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El próximo fin en La Habana

Submitted by on December 27, 2015 – 11:23 pm

aaaaaaaaEmilio Ichikawa

Hace unos quince años el “cómico” o “gracioso” de los cubanoamericanos, al menos de los que se tenían por escritores, no era Guillermo Álvarez Guedes sino Gustavo Pérez Firmat.

Dicho sea de paso: En los primeros años de presidencia de Barack Obama (parece que ha pasado una eternidad), se rumoraba en círculos políticos del exilio cubano en EEUU que quien empujó para que Columbia University le diera una condecoración académica a Yoani Sánchez fue precisamente Pérez Firmat; quien por entonces tenía cierta influencia en esa casa universitaria. Pero esto no viene al tema y, como dije, se trata de un rumor. Que por demás a esta altura ya tampoco importa aclarar; porque igual, comparado con lo que se ha visto después, una reconocimiento a Sánchez es mejor merecido.

El escritor camagüeyano Carlos Victoria, por ejemplo, era uno de los que más gozaba (y recomendaba) con los epigramitas de que era capaz Pérez Firmat.

Los retacitos de escritura, sin embargo, tomaban dimensión estética cuando se les sublimaba desde el púlpito docente y principalmente en el ámbito teórico del post-modernismo; específicamente como “deconstrucción” de metarrelatos de la nación. Otro metarrelato (Nación), que también ameritaba ser deconstruido por la vía de lo “cómico”. Una técnica que ya había usado Aristófanes en la antigüedad.

Se sabe que en una de sus comedias Aristófanes usó un verso de un poeta desconocido que ya aseguraba que “Patria es cualquier lugar donde se vive bien”.

En los referidos parrafitos Pérez Firmat rebajaba la estatura epistémica, y de paso moral, de creencias duras como el himno nacional (ejercicio que también hizo Nicolás Guillén: “Corred Bayameses: ¿y por qué no ‘corramos’?”), los espejos del Restaurante Versailles y aquel lema de los brindis en familias exiliadas que rezaba: “El próximo fin de año en La Habana”.

La moda postmoderna entre los intelectuales cubanoamericanos también intoxicó a Marifei Pérez Stable, que no perdía ocasión para cuestionar el fundamento martiano de la cubanidad. Emprenderla contra Martí no era ni es ningún pecado intelectual, pero sí una señal de amateurismo en todo aquel que desee hacer política práctica entre cubanos. Como es el caso de Pérez Stable, académica y sindicalista a quien puede considerarse la más “versátil” de las activistas pro-democracia a nivel de ideología.

De ese ejercicio adecentado del choteo en que se convirtió la “deconstrucción” postmoderna en manos de buenos profesores de español y literatura hispanoamericana, pero pensadores aficionados, el más inconsciente respecto al punto de llegada en que estamos en este 2016 fue la joda con “El próximo año en La Habana”.

Hay dos supuestos acerca de este dictum: Que los exiliados llamados “históricos” (los padres de la generación de personas como los citados académicos) no se creían la frase ni ellos mismos; o que sí, que la manejaban con sinceridad.

Prefiero asumir ahora la segunda posibilidad (la de la creencia honesta) porque es la que permite imaginar y objetar una “deconstrucción” con fundamento. Si optamos por la primera alternativa no tendríamos sino una joda sobre otra joda. Algo muy peligroso, porque es lo que tiene más “sabor cubano”.

“Desconstruir” mediante la comedia la expresión navideña “El próximo fin de año en La Habana” no es que esté mal, solo que debe asumirse que tiene sus consecuencias. Por ejemplo, y entre otras cosas, que se lleva conjuntamente al basurero valores referenciales asociados a la frase; como las ideas de “regreso” y “tierra prometida”.

Cualquier ser errante (cualquier judío, pongamos por caso) sabe que sin esos dos pilares la existencia exiliar se de-sublima. Lo más valioso de la invocación “El próximo año en La Habana”, su fuerza, estaba precisamente en que no se pudiera concretar de forma inmediata. Debía seguir significando aun cuando ese “regreso” se produjera real y efectivamente. Que vulgariza más que la espera.

Se brinda por llegar el fin de año a La Habana y no el fin de semana porque se trata de una promesa, de un sueño, y no de un trámite migratorio. Por eso lo primero es un aliento de Cristo; y lo segundo, un verso de Juan Formell.

IMAGEN: “Volver a empezar”. Filme de José Luis Garci, 1982. Premio Oscar a la mejor película extranjera en 1983. He leído, y le voy a creer, la crítica positiva que hizo Iroel Sánchez de la película cubana “Cuba libre”. Pero hay que tener cuidado de que el cine cubano actual se reduzca a una repetición, en escenarios caribeños, del cine de la transición española. Es jugar demasiado al seguro; y es lo que otros quieren.

El “Volver a empezar” de Garci es entrañable porque es un regreso a Gijón. Y a El Molinón, que es como El Latino de Industriales; solo que del Sporting. IMAGEN en “mundoplus”