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Roberto Smith: Elitismo, diletantismo y populismo; el peor momento del cine cubano

Submitted by on December 19, 2015 – 9:49 am

1Emilio Ichikawa

No pocas veces ha salido la pregunta acerca de qué motivación podía tener una persona en Cuba para estudiar disciplinas sociales.

Como bien aseguraban los expertos que redactaron el denostado “Informe para una Cuba libre”, autorizado en su contenido por las firmas de los Secretarios de Estado Colin Powell y Condoleezza Rice, las ciencias médicas, naturales y exactas tienen en la isla un nivel internacional. De modo que en una hipotética transición cubana a la democracia, en esas áreas solo hace falta recursos, dólares.

Dicho informe diagnostica, también con razón, que a diferencia de la anterior el área de las disciplinas sociales exhibe un precario nivel, y una excesiva ideologización.

Esa “ideologización” no solo se reflejaba (o refleja) en los currículos de las carreras. También en la designación de la epistemocracia. La Presidencia de la Academia de Ciencias, la Rectoría de la Universidad de La Habana y muchos decanatos se entregan a profesionales de probada lealtad ideológica al Partido Comunista.

De modo que al ser la ideología un elemento que participaba en el ascenso y descenso social, en el otorgamiento y escamoteo del prestigio, puede entenderse que las disciplinas sociales, que se presumen como capaces de juzgar el nivel ideológico de las personas, podían despertar interés en ser matriculadas.

Por eso es que, entre otros elementos, mucha gente optaba en Cuba por licenciaturas humanísticas y sociales, desdeñando carreras técnicas y científicas.

Todavía en los años ’80, antes de la Perestroika de Gorbachov, varias disciplinas que se encontraban en la frontera entre lo científico y lo sociológico argumentaban para que se les considerara como humanidades. Eran los casos, por ejemplo, de Geografía y Psicología.

Los profesionales de la Facultad de Psicología que daban consultas (terapia) eran minoría. Y entre esta, en poquísimos casos y apenas cuando trabajaban en equipo con psiquiatras de algunos hospitales aledaños a La Colina, se atrevían a medicar. Por supuesto que hubo jóvenes psicólogos inconformes con esto, y lucharon por tener consultas en los policlínicos y asegurarse un crédito científico. El estudio científico de la psiquis sigue siendo en la isla patrimonio de la Escuela de Medicina.

Producto de esta orientación libresca, la Facultad de Psicología desovó una gran legión de psicólogos “culturosos”. Muchos de ellos titulados en los llamados cursos nocturnos y emergentes, menos rigurosos porque (como en la enseñanza “dirigida”) otorgan diplomas pero no forman “hábitos académicos”. No pocos de estos graduados fueron ubicados laboralmente como asesores ideológicos o evaluadores de recursos humanos en instituciones como el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC); o en el Departamento de Extensión y Promoción Cultural de la propia UH.

Ese psicólogo con educación universitaria letrada y estetizante, una suerte de centauro que se balancea entre el arte y la ciencia, transcurrió en el ICRT y el ICAIC como un profesional acomplejado y a la vez presumido; sintiéndose menos célebre pero a la vez más culto en el mundo farandulero de actores, directores, locutores, escenógrafos, tramoyistas, guionistas, etc.

Estos psicólogos, ahora en calidad de ideólogos, tenían potestad lo mismo para hacer juicios sobre el comportamiento de los actores en un campamento agrícola; que para participar en la toma de decisión acerca de si un personaje positivo en una aventura debía hacerlo un actor negro o uno blanco.

Aunque el psicólogo culturoso de fama nacional es Manuel Calviño, ex músico del Grupo Moncada y animador de veladas de la alta burocracia docente, no puede dejar de mencionarse como bastante conocidos en círculos habaneros a Pablo “Pablito” Ramos, un teórico del cine cubano fallecido en mayo del 2013; y a Roberto Smith, el actual Director del ICAIC.

El psicólogo de inclinación “culturosa” (no científica ni académica) Roberto Smith se vinculó al ICAIC desde 1979, y en el momento en que la dirección del Partido Comunista le entregó el cargo de Presidente de dicha institución era “Vicepresidente para la Información” de ese instituto. Según la nota de Prensa Latina sobre su nombramiento, Smith se destaca por “su experiencia en la distribución y el intercambio con los medios”.

Roberto Smith asume como Director del ICAIC en agosto de 2013 y ya en octubre de 2015 Francia le estaba otorgando la distinción Caballero de las Artes y las Letras. Un aviso de todo el apoyo que iba a recibir este ambito de la cultura cubana (el cine y en particular el ICAIC) como parte del aval general con que el ordel internacional quiere apuntalar las reformas raulistas.

El Festival de Cine de La Habana, y toda esa ñoñería y sobreprotección que se percibe en torno al cine cubano actual, acabarán por sepultar la de por sí precaria crítica de arte nacional. No hay más que acercarse al cine español y al cine argentino y chileno, así como a la literatura y al tipo de periodismo que motivan, para comprobar el estado de indigencia por el que atraviesa hoy el cine cubano.

Para salir de esa crisis, paradójicamente, quizás lo mejor sea un Director como Roberto Smith en el ICAIC; porque la sumatoria de elitismo, diletantismo y populismo solo puede llevar al límite de la mediocridad venerada. Y ya eso fue “Fresa y chocolate”.

IMAGEN: Roberto Smith, Director del ICAIC: radioenciclopedia