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La prensa oficial de Miami descubre a la prensa oficial cubana

Submitted by on November 10, 2015 – 5:31 am

logo 2Emilio Ichikawa

Al parecer, El Nuevo Herald de Miami (VER: “Prensa oficial de Cuba publica velada crítica a hijo de Fidel Castro. Nov. 5 de 2015)  se empató con un artículo en Tribuna de La Habana sobre “Los viajes de Gulliver Jr.”, y lo entendió como una crítica a las excursiones de Antonio Castro Soto del Valle a Europa.

“Para ‘ellos’ Europa es lo que baña el Mediterráneo”, decían los viejos Reyes ingleses con desdeñoso pragmatismo. Nosotros también.

Al señalar la paja en el ojo del vecino El Nuevo Herald, que es parte de la prensa oficial de Miami, disimula la hemorragia de que regularmente es él quien peca por evadir la crítica a la clase política local, y en especial la crítica de los dogmas y prejuicios de ese sector cubanoamericano.

También vela que su crítica es ya, por la cantidad de “desertores” de la prensa oficialista cubana que ha fichado para su equipo, más bien una autocrítica. Al fin y al cabo se trata de los mismos periodistas de “allá”, formados en las mismas escuelas e institutos del socialismo.

Ni El Nuevo Herald de Miami ni la llamada prensa independiente son esenciales para obtener información sobre Cuba; que realmente se encuentra entresacando de los artículos en la prensa oficialista, luego de eliminar la demagogia, los números y datos que efectivamente proporcionan los periodistas del sistema.

Lo peor de ese artículo de El Nuevo Herald es insinuar, como se viene haciendo desde hace más de medio siglo, que el hecho de que en un periódico oficial haya críticas significa que dentro del oficialismo hay un sector que está dispuesto a tumbar al régimen, a “implosionarlo”. Más o menos lo mismo que pensaba Jorge Mas Canosa cuando el juicio a Ochoa (Causa 1 de 1989) y el Maleconazo; específicamente respecto a la posibilidad de un golpe de estado anticastrista o antifidelista promovido por jóvenes oficiales dentro de las fuerzas armadas (FAR).

Hace unos años, en circunstancias tan indescifrables como las de hoy, el ex periodista de El Nuevo Herald Juan O. Tamayo se inventó un recurso parecido al que ahora utiliza esa misma publicación. Tamayo entraba cada viernes a la sección de Correspondencia de “el Granma de Lázaro Barredo”, entresacaba las quejas de los lectores, y de ahí infería la posibilidad de un descontento popular que empezaría derrocando la burocracia, y luego a sus líderes. Como “tamayada” se sigue tratando hoy en Miami a esa clase de ansiedad.