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Paradojas

Submitted by on October 3, 2015 – 9:54 am

Emilio Ichikawa

Intentar ser coherente con una condición (no digamos ya con una pose) hasta las últimas consecuencias es faena demasiado ardua. Da igual que esa condición sea la de vegetariano, ateo o anticapitalista.

Creer o descreer con “integrismo” y “fundamentalismo”, aspirando a hacer cerrar nuestras convicciones sobre sí mismas, como un círculo perfecto que principio no tuvo y final no tendrá, pretendiendo la irrefutabilidad, es teóricamente deseable, metodológicamente recomendable, pero prácticamente imposible. O imposible en la práctica, que es menos ambiguo.

Precedido por la fama de que es un anticomunista que se fuga hacia la libertad desde un estado totalitario y paternalista, el exiliado cubano sabe que el diseño de su imagen tiene un problemita de inconsecuencia con el uso de las ayudas federales, estatales, municipales y hasta familiares.

Hay bastante de hipocresía en esto. Así que con eficiente honestidad en el Miami cubano se ha debilitado el discurso, dejando a un lado la demonización y optando por objetar solo “el abuso de las ayudas”.

“Abuso” es una palabra de la que se ha estado abusando bastante. Quizás equivocadamente, porque “abusar” de algo no significa que en sí misma la acción está mal, sino que es desmedida en su ejercicio.

De este modo tenemos que “abusar de las ayudas” no indica necesariamente una crítica a dichas ayudas, sino a su uso más allá de ciertos límites… de cantidad pero parece que también de calidad.

Aunque es un debate que tiene larga historia, ante el aguaje noticioso con las inversiones extranjeras en Cuba, específicamente norteamericanas, desde hace unos días ha arreciado la denuncia de que cubanos residentes en EEUU pudieran estar “abusando” de las ayudas gubernamentales (sobre todo para la adquisición de alimentos), porque emplean las tarjetas en Cuba, o desde Cuba, o de un modo que favorece a Cuba.

Salir de un régimen que mantiene una libreta de racionamiento, para otro régimen que otorga una tarjeta para la alimentación, realmente tiene algo de paradójico. Como es paradójico también criticar a los Comité de Defensa de la Revolución porque husmeaban hasta en los polleros y conejeras de los vecinos (sin excluir curieles), y llegar a EEUU para ponerse a vigilar lo que sus compatriotas comen.

Todo parece indicar que el “uso” de las ayudas de forma tal que incluso beneficien a Cuba es legal y no califica como “abuso”. Salvo no pasarse del límite de dinero otorgado y comprar solo los alimentos autorizados (los que “dan” o “sacan”), el gobierno federal no exige otra cosa. Ni siquiera la presencia física del titular al minuto de usar el documento.

Por supuesto que en torno al uso legal de la ayuda hay movidas tan irregulares como imaginativas (la capacidad de invento del cubano es de doble filo), pero ya esas son manchas que no competen al farol de la ley sino a ese sol del mundo moral.

IMAGEN: Por Laz en jr