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September 25, 2016 – 11:24 am

Emilio Ichikawa
En entrevista con Amaury Pérez Vidal, ante una pregunta obvia, Reinaldo Taladrid se auto victimiza a la ofensiva y despacha esta soberbia frase: “si quieren considerarme arrastrable, con orgullo me pongo una medallita aquí, …

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Masividad y pelota amateur en Cuba

Submitted by on August 27, 2015 – 2:47 am

Andrés Pascual

Un ejemplo entre el ayer-hoy del resultado práctico de la masividad: Napoleón Reyes (foto), el segunda base regular del equipo Cuba durante dos años del período de la Edad de Oro del amateurismo, saltó en 1941; pero Mario Fajo y Leandro Pazos hicieron olvidar al oriental que jugaba para la Universidad.

Andrés Fleitas no solo era el catcher regular, sino un artillero que se desplazaba entre el tercero y el cuarto en el orden al bate de equipos Cuba, saltó en 1942; pero otros receptores ocuparon su puesto con resultados satisfactorios. El zurdo Agapito Mayor concurrió a los Juegos Centroamericanos de 1938, cuando terminaron, cambió el uniforme del 6to. Regimiento de la Liga Interfuerzas Armadas por el color azul del glorioso alacrán, lo mismo ocurrió con Roberto Ortiz.

Entre 1938 y 1945 saltaron todos los grandes estrellas del pitcheo amateur de Cuba, el mejor del área y material de Grandes Ligas la mayoría: Adrián Zabala, Wito Alomá, Tomás Echevarría (no saltó), Marrero, Moreno, Limonar, Consuegra, Natilla, Antonio Estrella, Isidoro León, Daniel Parra…Saltaron los shortstops, los outfielders, los intermedistas, los antesalistas…y se seguía ganando.

Hay un problema, los únicos peloteros negros que engrosaban el equipo verdaderamente cubano y de aficionados, tenían que ser de la Liga Interfuerzas Armadas y eran seleccionados cuando la DGD se encargaba de confeccionarlo; entonces los únicos jugadores sepias fueron Carlos Colás, catcher, Rafael “Villa” Cabrera, catcher y outfielder y los jugadores de cuadro Pedro “Charolito” Orta y Catalino Ramos, los tres últimos de Pinar del Rio por el Regimiento 7mo; en 1945 integró el equipo un mulato muy claro de Regla, Huevito Rodríguez y otro negro de Ranchuelo, Pablo García.

Ningún jugador profesional de raza blanca integraba los equipos Cuba ni negro tampoco; así, ni Cocaína García ni Ramón Bragaña ni Avelino Cañizares ni Formental ni Sungo Pedroso ni Brujo Rossell ni Silvio García ni Alejandro Crespo ni Pedro Pagés ni Claro Duany ni Héctor Rodríguez… podían soñar con integrar, por su clasificación, un equipo nacional amateur; tampoco Roberto Estalella ni Gilberto Torres ni Fermín Guerra ni René Monteagudo ni Tomás de la Cruz ni Salvador Hernández ni Santiaguito Ulrich ni Tony Castaño ni muchos blancos más.

Las estrellas del béisbol cubano profesional no podían ni soñar, en aquella época, con integrar un plantel aficionado para representar a Cuba; pero no se perdía, aún así, el “trabuco” del evento amateur era la selección cubana.

¿A qué se debía eso? Al desarrollo, a la masividad, que, en 1958, ponía sobre el terreno a más de 100,000 peloteros de todas las categorías en el país; como contrapartida, en 1985 solo 10,800 en toda Cuba y de una sola categoría ajustada: profesional de estado, hoy juegan menos.

El estancamiento es otra cosa, es obligar a la pérdida de facultades al jugador que las tiene, sometiéndolo a un nivel poco competitivo en el cual no se esforzará ni hará lo posible por aprender, porque no lo necesita para brillar.

¿Se puede comparar la cantidad de jugadores que han decidido convertirse en profesionales últimamente con todos aquellos que, en Cuba antes de Castro, no podían representar al país por su status profesional? Entonces, ¿Por qué no pueden ganar?

Hay otro detalle, Pedro Ramos, Orestes Miñoso, Edmundo Amorós, Orlando Peña o Camilo Pascual, tres de los mejores pitchers cubanos de todos los tiempos y dos de los grandes outfielders, no jugaron amateurs, saltaron del placer, la pelota juvenil o la semipro directo al profesionalismo, como Cisco Campos y Luis Tiant también.

Hoy no ganan porque ya no hay cantera, no hay de donde sacar ni cómo hacer una pelota fuerte sin la competencia ni la participación profesional, paralela al estilo de antes de 1960 que, como otro elemento de grandeza y superioridad, tiene los resultados en Series del Caribe.

Desde 1962 se lleva lo mejor del país, pero hace casi 10 años que no pueden ganar en ninguna categoría, desde infantiles a profesionales de estado; si hubiera que rotar un día a los jugadores ¿Qué pasaría? ¿De dónde saldrían los 20 jugadores con los que, tal vez, se le pudiera ganar a Sierra Leona si se le ocurriera asistir a un evento?

En Cuba no hay voluntad ni interés por rescatar la fuerza y la trascendencia histórica del beisbol, sencillamente, no hay como y, posiblemente, el castrocomunismo creó las bases del debilitamiento de la pelota con el fin de decepcionar al fanático, para cuando abandone el estadio en el número que ya deben tener calculado, dar por terminado ese capítulo costoso e ideológicamente peligroso contra el sistema en los tiempos que corren, lo intentaron en 5 oportunidades provocando las entregas de juegos por dinero de apostadores; sin embargo, un fanatismo sin otra opción de entretenimiento diurna o nocturna, se mantuvo obligado en el compromiso con el beisbol, a pesar de la corrupción del juego de tantos que nadie sabe cuántos fueron. Pero ahora tienen el balompié para entretenerse… ¿Sabrá algún bloguero, periodista o analista de nueva factura, de aquí o de Cuba, que en la Liga Cubana existía un club al cual una Organización de Grandes Ligas le enviaba sus jugadores jóvenes para corregirle defectos, que la opinión del dueño-manager decidía si el novato debutaba o no ese año en las Mayores?

Incluso si se quedaba como miembro oficial de los  Cardenales de San Luis durante la temporada o si lo invitaban al entrenamiento, la única opinión válida era la del ex catcher cubano Miguel Angel González, dueño de los Leones del Habana.

¿Conocen qué fue la Liga del Pasillo? ¿Sabrán que esa sección del estadio del Cerro, entre home y tercera, conocida como Liga del Pasillo y bautizada así por el legendario Malayo, fue el factor determinante del dominio cubano de todos los torneos profesionales del área? No es que todos los blogueros o los cronistas sean castro-comunistas ni malas personas, pero algunos sitios como COCO, con una batería de oficialistas que sí son malos y comunistas, están empleando lo que dicen los exiliados en sus blogs para justificar allá, en algunos casos he leído: “tomado de publicaciones amigas”, o “hermanas”. 

La situación es tan grave que la victoria de milagro en la Serie del Caribe de este año no produjo una fiesta más grande que la del 26 de julio; no se arriesgaron a decir que se superaron todos los problemas y los analistas, a disposición de la mentira para seguir confundiendo en medio del poco seso para ver las cosas, de un lado, o de su fanatismo por el castro-comunismo, del otro, no pudieron unirse a la celebración de plañideras en la cual las alabanzas, por exageradas, han sido el padre y la madre de la ridiculez. 

¿Lo peor del caso? Que una batería de oportunistas desfasados en cuanto a la historia del beisbol cubano crean, manejen y propagandicen lo que Castro y el Partido han querido en cuanto al béisbol, que todo cubano, allá o aquí, facturado y empaquetado por el castrismo, no solo crea que Linares y Marquetti eran mejores que Ted Williams, sino que la pelota la inventó el tirano-dictador hace 56 años.

Por lo menos eso es lo que se lee entrelíneas, pese al desastre, es lo que se pretende imponer o ¿No ha escuchado a un fanático kubanoide decir que Vinent es “lo mejor de todos los tiempos”? Aunque, si lee a Jorge Ebro o a Marino Martínez en el Nuevo Granma de El Doral, se le cae la baba, seguro que se le cae…