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September 25, 2016 – 11:24 am

Emilio Ichikawa
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Cubanos entrevistados por La Nación dan cuenta de que la red de coyotes tiene su trabajo inicial en la propia Cuba

Submitted by on November 23, 2015 – 9:32 pm

(LN/100 Noticias)-El paso de cubanos hacia Estados Unidos a través del continente se multiplicó entre el 2012 y el 2015 a vista y paciencia de los gobiernos de diez países, sin que se tomaran medidas oportunas contra el tráfico ilícito de personas. Coyotes organizados y otros más espontáneos, que aprovechan el río revuelto, se encargaron de trasladar a isleños que pagan entre $7.000 y $10.000 (entre ¢3,7 millones y ¢5,4 millones) cada uno, en una ruta de casi 8.000 kilómetros que también los expone a los cobros de guerrilleros y policías corruptos.

Cubanos entrevistados por La Nación dan cuenta de que la red de coyotes tiene su trabajo inicial en la propia Cuba, donde las noticias sobre la llegada exitosa de los migrantes motivó a familias enteras a dejar su país y aventurarse a dar un salto al vacío. El primer salto es hacia Ecuador, donde tienen libre acceso.

Los grupos arriban a Quito con instrucciones sobre dónde llegar y a quién buscar. Obtienen chips telefónicos y, a su vez, una red de contactos en los demás países de la región, que incluye a miembros en Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México y en el último punto: Estados Unidos.

“Gracias a Dios dimos con personas que nos guiaron, nos pidieron plata, pero fueron honestos. Nos movieron de hotel en hotel hasta que nos montaron en la lancha para ir a la playa e ir a Panamá. Pero no fueron personas malas porque hay quienes sí han topado con personas malas”, relató en Costa Rica María Elena Guerra, sobre su paso por Colombia… Cubanos consultados en la frontera con Nicaragua coincidieron en que el trayecto más peligroso, y con más cobros, fue el de Colombia.

“En todos los retenes, los policías de Colombia nos quitaron dinero, nos viraron para atrás. Estuvimos presos un día y el mismo jefe de Migración hizo negocio con nosotros”, relató a La Nación Nasandy Soto, una enfermera de 34 años que viaja con su esposo, Eduardo Valdez, un marino mercantil de 45 años. Un migrante que prefirió no identificarse, por temor a represalias, afirmó: “A mí en Colombia me cogió la guerrilla; lo único que me quitaron fue dinero, que era lo que querían y no pasó nada”. Nasandy Soto sostuvo que en Colombia, aun cuando las autoridades les daban salvoconductos para pasar el territorio, los policías les cobraban mordidas.

OEl canciller costarricense, Manuel González, afirmó que es hora de trabajar con “responsabilidad” y no dejar más el tráfico de migrantes en manos de las redes de coyotaje, y que han hecho verdaderos clavos de oro con los dólares de los cubanos.

El diplomático recalcó que las naciones de la región se han negado a discutir el tema: “Hay que abordar el problema, y no permitir que los países sigan indiferentes. Cuando esto no ha sido problema, porque todo ha estado bajo la mesa, al amparo de las redes del tráfico internacional de personas, se ha vuelto a ver para el otro lado. Ahora que surge el problema y se hace más visible, pues es el momento de actuar con absoluta responsabilidad de parte de todos los países involucrados”, afirmó González.

En el caso de Costa Rica, antes de que explotara esta crisis migratoria, se dieron facilidades para que los caribeños atravesaran el país, en vista de que las autoridades no tenían la capacidad de procesar la ola de migrantes que cada día llega a la frontera con Panamá, en Paso Canoas. Se les permitía ingresar por la frontera sur y se les concedía una citación oficial para presentarse en San José, con el fin de que completaran el trámite migratorio de deportación a un tercer país: Nicaragua, que les cobraba $80 (¢43.000) por pasar, según dicen los cubanos. Sin embargo, ellos evitaban las oficinas en San José y seguían su camino al norte. De miles, solo unos cuántos llegaron.

Kattia Rodríguez, directora de Migración, aceptó que en el 2012 pusieron una buseta para que la Policía de Migración moviera a estas personas, pero la quitaron porque eran demasiadas. Actualmente, de San José a Peñas Blancas estos migrantes se mueven con transportistas que les cobran $50 (¢27.000) por persona.

En el caso de Panamá, el Servicio Nacional de Migración de ese país informó de que, solo en el 2015, entraron a su territorio 21.000 cubanos de forma irregular (6 de cada 10 eran hombres). La cifra de 21.000 es sorprendente, si se toma en cuenta que dos años atrás era de 2.000. En ese país, incluso, viajaban escoltados por la policía, según relató José Alberto Ulloa, albañil de 29 años, quien agregó que, para llegar a Panamá en lancha desde Colombia, les cobraron hasta $700 (¢378.000) por persona.

En Costa Rica, este año ya se reporta el paso de más de 13.000 migrantes, luego de que en el 2012, la cifra era de apenas 2.000 Aún hoy, entran unos 300 diarios por el sur, pero se acumulan en la frontera de Peñas Blancas, porque Nicaragua no los deja seguir. Ya son unos 2.500 varados.

Costa Rica decidió hace una semana otorgarles una visa de tránsito, luego de desarticular una red de tráfico ilegal. A su vez, el Gobierno de Estados Unidos reportó que, entre octubre del 2014 y octubre del 2015, se registró el ingreso de 24.000 cubanos a ese país.

Sobre el financiamiento para pagar todas las coimas, los traslados, alimentación y hospedaje, hay dos fuentes principales: la primera es la venta de todos sus bienes en Cuba, y la segunda es el financiamiento de parte de familiares en Estados Unidos, principalmente en Miami. Algunos de los que están en Costa Rica salieron de Cuba desde junio, setiembre u octubre.

El coyotaje no está en manos de un solo grupo, sino de muchos, que operan en mayor y menor escala, tal y como lo detalló el embajador de EE. UU. en Costa Rica, Fitzgerald Haney. Aquí, en el país, operan bandas articuladas con los grupos regionales, como es el caso de la que cayó en manos de las autoridades costarricenses el martes 12 de noviembre y que dejó en evidencia la magnitud del problema.

Ese día, 138 oficiales capturaron a 12 miembros de una red regional que operaba en todo el territorio nacional, desde el puesto fronterizo de Paso Canoas, en la frontera con Panamá, hasta Peñas Blancas, en la frontera con Nicaragua. Los involucrados, encabezados por una mujer de apellidos Rodríguez Torres, tenían a su disposición busetas, automóviles, propiedades, y trabajaban en coordinación con hoteles de San José y de la zona sur.

Las operaciones habrían continuado con normalidad, de no ser por una llamada que alertó a la Policía en enero.

Diez meses después, se desplegó un operativo con participación de Migración, Fuerza Pública, Unidad de Intervención Especial, Vigilancia Aérea, fiscales y jueces. Antes de esta acción, la red operó con total tranquilidad, ya que el flujo de migrantes cubanos lejos de disminuir, subía.

“Las investigaciones lograron identificar miembros de esta red criminal, los cuales operan en lo interno del país, así como miembros de la estructura en los países donde opera esta organización, como Ecuador, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y los Estados Unidos, como destino final.

”Por ello se coordina con policías y fiscalías en los países en los cuales opera este grupo internacional de trasiego de personas en forma ilegal”, reseñó un informe de la Dirección de Migración facilitado a este diario.

Sin embargo, este grupo está lejos de ser el único. Hay otros que actúan con oportunismo, sin articular informaciones con otros bandos mafiosos del tráfico ilegal de personas.

Estos últimos operan en cada país y en cada región donde se topan con los migrantes; les cobran sumas excesivas por transportarlos internamente y se aprovechan de la condición de ilegalidad en que viajan los migrantes.

En muchos de los casos, policías de cada país están involucrados en sobornos y peajes, según el relato de los propios migrantes.

Como ellos, miles de cubanos se juegan la vida cada día en una travesía donde los miembros de la red pueden ser desde amas de casa y taxistas formales, hasta traficantes de drogas, guerrilleros y policías corruptos. (Colaboró Aarón Sequeira)