el Spotlight Team, un grupo de cuatro periodistas estelares, solo ha hecho dos artículos sobre un tema tan importante como el de los abusos sexuales cometidos por el clero vinculado a la referida arquidiócesis católica.

A Baron también le sorprende escuchar la comodidad administrativa con que trabaja el cuarteto del Spotlight: durante dos o tres meses deciden cuál es el tema importante; y luego de precisarlo se pasan el año trabajándolo.

En una escena crucial el Cardenal Law y Brandon discuten qué es lo que más le conviene a Boston: una cooperación entre las grandes instituciones de la ciudad, o el trabajo independiente de las mismas.

Puede adivinarse que el Cardenal llama “cooperación” al pedido de silencio o discreción que debiera tener la prensa sobre sucesos que pueden rebajar el prestigio de una institución tan importante a la ciudad de Boston como la Iglesia Católica; mientras el editor argumenta que lo que puede ayudar a la comunidad, especialmente a las víctimas, es que el periódico informe con independencia sobre lo que ha estado sucediendo.

“Spotlight” no es balanceado y se decide a favor de la prensa. No es una elección arbitraria, simplemente destaca un logro histórico real de “The Boston Globe”, coronado en el 2002. El filme termina convirtiéndose en una denuncia a los sacerdotes que abusaron de jóvenes creyentes; y a la alta jerarquía católica que los apañó. Desde el clero de Boston, hasta el Vaticano.

Justo antes de los créditos finales se pasa una enorme lista de lugares donde se han comunicado, con fundamento, abusos sexuales por parte de cargos de la Iglesia Católica. Entre un centenar de instituciones por países, no aparece el nombre de Cuba; lo que resulta nuevamente incómodo.

No por dudar de la altura moral de la Iglesia Católica en la isla, que de tener casos parecidos apenas compartiría un patrón general; sino precisamente por la persistente rareza con que Cuba aparece y desaparece de las rutinas mundiales. Incómodo porque ahora se debe conjugar, y aceptar, que un país que según la propaganda turística tiene los amantes más fogosos del mundo, se las arregle para dar también los curas más abstinentes.