Headline »

September 24, 2016 – 7:41 am

Dr. Sergio López Rivero
El 10 de mayo de 1957 el Magistrado Manuel Urrutia Lleó llamó la atención de la élite del Movimiento 26 de Julio con su Voto Particular absolutorio de los acusados en la …

Read the full story »
Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

eichikawa

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

Correo

Opiniones y cartas del lector

Home » general

El Estado y el Jardín; el kirchnerismo y la Comuna de París (Por Horacio González, Director de la Biblioteca Nacional de Argentina)

Submitted by on December 9, 2015 – 7:42 am

Horacio González

(P12)-El reproche que le dirigía Marx a la Comuna de París era que a tantas pasiones, a tanta movilización, a tanto fervor en las calles, no se le ocurriera siquiera tocar los más mínimos intereses de la Banca Rothschild, que siguió funcionando normalmente. Tanta barricada y ningún acto expropiador. ¿Entonces, qué había que retener, obstruir, embargar? No, no era simplemente un banco, sino lo que podríamos llamar el secreto de una época. Es el dilema de todos los movimientos populares, a los que a la hora de calificar su producción suele acudirse a la palabra o la admonición de “vacilantes”. A la Comuna de París, con su estridente nombre, no se la podría nombrar como populista. Se componía de proudhonianos o de jacobinos: los primeros, hijos de la utopía de la organización federativa de la producción fabril; los segundos, del Estado activista haciendo de Damocles, el arte de la convivencia de una épica social con el peligro permanente de ser decapitado. El kirchnerismo fue muy lejos y también se quedaba muy cerca. Constriñó, amonestó, pero fue menos amenazador que amenazado. Fuerte en simbologías y punzante en el filo de su lengua, no podía pasar los umbrales de la “Banca Rothschild”.

Se había declarado dentro de los márgenes del capitalismo pero extraía de su vocabulario principal acepciones antimonopolistas, anticorporativas y, por lo tanto, democrático republicanas. Hijo sesgado del peronismo, sabía desplegar cánticos promesantes y utópicos, y mantener la prudencia que requiere toda época (que es una madeja de poderes que, no por invisibles, son renuentes a la comprensión crítica). Todo aquel que dijo una y mil veces “combatiendo al capital” sabe bien de qué se trata ese descompás entre el cántico y la realidad, que quizá sea el arte y el oficio mismo de la política. Esa forma casi inevitable pero también imperceptible en que se expresa un deseo (una “simbolización”) y el refinado acto de conocer los límites y poderes que le opone el momento histórico por el cual atraviesa. (En PAGINA 12)