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Libertad, vigilancia y FBI

Submitted by on December 5, 2015 – 11:02 pm

untitledEmilio Ichikawa

En una de las presentaciones de su libro La experiencia totalitaria (Galaxia Gutenberg, 2010), el teórico Tzvetan Todorov dijo que, obviamente, sabía que los años vividos bajo el comunismo búlgaro podían contribuir a la comprensión general del modelo totalitario; así como aportar algunas claves útiles para aquellos países que seguían bajo regímenes análogos.

Pero que lo que sí le tomó por sorpresa, y le motivó a escribir el citado documento, fue comprobar que el Occidente más avanzado estaba incurriendo en prácticas antidemocráticas muy semejantes a lo que se tenía por patrimonio exclusivo del bolchevismo, por lo que de pronto re-cobraba actualidad lo que había sido “la experiencia totalitaria” en Europa del Este. Especialmente en Bulgaria. Y deseaba contarla.

Tiene razón el distinguido pensador: Por reflejo de sobrevivencia, y un poco por complejo, la criatura educada en el contexto de las instituciones totalitarias se torna hipersensible ante el tema de la libertad; y ese nerviosismo político es a veces un sensor necesario.

Igual que los búlgaros rojos, los cubanos que recién salen de la isla (como los que ahora mismo están varados en Centroamérica tratando de llegar a EEUU) van más allá de los límites de la democracia. En nombre de la libertad no solo reclaman derechos que nunca consideraron en Cuba, sino que consideran de la misma forma, como “derechos”, a la inobservancia de reglas que cualquier individuo formado en un contexto democrático aceptaría; como es que para pasar una frontera debe tenerse algún tipo de permiso de los países que concurren en el límite.

A los cubanos formados en las escuelas del socialismo y que llevan años de residencia y ciudadanía en EEUU, les continúan resultando sospechosas algunas tareas que al “volunteer” norteamericano e incluso cubanoamericano les parecen normales; como es la recolección (gratuita) de materia prima, la limpieza (gratuita) de las cunetas del expressway o de los canales del Florida Everglades.

Pero como dijimos retomando a Todorov, esta paranoia política tiene su lado positivo; pues funciona como una alerta anti-totalitaria que personas más confiadas podrían tener averiada.

Ayer viernes 4 de diciembre (2015) la Fiscal General de EEUU Loreta Lynch y el Director del FBI James B. Comey, explicaron las razones que tenían las autoridades competentes para considerar como “terrorismo” los hechos violentos ocurridos en San Bernardino.

Mrs. Lynch y Mr. Comey pronunciaron discursos concisos y esclarecedores; pero en el caso de lo dicho por el Director del FBI hubo un grupo de expresiones que me resultaron preocupantes. Creo que esto se debe a lo que decía anteriormente: a que las personas formadas en las instituciones del comunismo, ya sea del búlgaro o del cubano, arrastramos una hipersensibilidad o complejo libertario que nos lleva a ver amenazas a la individualidad por una y otra parte.

Del texto de Mr. Comey, que puede leerse en el sitio del FBI, he entresacado algunas frases que pudieran repensarse. Las reúno en un solo bloque referencial: “if you see something that doesn’t make sense, you say something to somebody”… “in almost every case, we find that somebody saw something, whether it was a family member or friend or a coworker, and didn’t say something”… “if you tell a police officer or deputy sheriff or call the FBI and say, you know, I saw something next door that seems off or I saw something online that seems off, it will get to the right people”… “We investigate in secret so that we don’t smear innocent people. We don’t run over and bang on your neighbor’s door. If you say something, we investigate”… “So we would ask you, please channel that sense of fear into something healthy. Just an awareness of your surroundings and let us do the work that you pay us to do”.

Dice el Director del FBI que el estudio de los casos de terrorismo por más de una década ha demostrado que, invariablemente, siempre alguien vio algo; un algo que de haber sido comunicado pudo ayudar a detener la agresión. El problema es que ese “algo” no se ha podido definir de forma genérica, de modo que sirva como patrón del hecho a denunciar. Quizás por esto Mr. Comey se conforma con que sea algo “que no se entienda”; es decir, raro, lo que abre demasiado los límites donde una denuncia es legítima.

En dirección contraria, así como los límites de lo denunciable se ensanchan, las categorías de aquellas personas que merecerían estar bajo escrutinio se estrechan hasta alcanzar el círculo de amigos y familiares.

La lectura detenida del discurso de Mr. Comey, igual que cierta confianza en que las autoridades están conscientes del problema, deja la preocupación de que el tipo de solución que maneja descansa en un proceso “vigilatorio” que no puede sino implicar un encogimiento del ciclo de libertades individuales. Una contraproducente lesión a los fundamentos de la democracia, propia del bando contrario.

IMAGEN: FBI Director James Comey: washingtontimes