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La responsabilidad es de Maceo (Sobre incidente con Antonio Muñoz en Hialeah)

Submitted by on December 16, 2015 – 8:58 am

Emilio Ichikawa

No sé si fue una retransmisión o un programa de renovada actualidad, pero en la tarde de ayer martes 15 de diciembre (2015) la periodista Ninoska Pérez Castellón comentó en su espacio de “Radio Mambí” (Miami 7.10 AM) sobre una trifulca en Hialeah relacionada con la visita de peloteros cubanos a esa ciudad progresista. Entre los púgiles (boxísticos e ideológicos) ella destacó, con gracioso y actuado despiste, a El Gigante de Manzanillo… sabiendo de sobra (por la giñita que tanto fija) que es “del Escambray” como se identifica a Antonio Muñoz.

Pero lo más significativo del segmento no fueron los comentarios de La Nino, sino la participación de un señor que con indisimulado placer contaba cómo había sido retado por Muñoz; empujado, manoseado y creo que hasta roto su cámara fotográfica.

Mientras le escuchaba gozar exponiendo la zurra, se me ocurrió que quizás la responsabilidad por todo ese derrotismo virtuoso la tenga en Lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales. Indirectamente.

Tanto en la escuela primaria de la era republicana como de la era revolucionaria, invariablemente, se le rinde culto a las más de dos decenas de heridas que Maceo llevaba en su cuerpo. Cuando en las aulas cubanas se dice “cuerpo de Maceo” se refiere absolutamente al pecho. Aunque no es improbable que en una carga al machete Maceo se haya parado en los estribos recibiendo un tajo en… la parte de atrás. No obstante, en la imaginación patriótica y la mitología nacional a Maceo solo le caben heridas sobre el corazón; y en último caso sobre el abdomen.

De ese canon que lleva a considerar que la herida infligida por el enemigo vale más que la medalla que otorga el partidario, pudieran venir algunos contraproducentes exhibicionismos contemporáneos. Como el tajazo de medio centímetro de Fariñas o el tabique sangrante de Rodiles… Ambos sin el rango de leyenda de lo sucedido al luchador democrático Frank Calzón.

Luego de ganar una importante batalla en Ginebra contra el infiel del Caribe, Calzón recibió de un seguroso vencido un cocotazo (durísimo, también es cierto) que le dejó un hematomita rosado en la frente; en lugar de esconderlo o, por otro lado embarajarlo aprovechando que todo el mundo lo confundía con Gorbachov (como hizo Müller cuando lo tomaron por un bloguero italiano), Frank prefería aclarar orgullosamente que él no era el célebre ruso sino un anticastrista cubano a quien “Los matones de la delegación diplomática de la dictadura cubana ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas agredieron y golpearon hasta dejarlo inconsciente”. (La Nación; abril 16 de 2004)

Y bueno, como había dicho, de este reflejo patriótico deben venir también las quejas de aquel oyente de La Nino sobre su intercambio con Antonio Muñoz. Que mediáticamente ganó pues se lleva el diploma (estímulo moral) de víctima.

En RADIO MARTI: “la herida de Fariñas es de aproximadamente medio centímetro