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Entrevista a Manuel Moreno Fraginals (1975)

Submitted by on September 14, 2015 – 10:28 pm

Ciro Bianchi Ross

Un acontecimiento editorial

(LIBRINSULA)-En 1964 salía de las prensas un libro llamado a mar­car un hito en la historiografía cubana. Su autor, a través de un estudio acucioso del complejo econó­mico social cubano del azúcar, rompía mitos y con­cepciones erróneas mantenidos a lo largo de dece­nas de años por historiadores burgueses y, lo que es más lamentable, repetidos por historiadores su­puestamente revolucionarios. Exhaustivo, profundo, original —nuevo— El ingenio, de Manuel Moreno Fraginals era un verdadero acontecimiento editorial cuya importancia quedó sintetizada en una carta que el comandante Ernesto Guevara enviara al autor:

“Hace poco terminé su última página y quisiera de­jarle constancia de que no recuerdo haber leído un libro latinoamericano en el cual se conjugaran el riguroso método marxista de análisis, la escrupulosi­dad histórica y el apasionamiento, que lo torna apa­sionante. (…) No tengo temor de augurarle que El ingenio será un clásico cubano”.

En aquella oportunidad apareció el primer tomo de la obra. En estos momentos el Instituto Cubano del Libro prepara una nueva edición en la que al mismo, considerablemente aumentado, se sumará un segun­do tomo que estudiará, la vida del negro en las plan­taciones y trazará un análisis cuantitativo de la es­clavitud.

En la actualidad, Manuel Moreno Fraginals trabaja, en calidad de relator, en un libro orientado por la UNESCO y que constituirá una visión general de los problemas del negro en nuestra América. Al mismo tiempo, ocupa la presidencia de la comisión organizadora del Coloquio de Lagos que habrá de cele­brarse próximamente en Nigeria y que tendrá la edu­cación como tema principal.

Si bien Moreno Fraginals no era un desconocido al dar a la luz El ingenio —había publicado Misiones cubanas en los archivos europeos, José Antonio Sa­co: estudio y bibliografía, La Habana, así como algu­nos folletos y muchos artículos en revistas especia­lizadas— su obra no había alcanzado la resonancia de la que la dotaría El ingenio, llamado a situarlo, ya lo hemos dicho, en un lugar destacado de la his­toriografía cubana.

—”El proceso creativo de El ingenio —dice Moreno Fragianls— tiene mucho que ver con el proceso de mi aprendizaje como historiador. Mis investiga­ciones sobre lo que hoy llamaría la manufactura azucarera comenzaron a principios de la década del cuarenta. Posteriormente me dediqué a estudiar la esclavitud y de esa época data mi libro sobre José Antonio Saco que aunque publicado después del triunfo de la Revolución, es un libro de juventud.

“Concluido el José Antonio Saco, me fui a Vene­zuela. Todos mis conocimientos de economía teó­rica tuve allí que aplicarlos prácticamente. Duran­te seis o siete años desplegué un trabajo conti­nuo al tiempo que realizaba estudios económicos intensivos. Estaba al servicio del capital venezo­lano y tenía que poner en marcha industrias y me­dios de transporte, trazar escalas salariales, en fin… Como ya le dije, al lado de esto estaba el estudio teórico de los problemas, lo que me lle­vaba a consultar libros y revistas especializadas, en resumen, a estar al día.

“Cuando regresé a Cuba en 1959 traía dos obje­tivos: primero, trabajar en el frente en que la Re­volución me situara, y segundo publicar un libro que había escrito años antes: Nación o plantación.

“Ahora bien, ¿qué había pasado? Cuando ya en Cu­ba y con miras a una próxima edición de la obra, releí Nación o plantación, me di cuenta de que era impublicable. Mi vida como economista práctico me había transformado en tal forma que me percaté de que nada de lo escrito en ese libro podía ser como yo lo planteaba. Me di pues a la tarea de reha­cerlo y de un capítulo de 18 páginas salieron las mil que en la actualidad integran El ingenio”.

—Es decir, que su vinculación directa a un trabajo eminentemente práctico, como el desplegado en Ve­nezuela, lo dotó de otra visión de nuestro pasado. ¿No es así?

—”Mire… para un historiador verdadero es impor­tantísimo estar atento al momento en que vive. El historiador que se encierra en el pasado, no enten­derá el presente; y tampoco entenderá el pasado. No es casual que las figuras más notables de la his­toriografía universal hayan sido hombres de estado o de empresa… Los creadores del materialismo histórico, no fueron historiadores profesionales. Si llegaron a concretar las leyes históricas fue porque analizaron exhaustivamente su presente: ampliaron sus vivencias hacia el pasado. Utilizaron la historia como arma y herramienta.

La historia como arma

—”Un historiador debe comenzar por comprender su momento, por ver los puntos que el mismo tiene en común con el pasado. Y debemos decir aquí que jamás se comprenderá la vida a menos que se sea un espíritu apasionado. Alejado de la realidad, uti­lizando documentos muertos que en muchos casos han sido previamente expurgados, aislado de la pro­ducción de bienes materiales, un historiador podrá escribir una crónica; pero nunca la verdadera histo­ria”.

—Entonces, usted plantea que el historiador puede analizar el pasado con los criterios de su momento y que no tiene por qué ser un hombre desapasio­nado.

—”En 1967, en un ensayo publicado en la revista de la Casa de las Américas, dije que la historiogra­fía burguesa había establecido como axiomas uni­versales, ciertas premisas como el desapasionamiento del historiador, la imposibilidad de analizar co­rrectamente los sucesos recientes, no decantados por el tiempo, así como la imposibilidad de juzgar el pasado con criterios del presente. Dije en aque­lla oportunidad que estas eran algunas reglas bur­guesas del juego historiográfico. Verdades parciales y, por tanto, mentiras parciales que conducían a un mismo fin: apartar al historiador del contacto con la vida”.

En La historia como arma expresaba Manuel Moreno Fraginals: “Negar la posibilidad del análisis de los hechos recientes muestra el deseo subconsciente de frenar todo estudio que ponga en peligro la estabi­lidad del orden burgués. (…) Historiar lo lejano no crea más problemas a una burguesía gobernante que soportar quizás un leve vendaval sobre sus mitos históricos: exponerse a que alguien, en un libro del cual se editan mil ejemplares y es leído a lo sumo por mil interesados; plantee una tesis contra algo que estudian anualmente en los institutos y univer­sidades, millones de personas. (…) Ahora bien, his­toriar los hechos recientes implica para la burguesía gobernante el peligro de que los historiadores in­vestiguen y denuncien la realidad del presente. Y que dejen plasmado en una obra científica el relato exacto de una situación conocida no sólo a través de los documentos sino también por el posible tes­timonio vivo de los autores del hecho. Y el trabajo con fuentes vivientes —de alguna forma hemos de llamarle— implica la utilización de ciertas técnicas de investigación que enriquecen el instrumental his­toriográfico y abren un mundo extraordinario para ahondar y comprender el pasado. Pero esas moder­nas técnicas tampoco son enseñadas a los historia­dores, y la burguesía las reserva para el análisis de sus mercados y la venta de sus productos. Paralelo a la negativa de investigar hechos recientes, corre la gran mentira parcial de que es imposible analizar el pasado con criterios del presente. Es elemental que las características formales de los diversos pue­blos y las condiciones de cada época difieren entre sí extraordinariamente. Pero hay una serie de cons­tantes históricas que pueden aplicarse siempre, co­mo son la realidad de la lucha de clases y las re­laciones de producción. Y la única forma de com­prender cabalmente las relaciones de producción del pasado, es estudiando las relaciones de producción del presente”.

—Sabemos que La historia como arma fue un en­sayo muy polémico…

—”Cuando escribí ese ensayo pensaba en el pro­blema historiográfico en sí y me enfrentaba a pro­yecciones de enseñanza muy tradicional que todavía estaban entronizadas en algunos de nuestros cen­tros de estudio. Nuestra pésima historiografía fue producto de nuestro coloniaje. No puede culparse a nadie. Sin embargo, algunos colegas pensaron que el ensayo iba dirigido contra ellos. Nada más falso. Si La historia como arma fue polémico, se debió a que fue mal entendido. Mire… es tanto lo que hay que hacer en nuestro país en el terreno intelectual que más que estúpido, es criminal emplear un solo renglón en discutir problemas particulares”.

—¿Cuál es, Moreno Fraginals, el papel del historia­dor en Cuba?

—”Durante mucho tiempo sufrimos los dogmas sen­tados por la historiografía burguesa, dogmas como el antiespañolismo, el escamoteo del problema ne­gro, la presentación de la burguesía como grupo crea­dor de la nacionalidad… Durante decenas de años la historia de Cuba fue lo que el general Miguel Ta­cón le dijo a José Antonio Saco y lo que éste le res­pondió a aquél. De ahí que algunos menosprecien la utilidad, el valor de la historia, que no la consi­deren más que un lujo, un collar que una mujer puede ponerse o no y que de todas maneras no cons­tituirá lo esencial de su ser. Debemos decir que tienen razón porque esta historia —crónica— no sirve para nada o para muy poco. La que en rea­lidad es útil es la verdadera historia: las leyes ge­nerales del proceso de la evolución de la humani­dad, el inventario de los valores y los índices de los patrones de comportamiento. Aunque se me con­sidere exagerado, creo incluso no puede haber eco­nomía planificada sin historia. Una verdadera his­toria de Cuba nos entregaría, por ejemplo, los há­bitos dietéticos de nuestro pueblo y los módulos de comportamiento, a través de los años, del campe­sino y del obrero ante la máquina, así como las ma­nifestaciones religiosas, sociales y de otra Índole.

“He dicho que no se puede escribir la historia nue­va con materiales viejos. Nos ha tocado una tarea muy dura. Tuvimos que aprender la historia tradi­cional de nuestro país, detectar en ella todo lo que había de falso y simultáneamente, llevar a cabo un proceso para desaprender lo aprendido.

“Han surgido en la historiografía cubana nuevos cua­dros —José A. Tabares, Carlos del Toro, entre otros— que marcan un desarrollo, un despegue. Se ha avanzado mucho; pero aún lo que queda por ha­cer es monstruoso. Yo, personalmente, me siento optimista”.

Notas de LIBRINSULA: Tomado de la Revista cuba internacional Mayo 1975. Fondos Sala General BNCJM. Caricatura de Juan David. Tomado de la revista Cuba internacional. Mayo 1975. Fondos Sala General BNCJM