Headline »

September 25, 2016 – 11:24 am

Emilio Ichikawa
En entrevista con Amaury Pérez Vidal, ante una pregunta obvia, Reinaldo Taladrid se auto victimiza a la ofensiva y despacha esta soberbia frase: “si quieren considerarme arrastrable, con orgullo me pongo una medallita aquí, …

Read the full story »
Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

eichikawa

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

Correo

Opiniones y cartas del lector

Home » eichikawa

Habanecer de Mattelart

Submitted by on December 12, 2015 – 11:08 pm

untitledAntonio García-Riestra

Al filo de sus 80 inviernos, el intelectual de origen belga Armand Mattelart mereció un doctorado honoris causa por la Universidad de La Habana y la lisonja seudo-apocalíptica del asesor de Estado y Gobierno Abel Prieto: “Nunca como hoy urge contar con lúcidos y honestos como [él]”. Ambas ocasiones vinieron de la mano del VIII Encuentro Internacional de Estudiosos e Investigadores de la Comunicación y la Información, pero esta semana discurre también en La Habana la edición 37 del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y Cubadebate mandó un pasante a entrevistar a Mattelart para que —a este último respecto— dijera: “Me encanta”.

Bajo el gobierno socialista de Salvador Allende, Mattelart saltó a la fama de izquierda con el chileno Ariel Dorfmann, al publicar de conjunto un “manual de descolonización” titulado Para leer al Pato Donald (Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1971). La tesis cardinal es que las historietas cómicas generadas por la corporación The Walt Disney Company, en particular aquellas del pato Scrooge McDuck en su búsqueda de tesoros por todo el mundo, no sólo reflejan la ideología de la clase dominante, sino que también sirven de vehículo para difundirla y preservarla. Las versiones para el mercado latinoamericano de dichas historietas serían entonces instrumentos de la colonización.
Esta línea de reflexión a lo Marx sobre la industria cultural arraigó mucho entre las periferias y llegaría a extremos bien conocidos en Cuba, como aquella crítica de Rolando Pérez Betancourt a un filme americano que animó a Argelio Santiesteban a parodiarla en Bohemia con una despedida de duelo que ponía al difunto como víctima del imperialismo yanqui en virtud de haberlo arrollado un Chevrolet.

Al disparar contra los patos ideológicos de Disney, Mattelart perdió la mira de que el escritor clave de las historietas, Carl Barks (1901-2000), abundaba en referencias de crítica social e incluso de corte anticapitalista. Así quedó demostrado por su biógrafo Thomas Andrae (Carl Barks and the Disney Comic Book, University Press of Mississippi, 2006), quien además probó que los caricaturistas de Disney trabajaban con casi entera independencia de la gerencia corporativa. Barks arrancó en 1936 con Disney, pero renunció en 1942 y siguió con las historietas de Donald y otros patos en Western Publishing hasta 1966.

Al parecer la percepción de Mattelart sobre los sujetos históricos continúa alterada. Luego de presentar en Madrid una compilación de conversaciones con su colega canadiense Michel Sénécal (Por una mirada-mundo, Editorial Gedisa, 2014), le preguntaron si creía “que los opositores al chavismo [estaban] orquestando un golpe de Estado” y respondió: “Creo que hay un plan del Pentágono y del Departamento de Estado de EE. UU. para derrocar y terminar con el régimen chavista, aunque la situación no sea comparable con lo que hizo Pinochet en Chile. Fuera de todo juicio subjetivo, ¿eh?”. ¡Ajá! Y eso que había aclarado de entrada su repudio a las teorías conspirativas.

Excursito teorético:

Mattelart apuntó al pato Donald para disparar contra la “ciencia burguesa” que investigaba la comunicación de masas desde perspectivas empíricas o funcionalistas. Al pasarse por alto la crítica del orden social imperante —decía y dice Mattelart— las técnicas de investigación se convierten en instrumentos de ajuste del sistema, porque suprimen o silencian los puntos de desequilibrio, en vez de ahondar en ellos para transformar aquel orden.
Animado por la pulsión marxiana de resolverlo todo con un solo golpe materialista-dialéctico, Mattelart combinaría las sociologías de la comunicación social y del conocimiento científico con intención declarada de “comprender la realidad total”. Sin embargo, su teoría crítica no arrojó consecuencias significativas sobre la praxis, ya sea política, social o meramente académica, salvo cocinar patos marxistas en su propia salsa. Así parece confirmarse que contra los marxismos siempre acaba por retorcerse aquella ironía de Marx sobre la obra especial [no estoy seguro si era Some Thoughts Concerning Education,1693] en que John Locke “había demostrado que la inteligencia burguesa es la humana normal”.

Image: Edición en inglés (International General, 1984) GoodReads