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September 25, 2016 – 11:24 am

Emilio Ichikawa
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El legado de Fidel Castro: Hacia el centro del debate

Submitted by on August 28, 2015 – 3:44 am

Emilio Ichikawa

“No moverás los linderos de donde los pusieron tus padres”

(Proverbios)

El pasado lunes 24 de agosto (2015) fue un día de corrimiento de cercados. Amanecimos con postes y alambradas sobre los hombros y, ya en la tarde, estaban enterrados indicando las nuevas fronteras resultantes del cotejo de los hijos con los padres.

Ese lunes explotó que el rapetonero Osmany García había hecho un elogio de Raúl Castro, entre otras cosas porque su reforma o actualización migratoria había contenido las muertes de cubanos en el mar, intentando llegar ilegalmente a Estados Unidos. Aunque el halago a Raúl Castro suponía una crítica a Fidel Castro, la opinión pública cogió por un atajo de las declaraciones de García, quien fue reducido a ofensor del exilio histórico.

A propósito de las declaraciones de Osmany García, en la edición del lunes 24 del programa “Arrebatados”, que conduce la periodista María Laria para el Canal 41 América Tevé, Fructuoso Rodríguez Jr. dijo que en Miami se había sufrido mucho y que al exilio histórico había que respetarlo. Momento que aprovechó para marcar vehementemente un lindero. Señaló el hijo del mártir revolucionario de Humboldt 7: “Cuando yo llegué a Miami Alberto Hernández me dio de comer, y Luis Zúñiga me regaló mi primer juego de cubiertos”.

No pocos de los compañeros del mártir Fructuoso Rodríguez califican a Hernández y Zúñiga, los protectores de Fructuosito, como “terroristas” o como gente que “apoya el terrorismo contra Cuba” .

Más interesante fue la contribución de la panelista Midiala Rosales, quien resolvió con una astuta argucia la contradicción en que habían caído otros contertulios (como el propio Fructuoso Jr.), quienes por una parte defendían la superioridad de la tacita de oro de la República, a la vez que elogiaban el empeño de los revolucionarios por echarla abajo. La salida de Rosales fue espectacular: “Que se intentara revolucionar un estado de cosas que se consideraba bueno, demuestra que aquellos cubanos pensaban que todo se podía mejorar”. Por eso muchos de los que vinieron a Miami habrían luchado junto a Fidel Castro, precisamente contra la República: para “perfeccionarla”.

Casi a la misma hora de ese lunes 24 de Agosto también se movían y fijaban linderos en el programa “La tarde se mueve”, conducido por el periodista Edmundo García; teniendo ese día como invitado a Arturo López-Levy. En su intervención López-Levy cuenta que estuvo en una fiesta con descendientes de cubanoamericanos, agregando que “… recuerdo que dije en un momento que para mí el balance de la figura de Fidel es de 70 positivo hacia arriba”.

Es decir, que en el tema del legado de Fidel Castro Arturo López-Levy puso la marca 20 puntos por encima del medio, pero 30 por debajo del máximo. Como el propio López-Levy supuso, Edmundo García se sintió retado y también clavó su lindero: “El tema de Fidel para mí es una línea roja, que conmigo es difícil cruzarla porque enseguida me exacerbo, porque para mí Fidel es de 150 para arriba de 100 posibles”.  

Parece que López-Levy había previsto una situación semejante, y minutos antes había erigido un muro auto protector: “… yo he podido detectar algunas empresas (y no voy a decir el nombre por privacidad) de comunicaciones, que han ofrecido hasta servicios gratis en Cuba, y cuando ellos me han pedido a mí de consultor les he dicho, así con claridad: ‘En el contrato debe decir que cualquier programa o actividad que tenga vínculos con la Ley Helms-Burton, yo tengo que ser excluido’; porque yo no colaboro bajo ningún concepto… yo no soy de la raza vendible…”.

Precisamente en un artículo referido en “La tarde se mueve”, de la joven cubanoamericana Gabriela García-Ugalde, hija del ex congresista Joe García e invitada a una reunión con el Secretario de Estado John Kerry en La Habana, se desliza un ilustrativo párrafo que participa del problema del legado fidelista en el presente y el futuro cubano; al menos para celebridades, políticos e intelectuales que inevitablemente han de participar en la esfera pública. Dice el párrafo de García-Ugalde: “The separation of the United States and Cuba in 1959 as the Revolution turned communist was like a violent, terrible divorce, and the surviving children of both places have been indelibly marked by the experience. There are hundreds of thousands of stories of terrible sadness on this side of the ocean.

En los dispares momentos recogidos en este apunte se percibe cierta racionalidad compartida: Los cubanoamericanos que defienden una política de acercamiento con la isla están urgidos de negociar un periodo de tiempo situado entre 1959 y alguna fecha posterior, en que simpatizar con la Revolución Cubana pueda considerarse como una postura mínimamente justificada.

El lindero posterior, que unos u otros quisieran poner en octubre de 1960, en abril de 1961, en octubre de 1962… o incluso en junio de 1989, con la Causa No.1 contra el General Ochoa, está llamado a funcionar como un punto de no retorno a partir del cual estar con la Revolución empieza a ser injustificable.

¿Y qué es lo que hace que en un determinado momento aquella revolución buena se torne maléfica? Pues básicamente la iniciativa e imaginación política de Fidel Castro. Ese es hoy el rol cultural del Comandante en Jefe: simbolizar un momento (variable en el tiempo) donde la propia Revolución Cubana muta y empieza a involucionar contra sí misma.

Como hoy existe un diálogo entre cubanoamericanos y funcionarios de la isla, el significado de Fidel Castro en este más de medio siglo de historia tiene consecuencias prácticas. El juicio sobre Fidel Castro posee varios niveles: científico, moral, político… los cubanoamericanos saben que ese significado se puede negociar; mientras en ese tema las fuerzas del lado de la Revolución parecen decididas a no ceder demasiado.

IMAGEN: RR/Carlos Sanabia