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September 28, 2016 – 2:52 pm

Jorge Riopedre
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Exilio

Submitted by on September 15, 2015 – 11:45 am

Antonio García-Riestra

En Estados Unidos, la cosa no radica ya en que tales o cuales candidatos vengan a dárselas de outsiders y prometan ir con todo contra Washington, siguiendo la tradición que principió con Jimmy Carter y su eslogan de tener un gobierno tan bueno como el pueblo. La clave actual estriba más bien en que al menos los votantes republicanos que responden a las encuestas prefieren candidatos que jamás han sido elegidos a cargos públicos: el billonario Trump [29.8%] y el neurocirujano Carson [17.8%] están por encima del gobernador Bush [7.8%] y los senadores Cruz [6.7%] y Rubio [5.8%].

La historia presidencial estadounidense revela que, sin haber encarado antes ninguna elección, tres generales — Zachary Taylor, Ulysses Grant y Dwight Eisenhower— y dos advenedizos: Chester Arthur y Herbert Hoover se mudaron a la Casa Blanca, pero en coyunturas que nada tuvieron que ver con la situación de hoy: el exilio de la política.

Al parecer la gente anda cansada de lidiar cada cuatro años con elencos más o menos semejantes y prestan más atención de entrada a los candidatos neófitos, ajenos a la política, aunque al cabo tengan que conformarse con la maquinaria del partido, o el candidato neófito sucumba como aquel Herman Cain que mayoreaba en las encuestas de otoño del 2011 y cayó con la doble zancadilla de acoso sexual por el trío Bialek-Kraushaar-White y de su propia ignorancia, como preguntar how do you say delicious in Cuban al engullir croquetas del Versailles.

En Cuba, mutatis mutandi, pasa lo mismo. Los cubanos que emigran a EE. UU. distan mucho del exilio político: son exiliados de la política. De lo contrario el pacto Obama-Castro hubiera dado pie a protestas que cerraran el Palmetto, el Turnpike y la I-75, o al menos Hialeah Express, pero hasta la claque anticastrista del Versailles tuvo que tragarse la irrupción de un energúmeno del bando contrario gritando ¡Viva Fidel Castro! Y los cubanos que se quedan en la Isla ni se suman a la disidencia —jamás— ni se esconden para abstenerse —cada vez más— de ir a votar. En las elecciones generales de 2013 dejaron de hacerlo 790 551 y en las elecciones parciales de este año, 850 314.

Entretanto una centuria de dirigentes de medio centenar de organizaciones exiliares e insiliares se congregaron hace poco en San Juan de Puerto Rico y tras dar vueltas y más vueltas por el bosque de la política arribaron al mismo claro estratégico del que partieron los sucesores de Ricardo Bofill en 1988: el plebiscito, que va para la tercera década de convocatorias sin haberse acercado jamás ni al número de cubanos que emigra anualmente (para exiliarse de la política) ni mucho menos al número de cubanos que prefiere insiliarse en casa (para exiliarse de la política) antes que ir a votar, a marchar con Rodiles y Soler o atragantarse con Cuesta Morúa.