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September 27, 2016 – 12:21 am

Emilio Ichikawa
Si alguien le dice que Jorge Hernández fue fichado por una de las cadenas hispanas de televisión más importantes de EEUU para analizar el debate Hillary – Trump, créale. No le están mintiendo. Solo …

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Deslealtad y aspereza críticas

Submitted by on September 10, 2015 – 4:01 am

Emilio Ichikawa

1-Deslealtad crítica: Los viejos parodistas del régimen soviético contaban, como ejemplo de adulación desmedida al Secretario General del Partido, que concluyendo un señero congreso de cultura, y para anotarse unos puntos por encima de los demás camaradas, un poeta se tomó la palabra y dijo: “No puedo entender que culminemos una reunión como esta sin felicitar a la persona que más ha hecho por nuestro arte soviético: el Camarada Stalin”.

El resto de los delegados, ya aventajados por el combativo orador, no tuvo otro remedio que despachar de inmediato una salva de aplausos. Pero grande sería la sorpresa del listo adulador, cuando de repente otro asistente se toma el turno y dice: “Admiro las palabras del camarada que felicitó a nuestro Gran Stalin, pero de poco sirve un agradecimiento en abstracto si no se dan pasos prácticos para implementarlos; como nos enseñó el inmortal Lenin. Por eso camaradas, les propongo crear en este mismo instante el Premio Stalin por el Valor de la Cultura”.

Los aplausos a este camarada, acompañados de “hurras”, doblaban con creces los que había merecido el primer entusiasta; que de la admiración había pasado a recibir incluso miraditas de recelo por su vacuo halago (¿una burla?) al Camarada Stalin.

Pero cuando más satisfecho estaba, el subidor de la parada vio levantarse de su silla a un tercer camarada, e inmediatamente olió su hundimiento: “Si damos por creado el Premio Stalin por el Valor de la Cultura, yo propongo en nombre de los demás compañeros que la primera persona en recibir ese Premio Stalin, sea el propio Camarada Stalin”. Entonces Stalin se puso de pie, agradeció la entrega de ese “inmerecido galardón” y se formó una apoteosis tal que el proponente fue alzado en hombros.

Además de dominar perfectamente una de las técnicas para ascender en la escala de competencia planteada por la sociedad totalitaria, la sucesión de intervenciones es un ejemplo de la “institucionalización de la deslealtad” en la mecánica del comunismo real, donde para triunfar no es preciso crear sino encaramarse en algo que previamente ha creado un compañero.

Recientemente, en un programa de participación en un medio de Miami, un panelista dijo: “… Y yo a Castro no le digo Presidente, le digo dictador, lo que realmente es”. El señor se sonreía ufano por su radicalización lingüística, cuando desde su lado alguien le sacó el sable: “En la historia del mundo hubo dictadores que hicieron cosas buenas para sus países, como Franco y Pinochet; así que decirle dictador a Castro es como halagarlo; para mí (y cada cual puede pensar lo que quiera porque estamos en una democracia) ese adefesio es un dictadorzuelo”. Para desgracia del numerista, con cierta furia un tercer contertulio gritó: “Ya estoy cansado de palabritas, Castro no es un dictador ni un dictadorzuelo, es un asesino hijodeputa”; frase por la que recibió la sonrisa aprobatoria de los otros participantes.

Esta segunda anécdota, situada en Miami, funciona para dos cosas. Primero: la reedición en Miami de la lógica con que procedían los delegados soviéticos en su congreso puede demostrar que la “institucionalización de la deslealtad” no es algo privativo de la sociedad totalitaria; o que sí lo es, pero se ha importado en Miami desde la isla. En segundo lugar, el relato permite presentar la cuestión de la aspereza.

2-Aspereza crítica: Cuando un grupo político decide que no es suficiente con denunciar a un gobierno o rival político a través de artículos y conferencias, sino que es necesario manifestarse en las calles; o cuando una vez en la calle se da cuenta que es preciso ganar elecciones o tomar las armas e irse al bosque a pelear; ese proceso de radicalización política generalmente se acompaña de un endurecimiento del lenguaje; derivado, o en relación, con el hecho de que uno ya no solo quiere debatir o conseguir más votos que el enemigo-contrincante, sino que está dispuesto a matarlo.

Lo que pasa en el panorama “político” cubano actual, específicamente en Miami, es que produce en las personas una fuerte radicalización en el uso de la palabra, pero sin que ese endurecimiento esté sustentado en un correlativo endurecimiento del método político práctico; de la forma o técnica de ejercer lo político. El caso más comentado últimamente en Miami es el de Julio Shilling, un pan de hombre que se apareció en Miami con una mansa asociación martiana, un habitual tertuliano de la televisión local que de repente, sin que se le conozca un entrenamiento militar en los Everglades o haber pasado un curso de química aplicada a la construcción de cocteles molotov, se re-produjo como “durísimo defensor” de cualquier método de lucha para derrocar la tiranía cubana. Y “cualquier método” es cualquier método: magnicidio, armas químicas, bombas atómicas… y twitter, por supuesto.

Para terminar quiero anotar que esta aspereza crítica, que ya es como una jerga para socializar, también se está usando contra la oposición/disidencia cubana. Es más, algunas personas se quejan de que hoy por hoy los opositores reciben más críticas que los funcionarios cubanos. Y es cierto, es más fácil encontrarse en la prensa una crítica a Berta Soler, a Elizardo Sánchez o al Coco Fariñas; que a Mercedes López Acea, Lázaro Expósito o Torres Iribar.

Pero es lógico que así sea; porque a quienes se ha estado proponiendo, más bien metiéndolos por los ojos, como nuevos salvadores de la Patria y artífices de la democracia son precisamente a los opositores, no a los funcionarios oficialistas. La gente no se siente estafada por gestores comunistas de nivel provincial o municipal sino por los opositores cubanos carentes de coherencia y consentidos por la prensa internacional sin que tengan otro mérito que la emisión incontenida de palabras vacías; dolencia conocida como graforrea.

El gran pecado compartido por opositores y oficialistas en este proceso abierto tras el 17 de diciembre de 2014 es que, al insistir en la vieja confrontación y no intentar cambiar la mentalidad, están convirtiendo lo cubano en un tema peligrosamente aburrido.

IMAGEN: Tomada de colewebbharter