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September 26, 2016 – 5:35 am

I)-“Fidel Castro: ¿Uribe?
Uribe: ¿Sí?
Fidel Castro: ¡Aaaah! ¡Sabía que ibas a estar despierto! ¡Eres un ave nocturna como yo!”
El presidente Castro y yo nos llevábamos muy bien –para sorpresa de algunos, y en los últimos años …

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El testimonio de Pérez Molina, el Chapo Guzmán y el remate mediático

Submitted by on September 5, 2015 – 3:23 am

Emilio Ichikawa

Aunque parte de la izquierda latinoamericana trazó inmediatamente un paralelo entre la “destitución” de Mel Zelaya en Honduras y la de Fernando Lugo en Paraguay, se plegó mucho más rápido en este segundo caso a la realidad del cambio en el poder.

Cierto también que se hicieron los gestos de oficio: Desde La Habana Raúl Castro calificó la salida de Lugo como un “golpe de estado parlamentario”; y un joven académico agiló con puntería al hablar de “golpe de estado destitucional”; porque a diferencia de Zelaya que fue sacado de su casa en pijama por el ex General Romeo Vázquez, Lugo fue abducido del poder en una tanguita confeccionada con retazos de la Constitución paraguaya.

Otra diferencia radica en que mientras a Roberto Micheletti, sucesor de Zelaya, se le podía calificar sin lugar a dudas como derechista y anticomunista (él mismo ayudaba mucho es esto con sus observaciones), no se podía hacer lo mismo con el sucesor de Lugo, el elusivo señor Federico Franco; aunque Nicolás Maduro y Cristina Fernández le chutaron frontalmente y sin efecto con la zurda.

Con este escenario, cuando en abril de 2013 el empresario Horacio Cartes gana la presidencia de Paraguay con el voto “colorado”, la mayoría de los gobernantes latinoamericanos de izquierda le pusieron buena cara; a pesar de que Cartes aplicaba técnicamente para eso que se conoce como político de “derecha”.

En Miami se da una situación graciosa y hay que reconocer que no exenta de racionalidad: Cuando en Latinoamérica es electo un gobernante de izquierda hay cabreo; y cuando se elije uno de derecha no se celebra.

A propósito de esto anoté el 23 de abril de 2013: “… tendríamos que preguntarnos entonces cuán de derecha es realmente el derechista Horacio Cartes. Como mismo nos preguntamos por el derechismo del Presidente de derecha Sebastián Piñera de Chile, de Ricardo Martinelli de Panamá y de Otto Pérez Molina de Guatemala.”

Aquí llegamos al punto que me interesa hoy: el de la renuncia este jueves 3 de agosto (2015), por un escándalo de corrupción (específicamente de defraudación aduanera), del ex Presidente de Guatemala Otto Pérez Molina.

Ante ese hecho el exilio anticastrista está en una situación ambivalente. Por un lado debería celebrar la salida de Pérez Molina, pues su renuncia estuvo precedida por una intensa agitación en su contra en las redes sociales, lo que prueba la eficacia de un método que la oposición/disidencia cubana ha aupado en los últimos años. Y no solo para derrocar a Castro, que en fin de cuentas es solo un caudillo caribeño; todos recuerdan que Yoani Sánchez, Ernesto Hernández Busto y Alberto Muller quisieron cargarse por Facebook a la teocracia iraní, que es como decir a los herederos del imperio de Darío y Jerjes.

Pero por otra parte, y a pesar de que el proceso que terminó con la renuncia de Pérez Molina aplica en varios puntos para lo que pudiera llamarse una “primavera guatemalteca” o “revolución blanquiazul”, el exilio anticastrista no puede celebrarlo con pleno gusto pues el presidente saliente de Guatemala era un gobernante de “derecha”. Un ex militar, que a pesar de que solo se pierde un corto tramo de su mandato (en Guatemala hay elecciones generales mañana domingo), y que tenía puntos liberales en su agenda como la legalización de la droga, o que criticaba el embargo de EEUU a Cuba, tampoco pertenecía al radio de acción de los llamados socialistas del Siglo XXI.

Adicionalmente habría que considerar que en octubre de 2013 Otto Pérez Molina recibió las llaves del Condado Miami Dade de manos del Vicealcalde Genaro Iglesias, jefe de staff del Alcalde Carlos Gimenez. Casi un amigo.

También sería el colmo que el anticastrismo miamense saliera a las calles a celebrar una movida que Rigoberta Menchú ha calificado aprobatoriamente como “victoria cívica”.

El periódico guatemalteco Prensa Libre posee una división de televisión que transmitió ayer, en vivo, el testimonio de más de una hora del ex Presidente Otto Pérez Molina sobre el “Caso Línea”. Se le vio tranquilo y generalmente acertado, pues las “pruebas” presentadas por la fiscalía eran pinchazos telefónicos que no acreditaban razonablemente las alegaciones contra el ex Presidente.

Como sea, la “condena” de Pérez Molina es mediáticamente irreversible. Es un hecho. Si se tratara de un gobernante a la izquierda (como Dilma Rousseff, por ejemplo), la opinión de izquierda hubiera cantado por todo lo alto un “golpe de estado moral”, “mediático” o “judicial”; pero la derecha no tiene voz porque está acomplejada y chantajeada por la victoria axiológica de la socialdemocracia global. Gran parte del anticastrismo cubano-miamense de hoy es rehén de los credos de Esparta.

En su alegato el ex Presidente Otto Pérez Molina recurrió al desesperado recurso de recordar que la primera vez que se capturó al Chapo Guzmán fue en Guatemala; mediante un operativo que él mismo dirigió siendo militar en activo. Hay por lo menos dos mensajes implícitos en su impostura. Primero: Si Pérez Molina hubiera querido enriquecerse hubiera negociado al Chapo, y no lo hizo. Segundo: Los norteamericanos deben recordar que fue un buen colaborador. Pero esto de nada sirve porque la condena política se ha consumado. De hecho el Juez Miguel Ángel Gálvez no se pronunciará sobre el caso hasta el martes 8 de septiembre; cuando las elecciones se hayan realizado y Guatemala tenga un nuevo Presidente, o se esté recomponiendo para una segunda vuelta.

IMAGEN: El ex Presidente de Guatemala Otto Pérez Molina, custodiado: Prensa Libre / Esbin García