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La equivocación de la cruzada

Submitted by on November 17, 2015 – 12:24 pm

untitledAntonio García-Riestra

El candidato presidencial republicano Ted Cruz y otros exigen que se acepten tan sólo refugiados cristianos, pero su conmilitón Marco Rubio subió la parada con que tan sólo colando un agente bien entrenado entre diez mil inmigrantes, el Estado Islámico pone ya a los Estados Unidos en peligro. Su reflexión prosigue con que aquel Estado díscolo busca destruir la civilización occidental e imponer la noción sunita del mundo a todo el mundo. Así, lo sucedido en París es un “choque de civilizaciones”.

Perspectiva de conflicto

Y como esta evocación del ensayo homónimo (1993) de Samuel Huntington remite a su propia clasificación de aquellas en Occidental, Confucionista, Japonesa, Islámica, Hindú, Eslavo-Ortodoxa, Latinoamericana y acaso Africana, el enfoque de Rubio estriba en que la agresión proviene de la chocante civilización islámica. Así Rubio promueve también el enfoque estratégico del Estado islámico: su equiparación al Islam, tal y como más abiertamente han declarado los punteros del GOP (Carson y Trump) en la carrera presidencial.

Bush planteó que EE. UU. estaba en guerra contra una ideología que había “secuestrado” al Islam, tal y como el Nazismo secuestró al Estado alemán o el Bolchevismo a Rusia. Obama repuso que los yijadistas ni siquiera llegaban a la altura de tal secuestro, pero Rubio ha ido incluso más allá de Bush.

Para Rubio, los yijadistas no aborrecen a EE. UU. por su presencia militar en el Oriente Medio, sino por sus valores civilizatorios: las niñas van a la escuela, las mujeres conducen autos, todos tenemos libertad de expresión, hay diversidad de creencias religiosas y la sociedad es tolerante. Es cierto que el Estado islámico concita el odio contra todo eso, pero ese odio no parecer ser la clave del ataque a París.

El Estado islámico

Los primeros indicios de un Estado islámico datan de 2004 en Irak, como grupo afiliado a Al-Qaeda, pero no porque su líder fundador, Abu Musab al-Zarqawi, aborreciera la cultura de EE. UU., sino apenas porque Washington había invadido Irak. Al principiar la retirada de las tropas estadounidenses desplegadas allí, Al-Qaeda continuó la guerra contra el gobierno iraquí de matriz cultural chiita y en 2011, al estallar la guerra civil en Siria, se enfiló contra el gobierno de matriz alauita presidido por Bashar al-Assad. Se acuñó entonces el término Estado islámico en Irak y Siria, con la declaración de califato en el territorio controlado por sus fuerzas.

Si estas actuaran motivadas por la repulsión hacia la civilización occidental, con núcleo político en la democracia liberal, no tendría sentido alguno esa guerra sostenida contra los gobiernos de corte autoritario en Siria e Irak. Tampoco se explica por qué habrían volado un avión ruso para chocar con otra civilización.

Cuba gira también en la órbita de la cultura occidental e incluso guarda relación de hermandad con el gobierno de Al-Assad, pero no es plausible que sea blanco de ataques del Estado islámico por la sencilla razón de que Cuba no da guerra en el Medio Oriente y aquel Estado concentra sus ataques contra los demás Estados que alzan barreras en el camino al poder, como Rusia, por intervenir al lado de Al-Assad, y Francia, que extendió desde septiembre pasado sus incursiones áreas de Irak a Siria. No en balde el vocero del Estado islámico que se atribuyó responsabilidad por el ataque a París alegó que Francia participaba en la “cruzada” en Siria, amén de que se atrevió a maldecir al Profeta.

Charlie Hebdo y la geopolítica

Así, el ataque contra el semanario satírico e izquierdoso francés tiene motivo específico y no la motivación abstracta de arremeter contra los valores de la civilización occidental. Para eso el Estado islámico hubiera atacado cualquier otro punto, pero uno de los agresores, Cherif Kouachi, dejó claro que “defendemos al Profeta”.

Desde luego que ni esto ni nada justifica las agresiones del Estado islámico, que por su matriz totalitaria despacha hasta las caricaturas como actos de guerra, en tanto el genocidio del Estado islámico contra la minoría kurda Yazidi en Irak el verano pasado, por ejemplo, sí que justifica la coalición de EE. UU. y sus aliados contra dicho Estado, pero esta guerra viene determinada más bien por el factor geopolítico que Rubio niega: la presencia militar en el Medio Oriente.

IMAGEN: Dan Lamothe / The Washington Post