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October 1, 2016 – 10:05 am

Emilio Ichikawa
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Bipartidismo

Submitted by on December 22, 2015 – 8:04 am

48391-caricaturas-gEmilio Ichikawa

Analistas de la política, y algunos políticos profesionales como Pablo Iglesias, han diagnosticado el fin del bipartidismo en España porque en lugar de dos, existen luego de las elecciones del pasado domingo 20 de diciembre (2015) cuatro partidos dominantes, con 40 o más asientos cada uno en el Congreso de los Diputados. Es decir, ya no una bipartidocracia sino una tetrapartidocracia.

La observación generalmente entraña un juicio de valor. O varios. Supone que mientras más partidos existan la política es más democrática. Y presupone también que, si es más democrática, es mejor.

Si el bipartidismo hubiera sido un pecado de la transición española, solo de ella y de quienes se la montaron, entonces, ¿cómo explicar los bipartidismos y bicameralismos que existen en otros regímenes políticos del mundo? En otras democracias y hasta en otras dictaduras. Porque es un hecho que también han existido dictaduras pluripartidistas. Como las de Fulgencio Batista y Gerardo Machado; este último un dictador tan peculiar (o amateur) que en lugar de anular la Constitución la estaba manipulando para prorrogarse “legalmente”.

La formación binaria de la política Occidental, que produce sucesivamente bipartidismos dentro de otros bipartidismos, no es una decisión subjetiva de los estadistas sino una manifestación natural de la lógica civilizatoria. En Occidente todo se reacomoda de a dos por la perspectiva de la hechura social.

La propia Filosofía, que nace siendo “monista” (y “pluralista”) en la antigüedad, tiende al “dualismo” por necesidad intrínseca de la lógica; no por voluntad del pensador. E igual le sucede a los “monoteísmos”, los cuales no tienen otra alternativa que funcionar vergonzantemente de hecho como “dualistas”, porque necesitan explicar el origen del Mal. El cual no puede obedecer a una entidad derivada y de menor rango que El Dios, que es el primer reflejo del teólogo, sino a un principio de la misma jerarquía que el Bien pero de signo contrario; con lo que en la base de la cosmovisión ya no tendríamos un Uno sino un Dos. Es decir, una variante del “bipartidismo”.

La lista electoral para las Elecciones Generales de 1977 en España llevaba 18 partidos principales; más otros partidos de menor relevancia. Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Tierno Galván, Jordi Pujol y muchos otros fueron cabezas de lista. De modo que a la transición española no se le puede tildar de bipartidista.

La transición española fue en sus inicios pluri o multi partidista; lo que la propia lógica de la política Occidental la “bipartidizó”. Lo mismo debe suceder también con esta “segunda transición” o “nueva España política”, como algunos han llamado a la situación creada tras los resultados de las últimas elecciones generales.

La política Occidental es esencialmente bipartidista. En EEUU se llama “tercer partido” a un comodín del bipartidismo. Por supuesto, la política a-partidista no llega a ser política (es más o menos que esto, según quien lo mire); y la “unipartidista” tampoco existe. Es decir, allí donde exista un solo partido sucede lo mismo que donde no existen partidos: no se puede hablar en rigor de política.

La página oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC) publica un documento doctrinario titulado “La idea de un solo Partido es un legado de José Martí”. Y tiene razón.

La lectura del documento “Bases del Partido Revolucionario Cubano” de José Martí no evidencia la intención de fundar un partido político moderno sino una alianza patriótica legitimada por la virtud moral de los afiliados; como el PCC. Y el repaso de los “Estatutos Secretos del Partido Revolucionario Cubano” recuerda mejor a la Liga de los Justos, la Liga de los Comunistas o el Movimiento 26 de Julio; redes de células para sobrevivir en la ilegalidad, e incluso en la clandestinidad.

Si no se acepta el llamado Partido único de Fidel Castro, ¿qué razones democráticas existen para aceptar el Partido único de Martí?

Como sea, “partido único” es un contrasentido. Como “totalidad parcial”. Esto no significa que en Cuba no exista política moderna. En la era republicana existió política, bipartidista, en la tensión Liberales-Conservadores. Y existe hoy, en ciernes, como querella “binaria” entre castrismo y anticastrismo.

Más que desaparición del bipartidismo en España, lo que existe es un reordenamiento del mismo. No más haya que votar el presupuesto, o decidir si se suben los impuestos o no, la izquierda y la derecha quedarán nuevamente alineadas.

Pero la crisis del bipartidismo español, como del norteamericano (incluso del larvario bipoliticismo cubano), es pre-electoral y se presentó primero como disolución de los perfiles ideológicos tradicionales en el eclecticismo de centro.

-IMAGEN: Por Adán Iglesias