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September 30, 2016 – 8:10 pm

MIAMI AUDIO: eichikawa, conversando con Edmundo García en “La tarde se mueve” (Viernes 30 de septiembre, 2016)
(https://soundcloud.com/ltsm/09302016-viernes)

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Crisis de los Misiles: historia de oídas

Submitted by on October 9, 2015 – 1:55 pm

Antonio García-Riestra

Ningún documento desclasificado ni relato de historia oral ex post facto, ni siquiera el reportaje in situ de un periodista tiene la inmediatez de las grabaciones de las conversaciones entre los protagonistas que llegan al historiador, aunque al ser transcritas por él den pie a cierto grado de subjetividad historiográfica e interpretativa.

Para el mes que corre quizás ninguna grabación merezca recordarse más que las conversaciones en la Casa Blanca sobre los misiles soviéticos en Cuba, las cuales han sido consideradas por el historiador durante casi un cuarto de siglo (1977-2000) de la Biblioteca Presidencial John F. [Jack] Kennedy, Dr. Sheldon Stern, como prueba concluyente de que hasta las memorias de Robert [Bobby] Kennedy al respecto, Thirteen Days (1969), no son históricamente fidedignas, sobre todo por tomar distancia frente a lo demasiado humano.

Paloma gavilana cubensis

Antes de reunirse el Consejo de Seguridad Nacional el 16 de octubre de 1962, Jack enseñó a su hermano Bobby las fotos aéreas que detectaron misiles soviéticos en Cuba. Bobby exclamó: “Oh shit! Shit!, Shit! Those sons a’ bitches Russians.” Al llegar los asesores presidenciales, Jack estaba hablando con su hija Caroline, quien salió enseguida del Cabinet Room.

Allí se congregaron 15 hombres para dilucidar qué estaba exactamente cocinando Jruschov a 90 millas. Ninguno sugirió que protegía a Fidel Castro contra la “guerra encubierta” desatada por Washington tras el fiasco en Bahía de Cochinos. Jack especuló que Jruschov buscaba compensar las deficiencias de los misiles intercontinentales soviéticos y el general Maxwell Taylor, Jefe del Estado Mayor Conjunto, coincidió.

El consenso inmediato fue intensificar los vuelos de reconocimiento para determinar el número de emplazamientos y si había ojivas nucleares. Como el Secretario de Estado Dean Rusk advirtió que, si los rusos disparaban algún misil, “we’re in a general nuclear war,” el Secretario de Defensa Robert McNamara insistió en bombardear todos los emplazamientos y destruirlos antes de que estuvieran listos. Bobby se dirigió entonces a Jack: “You’re gonna kill an awful lot a people, and we’re gonna take an awfullot a heat on it.”

En su estudio biográfico Robert Kennedy and His Times (1978), Arthur Schlesinger, Jr. recreó este episodio para sostener, en perfecta armonía con Thirteen Days (1969), que Bobby “stopped the air strike madness [and] was a dove from the start.” Sólo que Bobby era el coordinador de la “guerra encubierta” contra Castro y se opuso al bombardeo por considerarlo insuficiente. La paloma de Schlesinger abogó por la invasión aérea y marítima en gran escala, con las tensiones en Berlín como cover story para movilizar el personal y los recursos necesarios. Bobby dijo a Taylor: “If you could get it in, get it started, so that there wasn’t any turning back.” Incluso sugeriría urdir algún incidente en la base naval de Guantánamo para justificar la invasión: “You know, sink the Maine again or something!

Al vislumbrarse el bloqueo naval como alternativa, sobre todo para ver cómo reaccionaría Jruschov, Bobby se opuso también. Y a la insinuación de que tal bloqueo permitiría “bringing down Castro” replicó con una pregunta retórica que, pasado más de medio siglo, la bandería anticastrista no acierta a comprender todavía: “Has a blockade ever brought anybody down?”

Tras anunciar Jack por televisión el bloqueo como cuarentena, Bobby insistió en que sería “damn helpful” abordar un barco ruso para ocupar armamento y analizar la tecnología. Rusk atinó a explicarle que los soviéticos percibiría esta acción como propósito real oculto, en vez de la clara intención de “keep ‘em out of Cuba.” Para el 25 de octubre, Bobby reciclaría la opción de bombardeo con ánimo de mostrar al mundo “that we’re still being tough with Cuba. That’s really the point we have to make.” Y el 27, cuando McNamara propuso montar “a government for Cuba, because we’re gonna need one after we go in with 500 aircrafts,” Bobby asintió: “Yeah. I’d like to take Cuba back. That would be nice.”

Ich bin ein Berliner antes que un cubano

Jack razonaba que bombardear o invadir a Cuba dada a Moscú “a clear line to take Berlin” y los aliados de la OTAN, que no se escondían para decir “we’ve got this fixation about Cuba,” iban a culpar a USA de perder Berlín, ya que we didn’t have the guts to endure a situation in Cuba. After all, Cuba is five or six thousand miles from them. They don’t give a damn about Cuba. But they do care about Berlin and about their own security.

El Jefe de la Fuerza Aérea, general Curtis LeMay, razonó al revés: los soviéticos “are gonna push on Berlin and push real hard only if the U.S. failed to take military action in Cuba (…) This blockade and political action [is] almost as bad as the appeasement at Munich (…) . I just don’t see any other solution except direct military intervention, right now.” Todo el mundo sabía que el padre de Jack, Joseph P. Kennedy, siendo embajador americano en el Reino Unido, había respaldado al premier Neville Chamberlain en el Pacto de Múnich (1938) con Hitler, pero Jack se abstuvo de contestarle a LeMay.

Al cabo tuvo que hacerlo, cuando LeMay volvió a la carga: “I think that a blockade and political talk would be considered (…) a pretty weak response (…) In other words, you’re in a pretty bad fix.” Jack replicó: “You’re in with me, personally.” A la postre argumentó: “we don’t really have to invade Cuba. That’s just one of the difficulties that we live with in life, like you live with the Soviet Union and China (…) These missiles adds to the danger, but doesn’t create it.

Imagen: Collage sobre la Crisis de los Misiles, por Jorge Luis González, en Art Deviant