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Rostock, DDR: Comunismo, democracia y emigración

Submitted by on October 17, 2015 – 2:13 pm

Emilio Ichikawa

En el filme alemán “Wir sind jung. Wir sind stark” (Burhan Qurbani, 2014) un abuelo medita en voz alta y con desconcierto ante su hijo; un funcionario que a su vez está desconcertado por los pasos que está dando el hijo suyo. Dice el experimentado señor: Mi padre era nazi y por eso luchó contra los demócratas; yo era comunista y por eso luché contra los nazis; tú eres demócrata y por eso luchaste contra los comunistas: ¿sabemos contra quién lucha él?

Como todos los enlistados en la seguidilla, el joven lucha contra lo que considera es la causa del mal; que en ese lugar y momento, Rostock 1992, identifica con los inmigrantes.

Casa de los Girasoles es como llaman los residentes a un refugio para emigrantes abierto en Rostock, balneario y puerto industrial que hasta hace muy poco (corre 1992) era parte de la Alemania comunista. Un grupo muy singular de jóvenes, liderados por el radical Sandor, se dispone a descargar su recelo contra los extranjeros después del suicidio de un amigo; que los más entusiastas interpretan como una señal. Entre todos los huéspedes de la Casa de los Girasoles los más despreciados son los gitanos de origen rumano, y luego los asiáticos, al parecer porque tienen una ética laboral que les permite competir con los nativos.

La izquierda y la derecha en la política local tienen posiciones claramente discernibles ante el problema con los inmigrantes. La derecha quiere lincharlos mientras la izquierda quiere dilatar el asunto con llamados a la paz y la tolerancia. El centro se conforma con disimular su existencia con juegos de lenguaje.

Una parte de los vecinos se posiciona frente a un cordón de la policía que trata de impedir el asalto a la Casa de los Girasoles. Los guardias se retiran, luego regresan… Lo más alarmante está contenido en la escena final del filme: los niños han heredado la tesis de que los emigrantes son la raíz del mal.    

El mal, según dice una joven integrante de la banda, es la inseguridad. Convicción que le lleva a una nostalgia tan insólita como la de extrañar las colas de la época comunista. Y, como dice un administrativo, la posibilidad de encerrarnos en nosotros mismos y resolver los problemas con aquella callada manera; como si fuera la primavera (árabe).