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Budismo leninismo

Submitted by on September 15, 2015 – 10:28 am

Emilio Ichikawa

Las historias sobre reencuentros post festum entre víctimas y verdugos constituyen un tópico de la literatura y el cine contemporáneos. Son un tanto triviales cuando el verdugo se arrepiente de su crueldad, auto-rebajándose en franca desventaja (generalmente es un verdugo vencido); y más interesantes cuando el escritor o guionista le da el chance al malo de exponer sus razones.

La película “The Gate” o “Les temps des Aveux” (Regis Wargnier, 2014) es un caso curioso porque si bien el verdugo enfrenta la evidencia de sus crímenes, dispone de tiempo cinematográfico para racionalizarlos ante su prisionero.

Vietnam está en guerra con EEUU y en Kampuchea se vive en una frágil paz, pensando que el conflicto es muy lejano. Casi nadie se percata de la influencia que van ganando en parte de la población, sobre todo joven, las ideas de la revolución, el maoísmo y el comunismo. Así es que llega un momento en que brota como una sorpresa: los khmers rojos tienen en su poder un tercio del país y no tardarán en tiranizarlo por varios años.

Bizot es un antropólogo francés, casado con una joven asiática con la que tiene una hija. Su universidad o institución de cultura le paga para que traduzca y conserve unos documentos históricos que atesora un templo budista. Pero los khmers rojos insisten en que Bizot es un espía.

Paradójicamente, un líder político de los revolucionarios comunistas, Douch, le salva la vida frustrando una ejecución sumaria; bajo el argumento de que la revolución necesita que Bizot confiese todo lo que sabe.

Douch no es un hombre culto, pero sí un ideólogo coherente. Un momento interesante en el filme es el diálogo que sostienen Bizot y Douch sobre el hipotético paralelo entre un monje budista y un militante de los khmers rojo. Aquí transcribo un fragmento:

Douch: Leí tu cuaderno. Tu comparación entre el budismo y la revolución es equivocada.

Bizot: Hay mucho en común entre los monjes y ustedes: La organización, la jerarquía… hasta el uniforme.

Douch: ¿Sabes por qué llevamos este uniforme oscuro? Nos acostamos en el suelo, y desde el cielo parecemos troncos calcinados. El enemigo que nos bombardea no puede vernos. Ninguna relación con el budismo.

Bizot: Las sesiones de educación parecen cursos de disciplina budista. Renunciar a lo material, a los lazos familiares para servir a la revolución; observar los diez mandamientos llamados Sila, las abstenciones budistas…

Douch: ¡Es absurdo! El budismo embrutece a los paisanos. Nosotros queremos liberarlos. Nuestra obra no se construirá sobre los hombros del pueblo, sino con él y por él.

El filme comienza por donde termina: el ambiente en torno a la entrevista entre la víctima y el verdugo. Bizot siente la compleja culpa de haber sido salvado por un asesino. Douch está atrapado por la convicción de que la única persona en que puede confiar pertenece al bando de sus enemigos.