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September 30, 2016 – 10:12 am

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ISIS: uso y abuso de la historia

Submitted by on December 20, 2015 – 8:15 pm

untitledAntonio García-Riestra

El enfoque crítico de los medios liberales ahonda en el pasado reciente para explicar el advenimiento del Estado islámico en relación de efecto-causa con la ocupación y destrucción de Irak por Estados Unidos y sus aliados, así como la reconstrucción de aquel país bajo administración sectaria chiíta. Sin embargo, ISIS se aferra a historia más larga de intervención de Occidente en el Oriente Medio para dar razón legitimante de su anacrónico califato.

Las cruzadas

ISIS capitaliza el activo tóxico de la cruzadas como definitorio del conflicto sempiterno entre cristianos y musulmanes. A la justificación de las intervenciones en Irak y Afganistán como parte de la guerra global contra el terrorismo, ISIS recicla el argumento de Al-Qaeda sobre la renovada agresión de la “alianza cruzado-sionista” contra el mundo islámico.

De ahí que no solo los yihadistas se vendan incluso como “caballeros medievales” [sin miedo y sin tacha] enfrentados a las nuevas incursiones de Occidente en el corazón del Islam, sino que Occidente compra y revende el género. El es jefe de la task force de la CIA contra Al-Qaeda, Michael Scheuer, se refería a Bin Laden como “Saladino moderno [que] conjugó magistralmente el sentido íntimo del ser mulsulmán con la historia del Islam”.

ISIS retomó esa apropiación del legado histórico de la cruzadas y en la edición de octubre del año pasado de su revista Dabiq publicó una pieza de propaganda con título “La cruzada fallida” y mensaje de “La cruzada final”. La portada mostró la bandera de ISIS ondeando en el Vaticano y textos enfilados contra los cruzados de Roma. No sorprende que entre las justificaciones del ataque a París se alegara que Francia participaba en la “cruzada contra los musulmanes” al enviar sus aviones a bombardear “el territorio del califato”.

Razón y sinrazón

Para justificarse ISIS invoca también el Acuerdo Sykes-Picot (1916) que prescribió el reparto del Medio Oriente entre Francia y el Reino Unido e incluso Rusia tras la derrota prevista del imperio otomano y las potencias centrales [los imperios alemán y astrohúngaro] en la Primera Guerra Mundial. Este acuerdo secreto contradecía las promesas públicas del alto comisionado británico en Egipto, Sir Henry McMahon, al rey Hussein de que tanto él como sus hijos tendrían sus propios dominios árabes si se alzaban contra el imperio otomano.

La rebelión árabe estalló en 1916 y el legendario Lawrence de Arabia tachó aquel acuerdo de traición y se calificó a sí mismo como “el principal estafador de nuestra pandilla”. El líder rebelde Feisal entró en Damasco el 3 de octubre de 1918, pero la promesa de McMahon se tornó inviable como consecuencia de que el acuerdo Sykes-Picot concedía Siria a Francia. Aunque Feisal y Lawrence de Arabia fueron juntos a la Conferencia de Paz de París (1919) con ánimo de anularlo, el acuerdo acabó formalizándose en la Conferencia de Paz de San Remo (1920), que fijó al libre arbitrio las fronteras de Siria e Irak.

Esta secuencia de acuerdo secreto, promesa rota y traición envenenó las relaciones de Occidente con los árabes y es otro activo tóxico que ISIS capitaliza. El año pasado puso en circulación el video The End of Sykes-Picot, que en pasaje clave muestra bulldozers aplanando la frontera entre el oriente de Siria y el norte de Irak. Así mismo ISIS lanzó por Twitter la campaña #Sykespicotover con vistas a reforzar la noción militante del acuerdo como intervención crucial de Occidente para fragmentar Dar al-Islam [la casa del Islam].

Otro video, Breaking the Borders, presenta a combatientes de ISIS empeñados en derribar las fronteras “impuestas por los opresores para impedir la libertad de movimiento de los musulmanes en sus propios territorios”, romper la unidad del califato y crear países artificiales como Siria e Irak.

No es tan así, porque hacia 1876 Siria, Bagdad, Basra, Mosul, Beirut y Jerusalén era viyalatos (provincias o gobernaturas) bien diferenciados bajo el imperio otomano. Tampoco puede sostenerse que el califato representa por sí mismo a todos los musulmanes o determinada comunidad homogénea de fieles (Ummah), ya que a la muerte de Mahoma en Medina, el 8 de junio de 632, ninguna entidad política musulmana representaba al Islam entero ni contaba con respaldo unánime como legítima heredera para asumir el manto del profeta.

Ni siquiera los cuatro primeros califatos políticamente correctos (632-61) dan pie a la utopía del y la nostalgia por el gobierno con todos y para el bien de todos los musulmanes, ya que fueron asesinados tres (Alí, Uzmán y Umar) de los cuatro califas (de Abú Bakr, el sucesor de Mahoma, unos dicen que murió de causas naturales y otros, envenenado), sin que ninguno pudiera gobernar en paz por entre revueltas y rebeliones.

Realpolitik

Las siguientes dinastías transcurrieron igualmente repletas de antagonismos que a menudo desembocaron en la violencia fraticida e incluso en alianzas con infieles para lograr o preservar el poder contra otros musulmanes, como hizo el califato Fatimí (909-1171) con los propios cruzados en contra de la dinastía selyúcida. De este modo la idea del califato unitario contradice la realidad de múltiples califatos en pugna a través de la historia del Islam, como en el período de 929 a 1031 en que por lo menos tres califatos incompatibles ejercieron la soberanía por separado en el mundo islámico: omeya en Códoba, Fatimí en El Cairo y abasí en Bagdad.

El discurso histórico de ISIS atribuye a la injerencia de Occidente la fractura de la unidad musulmana sin atenerse a la propia escisión islámica por la condición humana y centrada en la lucha por el poder. No puede negarse que Occidente ha dictado a capricho ciertas fronteras del mundo islámico, sobre todo en el período colonial, pero la explicación binaria de Occidente versus Oriente como causa de todos los males y acicate para la venganza o la justicia no deja de ser otra manipulación interesada de la verdad histórica.