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Ciencia y gobierno

Submitted by on August 31, 2015 – 9:02 am

Emilio Ichikawa

En la biblioteca de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana se pueden encontrar varios trabajos de curso (papers) y al menos una tesis de grado dedicados al estudio de los pronunciamientos de Fidel Castro sobre el desarrollo de la ciencia en Cuba. Las editoriales de la isla han publicado selecciones temáticas de los discursos de Fidel Castro bajo el rótulo de “Fidel y la ciencia”, mientras el departamento de propaganda del PCC ha llenado la isla de vallas y carteles canonizando una de sus frases más conocidas: “El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia…”, pronunciada ante un grupo de espeleólogos y miembros de la Academia de Ciencias en fecha tan temprana como enero 15 de 1960

Fidel Castro entronca en esa pretensión utópica de fundar una nación en la inteligencia científica con un linaje de grandes dictadores americanos como Juan Domingo Perón y Getulio Vargas; sobre el que hay que agregar el proyecto nuclear de la junta militar de 1964 en Brasil, que pensó un desarrollo científico que no dependiera de los suministros desde el exterior.

Aun cuando varios de esos mega proyectos científico tecnológicos fracasaron (en el caso cubano es antológico lo sucedido con el plan nuclear en Cienfuegos; y en el argentino con el Proyecto Huemul del Dr. Ronald Richter-Video “History Channel”), esos dictadores no estaban pensando en desarrollar el saber vernáculo o la ciencia aplicada: querían que en sus países se produjera ciencia del primer mundo. Así que dedicaron muchos recursos (algunos dicen que demasiados) a la “investigación fundamental”, la innovación y la inscripción de patentes.

A Fidel Castro le dio un día por producir Interferón y al siguiente el Comedor Machado de la Universidad de La Habana estada cerrado porque había comenzado una modernización de los laboratorios de la Facultad de Química. La Facultad de Farmacia pasó a ocupar un lugar mimado en la estructura universitaria y se desarrollaron facilidades en La Coronela, área suburbana del municipio La Lisa en los límites de lo que se bautizó como “polo científico”.

Por supuesto que la política que impulsó todo eso fue autoritaria y dirigista. Fidel Castro no consultó sus propósitos con las instituciones administrativas vigentes; no buscó soporte en la Asamblea Nacional o el Consejo de Ministros; seguramente ni le preguntó a la Academia de Ciencias de Cuba ni al Rector de la Universidad de La Habana… Pero sí consultaba a los científicos, entre los que llegó a tener gran estima; puede que estos hayan adulado al Comandante para lograr fondos para sus proyectos; como otros cabildearon millones ante Roosevelt y Churchill.

No es difícil encontrar una foto de Fidel Castro visitando el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CENIC); de hecho su “resurrección” pública se produjo en el CENIC el 7 de julio de 2010, reportado en exclusiva por el sitio “Islamia”. Es más difícil encontrar fotos de Raúl Castro en centros de investigación.

Y es que Raúl Castro tiene menos grandeza política y precisamente por ello incurre en menos yerros mesiánicos. Raúl Castro no centra su política económica en el desarrollo científico sino en la industria de los servicios y el comercio (intermediario). Con lo que, entonces sí, reubica a la isla en sus orígenes paleo coloniales, fijándola al marco destinal del mediterráneo caribeño.

El recogimiento cultural que respecto al fidelismo supone el raulismo en su entronque con la economía de servicios paleo colonial, puede advertirse en el replanteo de la Bahía de La Habana en pos del turismo y en detrimento de actividades más ligadas a lo productivo cedidas al Puerto de El Mariel. Y en la decisión de reducir las asignaciones para investigación científica en el presupuesto del estado. Un tema que merece atención aparte.

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