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La Mesa Redonda de la TV Cubana les identifica como “Emisarios Latinoamericanos”. Se trata de los ciudadanos panameños Marcos Obando, Ricardo Ceballos y Paul Alba Caballero.
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CRI-FIU: invención de problemas

Submitted by on December 1, 2015 – 11:00 pm

11111Antonio García-Riestra

Para ocultar que jamás ha contribuido a resolver ningún problema, el Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI) en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) acaba de inventar uno que El Nuevo Herald plantea así:

“Las reclamaciones por las propiedades confiscadas por el gobierno revolucionario de Cuba continúan como un asunto crítico pendiente de resolución, casi un año después del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos (…) De no resolverse, las reclamaciones afectarán la credibilidad del gobierno de la isla para futuros inversionistas”.

Al efecto de semejante invención se gastaron un evento con abogados de la Asociación de Dueños de Reclamaciones Cubanas (CCOA), así como con otros juristas que, como Matías Travieso Díaz, vienen dándole vueltas a este monigote sin atenerse a la realidad: el gobierno de Cuba dejó ya bien claro el asunto con las reclamaciones certificadas de ciudadanos americanos y hace rato quedaron fuera de juego quienes eran tan sólo ciudadanos cubanos al ser expropiados.

La solución de Castro

Al plantear la administración Carter, el 8 de agosto de 1978, el problema de las reclamaciones certificadas en la reunión secreta de Atlanta con funcionarios de la administración Castro, estos últimos aclararon que las empresas y ciudadanos estadounidenses expropiados por el Gobierno Revolucionario serían compensados siempre que Estados Unidos compensara los daños del bloqueo o embargo y demás agresiones contra Cuba. Esta factura tomó fuerza en sendas sentencias dictadas por tribunales cubanos el 2 de noviembre de 1999 y el 5 de mayo de 2000, que respectivamente condenaron a Estados Unidos a pagar $181.1 mil millones por daños humanos y $121 mil millones por los daños económicos.

Eso sin contar que el gobierno de Cuba viene actualizando, con rigor contable que envidian todos los sistemas empresariales de la Isla, los susodichos daños económicos, que hacia marzo de 2014 andaban ya por el millón de millones. Las reclamaciones certificadas por la Comisión de Estados Unidos para la Solución de Reclamaciones al Extranjero (FCSC) no llegan ni a $30 mil millones, incluso si se aplica el interés compuesto durante más de medio siglo.

La mentalidad crifiú

Los participantes en el evento mencionado dieron entonces vueltas y más vueltas alrededor de una pregunta cuya respuesta se dio de antemano, por lo cual no hay problema que discutir. Incluso uno de ellos, John Suárez (Directorio Democrático Cubano), alegó algo que reveló la futilidad del tema de las confiscaciones: para resolverlo tal y como pretenden los expropiados se precisa “un factor decisivo que es el cambio de sistema”.

Así, el problema inventado de las reclamaciones de las propiedades expropiadas en Cuba se reduce al absurdo al desembocar en el problema que nunca se pudo resolver: cómo tumbar al régimen, ya que no cabe pensar que el gobierno actual entregue el poder tan solo para jugarle al gobierno democrático sucesor la broma colosal de que arree con el pago de las reclamaciones.

No sólo se inventa un problema, puesto que ya está resuelto, sino que se advierte puerilmente al gobierno cubano que está en juego su credibilidad ante los presuntos inversores, como si ese gobierno no hubiera dado ya solución legal y el olfato de los inversores pudiera confundirse con pimienta crifiú.

El estilo de pensamiento sobre lo cubano y sus problemas en CRI-FIU no da para comprender ni siquiera el sentido actual de la imagen con que promovieron su propio evento por Twitter: los que se fueron no tienen arte ni parte en el “diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana”, que Raúl Castro anunció el Día de San Lázaro.

Imagen: CRI-FIU