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Claves de Putinología

Submitted by on October 25, 2015 – 1:11 pm

Antonio García-Riestra

La intervención rusa en Siria redobla el prurito piscosociológico de dar con las motivaciones y hasta con la lógica de Vladimir Putin. En este sentido, aunque no en otros, el hombre fuerte del Kremlin es valorado favorablemente por la literatura más reciente al respecto en Occidente:

Mr. Putin: Operative in the Kremlin (Brookings Institution Press, 2015), de Fiona Hill y Clifford Gaddy; Putinism: Russia and Its Future with the West (Thomas Dunne Books, 2015), de Walter Laqueur; The New Tsar: The Rise and Reign of Vladimir Putin (Knopf, 2015), de Steven Lee Myers; Putin Redux: Power and Contradiction in Contemporary Russia  (Routledge, 2014), de Richard Sakwa; The Man Without a Face: The Unlikely Rise of Vladimir Putin  (Riverhead Books, 2013), de Masha Gessen, y The Strongman: Vladimir Putin and the Struggle for Russia (I. B. Tauris, 2013), de Angus Roxburgh.

No sorprende que Putin sea foco de la página digital con acaso mejor cobertura diaria sobre Rusia: Johnson’s Russia List (JRL), mientras que Politico Magazine recurre a “America’s leading Putinologists” para abordar diversos temas con ángulo ruso. La putinología se conforma ya como disciplina científico-social, que comprende desde el ex embajador de EE. UU. en Rusia Jack Matlock hasta el ex Secretario de Defensa Robert Gates, quien se doctoró en historia rusa y soviética por la Universidad Georgetown.

Tampoco sorprende que la demonología corra por los cauces de la putinología, pero Walter G. Moss, profesor emérito de la Universidad de Michigan Oriental y autor de A History of Russia en dos volúmenes (Anthem Press, 2003 y 2004), advierte que esta corriente dominante trae igualmente el reconocimiento de Putin como líder político inteligente y capaz, que observa estrictamente la regla maquiavélica de confiar en pocos.

Los corrillos sobre “Putin el Loco” pasan por alto que su conducta resulta perfectamente racional en el contexto político actual. Roxburgh alertó que Putin “exhibe más y más signos de paranoia”, pero casi todos los demás putinólogos admiten que, tras venirse abajo el régimen de partido único, nadie sin adecuado bagaje intelectual puede sostenerse por más de quince años en el Kremlin. Y quienes como Angela Stent, directora del Centro de Estudios sobre Eurasia, Rusia y Europa del Este (Universidad Georgetown), asisten a veladas con Putin, reportan que se atiene bien a los hechos, tiene suma confianza en sí mismo y hasta aprovecha ocasiones para el humor o el sarcasmo.

Hill y Gaddy precisan que Putin no es ideólogo, sino pragmático, que no sigue modelo específico alguno para configurar su régimen de gobierno y se ajusta enseguida a las circunstancias. Por este cauce corren las aguas que bañan a Putin como frío y brutal,  oportunista e improvisador. Así y todo, Putin parece abrazar la creencia en misiones históricas y toma como suya reponer a Rusia en su justo lugar dentro del concierto de potencias mundiales liderado por Estados Unidos.

Choque de civilizaciones

Tal es el punto de vista de Gessen y de ahí el patriotismo de Putin vinculado al Estado-nación poderoso, capaz de integrar a los eslavos y aliarse con los musulmanes para construir una suerte de Eurasia Central con absoluta independencia estratégica respecto a rivales geopolíticos como la Unión Europea y Estados Unidos.

Ante la Asamblea General de la ONU, Putin dejó claro que concibe Rusia como modelo de civilización diferente, pero con igual validez, que Occidente. El eurasianismo de Putin no es otra cosa la alternativa lógica al euroatlantismo (OTAN) que la Rusia post-soviética no plantea como frente político-ideológico, sino pragmático, sobre la base filosófica de la sospecha, a la cual Putin incorpora su instinto de enfocar las acciones y motivos de Occidente desde las perspectivas de la teoría conspirativa.

Laqueur carga el acento en el “eurasianismo” de Putin a través de su nacionalismo conservador, que llega al renacimiento de la Iglesia Ortodoxa Rusa y al desdén por la democracia liberal. A este último respecto, el caos derivado del colapso de la Unión Soviética influyó mucho en la actitud de Putin, quien retornó a la presidencia en 2012 centrado en consolidar el Estado ruso, misión imposible sin consolidar al mismo tiempo su poder y seguridad personales.

El eurasianismo explica perfectamente que Putin salga en defensa de su aliado Assad en Siria, luego de haber invertido millones y millones allí, así como arremeta con el Estados Islámico para liquidar la amenaza de que se infiltre por el arco fronterizo del sur de Rusia y provoque revuelos desde el Cáucaso hasta Asia Central. El eurasianismo indica también que el sucesor de Putin tendrá que comportarse de similar manera en política interior y exterior por imperativo sistémico de un orden civilizatorio en cierne que se propone incluso como puente entre Oriente y Occidente.

Imagen: Daily Times

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