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Embajadas y soberanía nacional

Submitted by on November 11, 2015 – 4:41 am

images1RK2MXA4Emilio Ichikawa

La serie de Netflix “Narcos” deja, a la luz de una noticia reciente como la relativa a las conversaciones entre Cuba y EEUU sobre aplicación de la ley y cuestiones de seguridad nacional, algunas inquietudes.

Se sabe, es cuestión pública, que el personal de las embajadas entre países incluye la presencia de un agregado militar. Es por eso que, aunque el Ministro de Defensa de Cuba no estuviera en Siria comandando tropas especiales pro rusas y filo Al-Assad, debe darse por sentado que la misión diplomática cubana en Damasco incluye algún militar de rango.

Respecto a la embajada de EEUU en La Habana, consta por información oficial disponible para todos que al menos existe un servicio de custodia compuesto por Marines.

En “Narcos”, donde uno de los escenarios recurrentes es la embajada de EEUU en Colombia, se muestra la participación múltiple de su personal en la vida política del país anfitrión. Está la CIA, un equipo del ejército que realiza tareas de espionaje, una embajadora (Departamento de Estado) con mucha iniciativa… Pero entre todos ellos el protagonismo “interventor” lo llevan los agentes de la DEA, la agencia anti drogas de los EEUU.

No sé si es legal o no la presencia de miembros de la DEA en las sedes diplomáticas de EEUU. En “Narcos” Steve se presenta como encargado de la limpieza. Un empleo bueno para las presentaciones, pero también para levantar sospechas.

Tampoco sé si la actual embajada de EEUU en La Habana alberga agentes de la DEA. Como resulte, en la serie “Narcos” se les ve moverse en la política local colombiana con unos fines que el espectador no puede considerar totalmente ilegítimos ante el caos y la corrupción de la política local que se exhibe.

Los límites de la licitud de la participación de los diplomáticos norteamericanos en la vida del país son interesantes. Hay zonas prohibidas establecidas por la propia división de poderes dentro de la embajada de EEUU; otras determinadas por la legislación de ambos países y, por supuesto, está también el freno impuesto por la moralidad nacionalista, que sale a relucir en los debates sobre la extradición y sobre la pertinencia de los apoyos extranjeros para solucionar asuntos nacionales de forma expedita.

Volviendo a pensar la serie “Narcos” en el contexto de las actuales relaciones entre Cuba y EEUU, es inevitable especular lo que podría suceder en Cuba si los huéspedes deciden ir un poco más allá de la organización de fiestas y el aliento de opiniones afines entre los paisanos.

Lo contraproducente de este tema, y en el filme se puede apreciar muy bien, es que si bien una democracia tiene mecanismos naturales para controlar la intervención extranjera “pacífica”, una dictadura puede permitirse, entre todo lo demás, una complicación irrestricta e incuestionable de los extranjeros en los problemas domésticos. Una dictadura controla la prensa, la escuela, el arte, el deporte y la historia, que son canchas donde se la juegan las celebridades nacionalistas.

Y es que a veces el nacionalismo de los caudillos latinoamericanos consiste en el rechazo a algún tipo de intervención, amparado en la aceptación de una otra intervención, que rivaliza con la primera.