Headline »

September 30, 2016 – 8:10 pm

MIAMI AUDIO: eichikawa, conversando con Edmundo García en “La tarde se mueve” (Viernes 30 de septiembre, 2016)
(https://soundcloud.com/ltsm/09302016-viernes)

Read the full story »
Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

eichikawa

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

Correo

Opiniones y cartas del lector

Home » eichikawa

Fidel Castro, el referente

Submitted by on December 14, 2015 – 11:00 pm

f_915Emilio Ichikawa

Llegará el día en que por motivo muy justificado y puntual se pregunte a cada cubano, y en que cada cubano se pregunte, “¿cuál es el significado histórico de Fidel Castro?”.

No es una cuestión fácil, por lo que podría responderse con tremendistas y cheas tonteras, si el objetivo auto impuesto es epatar.

Llamo tontera a lo previsible. No tanto a lo carente de inteligencia e imaginación como de honestidad. La retórica cubana produce más textos correctos que sinceros; por eso no son escrutables. Desde la escritura disponible apenas se alcanza a tener información de la persona o la historia, porque el documento está concebido principalmente para Parecer.

Textos deshonestos sobre la significación histórica de Fidel Castro pueden ser lo mismo los elogios que los denuestos sin Verdad, despachados para satisfacer una audiencia, la línea política de un partido politico o un departamento universitario. Y es tan insincera como lo anterior, e igual de in-útil, la respuesta ecléctica que intercala mentirosamente objeciones para negociar un inmerecido halago; o halagos para negociar las críticas injustas.

Hay temas que interesan a una elite, a un grupo o una franja de la nación. Un rato, una temporada o una época. Otros, más convocantes, amalgaman a las personas como un solo tejido, funcionando como referentes nacionales. En el caso cubano es lo que ocurre con Fidel Castro.

El diferendo histórico sobre el dictador cubano es culturalmente positivo porque confecciona la nación en tiempo presente con necesarias puntadas. Facilita la comunicación a través del entendimiento o el desacuerdo. Un debate sobre Fidel Castro, honestamente polarizado, puede ser el contexto donde se precise un bipartidismo nacional; la médula izquierda-derecha que sostenga la cultura política cubana.

Entiendo que calificando Fidel Castro como socialista, o comunista, o izquierdista, una derecha cubana debe proyectarse ideológicamente como anti-castrista. Mientras las izquierdas pueden compartir su legado en diferentes grados. El movimiento puede darse también en dirección inversa: Si se es anti-castrista, el posicionamiento más consecuente debe ser a la derecha en el espectro ideológico; pero aquí las motivaciones tendrían menos elegancia; dependerían más de lo singular.

La defensiva hipótesis que postula que Fidel Castro no es un verdadero marxista, un verdadero comunista, un verdadero socialista o un verdadero izquierdista, se puede descifrar desde una Sociología del Conocimiento como una obligación histórica y moral del anticastrismo concebido por personas formadas en las propias escuelas y ambientes del socialismo castrista, pero no creo que esta argucia sea necesaria en un contexto donde las personas son libres de mostrarse en la línea ideológica que estimen conveniente.

Los apólogos del socialismo cubano se dejaron sobornar por la buena prensa que tiene la palabra “democracia”, e inventaron la treta de que la sociedad emergida de la Revolución Cubana de 1959 fue una “democracia singular”. Y Fidel Castro un “demócrata atípico”. Solo los más socarrones, ocasionalmente, postulan que en efecto Castro es un dictador porque lideró la forma cubana de “dictadura del proletariado”.

Si se despojan los términos de la contaminación moral provocada por el periodismo, no debiera existir ningún problema en asumir que Fidel Castro es un dictador; incluso mejor: un tirano. Por lo menos un gobernante autoritario. Seguido lo cual, podría justificarse añadiendo que el autoritarismo y la pretensión de unanimismo (como muestra el paradigmático proceso de formación de EEUU como nación política) son dimensiones entendibles en el caso del fundador del Estado contemporáneo cubano. Sobre todo si se monta ese autoritarismo sobre el “discurso negativo” de la cubanidad. Es decir, sobre ese conjunto de impresiones y meditaciones que conforman los reproches a la “identidad nacional”, y dan cuenta con bastante sentido común de la existencia de una “naturaleza cubana” difícil de manejar con maneras flexibles.

La convicción de que para fundar entre cubanos es necesario dictar, se la puede encontrar en abundancia en un linaje de sabedores de la nación, que abarca desde José Martí hasta Guillermo Alvares Guedes. Con mano suave entre cubanos no se logra ni forjar la Patria en la historia ni organizar un BBQ un domingo. Se me ocurre en este momento citar como testigos a los empresarios cubanos de Miami.

Fidel Castro no fue (el pasado es para lograr distancia histórica) un demócrata porque no lo podía ser. Su objetivo no era crear un régimen político sino fundar un Estado. Y lo logró.

Dentro de ese marco, el intercambio entre castristas y anticastristas (sobre todo entre los más radicales) puede ser la forma cubana de conseguir delimitaciones ideológicas que se dan en otras concreciones (países) de la dicotómica lógica de la civilización Occidental.

Lo que sí no ayuda son las poses; esos exhibicionismos de los diletantes del pro-castrismo, del anti-castrismo y del a-castrismo de centro que ocupan el espacio público con el solo fin de satisfacer las demandas de uno de los peores periodismos; que es el que se hace, por subestimación y muchas veces creo que hasta por racismo, sobre la problemática cubana.

Superar el “combate” castrismo-anticastrismo no significa reprimirlo o decretarlo como terminado. Es disolver su existencia como enemistad autobiográfica en el nivel superior de desacuerdo político; darle entonces una oportunidad como debate ideológico y posteriormente exhibirlo como querella histórica, para sembrarlo definitivamente como grácil desavenencia filosófica.

NOTA: En sentido general, podemos ver que en los primeros 10 años de República se consagran los cimientos temáticos de una discursividad cubana que ya cuenta con un estado nacional para cotejarse. Las antiguas indagaciones cubanas de la época colonial tendrán ahora un referente cultural propio, es decir, el discurso cubano de la colonia sufre una metarfosis en la República; mantiene constantes, pero ahora será de orientación centrípeta, no centrífuga. La crítica moral e institucional tendrá entonces un nuevo sabor a “autocrítica”, a veces a automutilación.

En la República siguen existiendo los discursos acerca de la cubanidad en sus dos sentidos axiológicos más definidos:

1-El positivo y elogioso.

2-El negativo, el crítico…

(De la conferencia “Cuba 1902-1959: Un viaje por la República en sus libros ‘raros’“, por Emilio Ichikawa)

IMAGEN: Vidente como solo un loco. Le preocupaba. Y lo vio endiosable. Endiosándose. Por Nuez: dedeteonline