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Sinsentido del castrismo dinástico

Submitted by on December 6, 2015 – 11:02 pm

untitledAntonio García-Riestra

Ante el ascenso de Miguel Díaz-Canel a primer vicepresidente del Consejo de Estado, Rafael Rojas manifestó su desconcierto en la pieza “¿Reforma política en Cuba” (El País, 28 de febrero de 2013). Para Rojas, la autoridad del nuevo subjefe de Estado y Gobierno sería “meritocrática, no histórica ni dinástica” y con su elección se abría “una línea de sucesión institucional”.

Sin embargo, Díaz-Canel advino por la misma vía institucional que antes recorrió otro sin apellido Castro, Machado Ventura, aunque tan viejo como Fidel y Raúl. Nada esencial cambia porque Díaz-Canel sea más joven.

La insensatez de Rojas podría justificarse con que escribía para un periódico, pero resulta que aflora también en su blog Libros del Crepúsculo con la reflexión íntima “¿Es el comunismo cubano un régimen dinástico?”.

Innovación y racionalización

Aquí Rojas se atreve a afirmar que “la noción ‘dictadura de los Castro” [es] una expresión reciente, posterior a la convalecencia de Fidel Castro en 2006”. Y para sostener esta innovación historiográfica asevera que “la transferencia de la expresión ‘dictadura de los Castro’ al periodo de construcción del régimen comunista cubano, entre los años 60 y 70, es la típica operación teleológica por la cual la narrativa del pasado se pone en función del partidismo político en el presente”.

Pobre Rojas. Tiene que ignorar el pasado e inventar otro para racionalizar la tesis que pretende colgarle al presente. Antes de ser fusilado el 12 de octubre de 1960, el alzado Porfirio “El Negro” Ramírez expresó ya por carta su fe en que “los hombres que hicieron una revolución por amor a Cuba (…) no se someterán jamás a la dictadura comunista de los Castros” (Cf.: Ruiz, Leovigildo, Diario de una traición: 1960, Miami: Indian Printing, p. 308).

Pueden darse muchos más ejemplos de que antes de la crisis intestinal de Fidel Castro el anticastrismo manejaba ya expresiones como “tiranía comunista de los hermanos Castro”, al decir de Salvador Romaní a la muerte de Jorge Más Canosa (El Nuevo Herald, 24 de noviembre de 1997), pero Rojas ni siquiera buscó en Google porque su finalidad consiste en presentar la noción como nueva en función de “sucedáneo crítico del término ‘raulismo’ [para] enfatizar más las continuidades que las rupturas”.

Así como los bandos encontrados del problema cubano hacen política con la reiteración, los cubanólogos hacen cubanología con el reciclaje. Tras inventar el raulismo, como si la esencia del castrismo cambiara por cambio de la persona al mando, los cubanólogos tienen que seguir inventando para justificar el invento precedente. De ahí que Rojas se invente hasta “un nuevo bloque hegemónico dentro de la clase política cubana” hacia 2008, formado por “leales a Raúl Castro”.

Así apuntala la división —inventada de antes— entre raulistas y fidelistas.

Historia mínima de Raúl Castro

Rojas llega a inventar que Raúl desempeñaba un rol “subalterno y acotado”, mientras que “Carlos Aldana, Carlos Lage, Roberto Robaina o Felipe Pérez Roque [cumplían] funciones decisivas en tres áreas claves: la política económica, la ideología oficial o las relaciones internacionales”. Empinar a estos monigotes por encima de Raúl tergiversa la historia.

Para confirmar la insensatez escrita en El País, Rojas puntualiza en su blog que la dimensión dinástica del castrismo “se manifestó en la línea de sucesión a favor de Raúl Castro, planteada primero de manera informal en los 60, y, luego, a partir de 1975, con su designación como Segundo Secretario del Partido”.

Sin embargo, no ya la historia, sino la mera cronología acreditan que desde los 60 se plantearon de manera formal —institucional— la sucesión en la jefatura de gobierno a favor de Raúl Castro y su designación como segundo secretario del único partido, luego de que el 21 de enero de 1959 Fidel Castro aprovechara la concentración popular de la Operación Verdad —desmentido de la cobertura periodística negativa de los fusilamientos de batistianos— para “proponer a la Dirección del Movimiento 26 de Julio, que designe al compañero Raúl Castro, Segundo Jefe”.

• 2 de febrero de 1959. El presidente formal Manuel Urrutia designa formalmente por su Decreto 377 a Raúl Castro “Segundo Jefe de las Fuerzas de Aire, Mar y Tierra”
• 22 de marzo de 1962. Al constituirse formalmente el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURS), su Dirección Nacional tomó el acuerdo formal de nombrar primer secretario a Fidel y segundo secretario a Raúl
• 24 de marzo de 1962. El Gobierno Revolucionario crea formalmente el cargo de Viceprimer Ministro, que Raúl Castro ocupa sin dejar su cartera del MINFAR
• 2-3 de octubre de 1965. La última edición del periódico Revolución y la primera edición del Granma publican los nombres de los miembros del Comité Central, Secretariado y Buró Político. Formalmente Fidel es primer secretario y Raúl, segundo.

Daño colateral

Rojas menoscaba también la verdad histórica al señalar que el gobierno de Fidel Castro tuvo “su tramo más propiamente autocrático” en los últimos veinte años de su jefatura con “la rectificación [de errores] y la batalla de ideas”. Otra brevísima cronología indica un tramo mucho más ejemplar.

• 23 de febrero de 1959. El Che Guevara y otros se encuevan por orden de Fidel Castro en Cojímar y en Tarará para elaborar, al margen del gobierno, la Ley de Reforma Agraria. El encuevado Alfredo Guevara contó a Tad Szulc que Fidel se daba el lujo de dejarlos trabajar unas cuantas horas y después regresaba a cambiarlo todo.
• 19 de mayo de 1959. El propio Castro confesó a Ignacio Ramonet que este día, al volar a la Sierra Maestra para promulgar simbólicamente la Ley de Reforma Agraria, se le ocurrió “la idea de las cooperativas y puse esa idea en la ley”.

Rojas ni siquiera advierte que el período anterior al orden constitucional de 1976 propició mucho más el espíritu autocrático como consecuencia de la euforia del triunfo y la siguiente guerra civil.

El rinconcito dinástico

Rojas asegura que “siempre que haya un Castro en algún rincón de la clase política cubana, habrá pretexto para articular el argumento dinástico”. Lo que no dice es que siempre habrá también academia y prensa de filiación anticastrista encargadas de esgrimir semejante pretexto. Ahora mismo se maneja que el sucesor de Raúl es su hijo coronel, a pesar de que a principios de este año Alejandro Castro declaró tajantemente a Mega TV (no de Hialeah Gardens, sino de Grecia): “Es el pensamiento más infundado (…); eso no va a suceder”.

Hay que esperar a las próximas elecciones para ver si Alejandro Castro enrumba hacia la sucesión, porque el primer paso sería aparecer en la lista de candidatos a diputado de la Asamblea Nacional, pero no hay que esperar tanto para darse cuenta de que la insensatez de los Rafaeles Rojas, Pedros Roigs y demás historiógrafos despistados del castrismo radica en perder la guía sistémico-estructural del Estado totalitario.

La transferencia gradual del poder a las nuevas generaciones no sólo está cantada como consecuencia del envejecimiento y deceso inevitable de Fidel y todos los que lucharon con él, sino que está planificada institucionalmente como acuerdo que dicta el Buró Político, convalida el Comité Central y sella la Asamblea Nacional con la elección del Consejo de Estado.

La familia Castro no es la esencia del castrismo. Ya el 21 de enero de 1959, Fidel Castro planteó así de facilito el problema sucesorio: “Si agredieran también a Raúl, ¡detrás de él vendrá otro, y detrás otro, y detrás otro y detrás otro!”. Ambos Castro han tenido más de medio siglo para preparar esa continuidad del castrismo por otros cuadros.

Imagen: Castro se da un chapuzón de pueblo el 13 de marzo de 1959 al ir en transporte público a la conmemoración del asalto al Palacio Presidencial: ebay