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Cine y guerra

Submitted by on October 7, 2015 – 2:56 am

Emilio Ichikawa

Desde hace tiempo se ha estado imponiendo en concursos y festivales un subgénero del llamado cine bélico que envía un mensaje de paz a partir de la relativización del eje buenos-malos en que se ovillan las representaciones docentes de la guerra.

Así, hemos visto a judíos que en lugar de ser víctimas resultan delatores de sus familiares, y altos oficiales nazis que tratan de eliminar a Hitler para detener el exterminio. Y jemeres rojos que protegen a intelectuales franceses admiradores del budismo; imperialistas japoneses que no encuentran la tranquilidad hasta que sus ex prisioneros ingleses les den el perdón, etc. Durante esos relatos cinematográficos, los buenos pueden resultar bastardos y los malos, regulares.  

Pero el filme surcoreano “Yeonpyeong Haejeon” o “Northern Limit Line” (Kim Hak-Soon, 2015) no va en esa.

Recrea con meditado realismo el hundimiento del guardacostas PKM-357 por un buque norcoreano en el Mar Amarillo en el año 2002. La mitad de la película se dedica a identificar al espectador con los marinos. Se les muestra en ambientes caseros, en celebraciones o compartiendo el Mundial de Fútbol que en ese mismo año de 2002 tuvo como sedes a Corea del Sur y Japón.

El director, que basa su trabajo en una novela de Choi Son-Jo, no tiene el menor interés en enviar un mensaje de reconciliación y presenta el incidente como un pulcro enfrentamiento entre unos jóvenes valientes y llenos de esperanzas, y unos viejucos comunistas malvados y mentirosos que violaron los límites territoriales haciéndose pasar por pescadores extraviados.

“Northern Limit Line” es un filme de interés para un público cubano porque el conflicto entre las dos coreas (como tantos otros) ha sido utilizado por analogía para hacer legible la indescifrable e inefable querella entre castrismo y anticastrismo. Cotejo que tiene al menos un elemento autorizador, y otro cuestionador:

1-Como el de las dos coreas, el problema cubano es intra-nacional. De ahí que en ambos casos los buenos y los malos compartan lengua, comidas, bailes, tradiciones e historias.

2-A diferencia del caso coreano donde los dos bandos tienen soberanías independientes, de modo que pueden presentar sus desavenencias como problemas entre gobiernos, e incluso entre estados, el problema cubano no puede ni formularse ni dirimirse a ese nivel porque solo una de las partes constituye un país.

No pocas de las llamadas “intromisiones extranjeras” en la cuestión cubana obedecen al intento de segundos países de suplir ese déficit, asumiendo la representación de la parte anticastrista. Mediar entre Cuba y EEUU (ya que no hay un país anticastrista) tiene por ello un sentido muy diferente a mediar entre Corea del Norte y Corea del Sur.