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El periodismo profesional

Submitted by on December 11, 2015 – 11:44 pm

706804Emilio Ichikawa

Cuando el futbolista madrileño Álvaro Morata regresó al Estadio Santiago Bernabéu vistiendo la camiseta del Inter de Milán, nadie esperaba que el jugador se subempleara en la competencia (de hecho Morata clavó un valioso gol ese día contra el Real Madrid); como tampoco cabía esperar que Ibrahímovich se pusiera a majasear en el Camp Nou, cuando llegó a su antigua y querida casa con los colores del París Saint Germain FC.

Lo mismo puede decirse de los refuerzos que en la continuación de la Serie Nacional de Béisbol de Cuba se desempeñarán en equipos de otras provincias, con los que enfrentarán a otros más afines pertenecientes a sus regiones. Los atletas lo entregarán todo; y algunos hasta se echarán a cuesta la suerte de las “novenas” anfitrionas.

Es esto a lo que se suele llamar “profesionalismo”: cumplir cabalmente un contrato o compromiso laboral sin dejarse sobornar por lealtades nacionales, morales, políticas y emocionales.

Esta percepción de la ética deportiva se ha extrapolado a otros campos de la actividad humana; por ejemplo, los nuevos traficantes de armas señalan que, a diferencia de los viejos, que vendían armamento solo al bando que creían “bueno” y con el que generalmente simpatizaban, ellos consideran que lo justo y ético es venderle a todas las partes implicadas, sin necesidad de hacer juicios políticos y axiológicos, involucrándose en el conflicto.

Lo que quisiera poner a disposición aquí es una simple duda, o sospecha, acerca de si esa consideración se puede aceptar ya como una norma general dentro de una ética de las profesiones. O no. Lo que me motiva a pensar sobre esto es haber notado que entre los periodistas (como entre los futbolistas, peloteros y traficantes de armas) se entiende el “profesionalismo” como la oferta de una habilidad. Y punto.

Una perspectiva que creo no aceptaría Max Weber. Al terminar la Primera Guerra Mundial Weber ofreció un ciclo de conferencias a los estudiantes de la Universidad de Berlín, donde estableció que las profesiones más que una moralidad universal tienen “microéticas” con reglas que cambian de un oficio a otro. Del político al científico, por ejemplo. O del lancero del toro de la Vega al ecologista.

Desde aquí puede inferirse que hay conductas que son válidas para el deportista… pero ya no tanto para el periodista. Aunque este llame “palo” a una primicia; que es como los peloteros designan a un buen batazo; generalmente de tubey para arriba.

En febrero de 2015 escribí un texto titulado “¿Es de interés ético que un periodista pase de un medio castrista a un medio anticastrista, o viceversa?”, en el que transcribí dos opiniones de interés para este tema.

La primera pertenece a Isabel Díaz Ayuso, quien en el programa de Intereconomía “El gato al agua” afirmó: “Yo creo que un país democrático y libre puede permitir perfectamente que un periodista incluso trabaje para un Gabinete de Comunicación de un Ministerio, independientemente de quien gobierne, para un medio o para otro, y no por eso hay que perseguirlo por su pasado”.

También en ese canal otro periodista opinó (en similar dirección) que “Bueno, yo estoy de acuerdo en que no se puede descalificar a un profesional por el medio en que haya estado porque los profesionales son eso, son profesionales, trabajan donde pueden. Bien saben los periodistas que no está fácil encontrar trabajo en estos momentos como para encima ajustarte exactamente a tus opiniones políticas”.

Hace unos meses, siendo aún Carlos García-Pérez Director de Radio Martí (y ya fundado “El Pitirre”), un joven periodista recién llegado de Cuba, quien no entendía muy bien si la emisora estaba a favor o en contra de Barack Obama, ni si estaba a favor o en contra de Raúl Castro, tomó la palabra en una reunión y exigió: “Yo soy un profesional… Pero tienen que definirme bien la política editorial porque con esta incertidumbre no puedo trabajar”.

Hasta hace unos pocos años, los periodistas de la vieja escuela cubana que llegaban o se relacionaban con Miami no es que les atormentara, pero aún tenían cierto prurito, y en alguna medida hasta decencia, de mantener ocultos o disimulados sus anteriores servicios en la prensa oficial castrista. Por eso se convertía en noticia que alguien refiriera en el entorno anticastrista los trabajos de Wilfredo Cancio para el periódico Trabajadores (Organo oficial de la oficialista y post-mujaliana Central de Trabajadores de Cuba-CTC); o las caricaturas de Alen Lauzán y Gustavo Rodríguez (Garrincha) contra “el criminal e injusto bloqueo imperialista”.

Pero como decía, esta es la vieja escuela; que por lo menos accedía a tener remordimientos como parte del proceso de “conversión”. Una metamorfosis de sobrevivencia que en el contexto de los países de matriz hispánica no es un simple ardid, sino como revelaron estudiosos como Américo Castro, Juan Goytisolo y Eduardo Subirats, constituyen instituciones culturales con permanencia en el tiempo.

Desde el punto de vista de los nuevos periodistas de la isla que llegan hoy a Miami, ni Cancio, ni Lauzán, ni Garrincha son “profesionales” porque aún están demasiado amarrados a una eticidad y una ideologización lastrante. El nuevo periodista es “el hombre disponible” o “sin atributos” o sin “cualidades” de Musil. Lo trae de Cuba, de la Facultad de Comunicación donde los teóricos aficionados como Raúl Garcés enseñan un trasnochado “postmodernismo”; persuasivo por demás, a juzgar por una afirmación de la talentosa periodista Cristina Escobar, quien en una entrevista en el Cultural del Mediodía de la TV Cubana ostentó que sus profesores le habían enseñado que “la verdad es una construcción”.

Embriaguez epistémica que permite que un combativo portal como Cubadebate, que se definía como luchador contra el terrorismo y el militarismo (norteamericano), se convierta sin trauma en una salpicona revista dedicada a las buenas relaciones entre Cuba y EEUU. Salpicona y ridícula, pues ha publicado textos que indican “Fuente: Cubadebate y Departamento de Estado”… Como si Cuba no tuviera un MINREX, y este una web.

NOTA: El problema es que desde el punto de vista de la epistemología constructivista, de la gnoseología relativista no-clásica que sostiene el nuevo periodismo “profesional”, valores “duros” como la entereza de Los Cinco Héroes, la independencia nacional y la libertad, son insostenibles.

-IMAGEN: libros-antiguos-alcana.com