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September 28, 2016 – 2:52 pm

Jorge Riopedre
Hace unos cuantos años, cuando se produjo el “desmerengamiento” de la Unión Soviética, nos tocó a nosotros reír de buena gana por un vuelco tan inesperado que ni los mejores cartógrafos políticos podían predecir: …

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Arranca con mal pie la revista Cuban Studies en su “nueva” etapa

Submitted by on August 23, 2015 – 2:20 am

Emilio Ichikawa

La revista Cuban Studies comienza erráticamente el mercadeo en esta nueva etapa de su existencia con la publicación en El Nuevo Herald (sábado 22 de agosto, 2015) de Miami del artículo-reseña de la periodista Nora Gámez Torres titulado “La mortalidad infantil en Cuba: Un mito bajo la lupa”.

El trabajo de Cuban Studies (número 43) que Gámez Torres selecciona para centrar su reseña no es casual para un periódico como El Nuevo Herald, pues coincide temáticamente con una de las “denuncias” más viejas (y depreciadas por las organizaciones internacionales de salud) de la oposición anticastrista: que el gobierno cubano manipula a su favor las estadísticas del Sistema Nacional de Salud Pública, en este caso las relativas a la tasa de natalidad.  

Gámez Torres escoge el artículo titulado “Infant Mortality in Cuba: Myth and Reality” que no está escrito por un médico, ni un estadístico, ni un trabajador social de la salud, sino por un estudiante de doctorado en economía (PhD candidate in Economics) de la Universidad de Carolina del Norte-Chapel Hill llamado Roberto H. González.

La introducción de la “H.” en el nombre del estudiante (que no usa en otras referencias biográficas, ni siquiera en la de Chapel Hill), evita que el lector miamense se haga la pregunta inevitable: ¿Y ese Roberto González es el profesor cubanoamericano que enseña o enseñaba crítica literaria en Yale?  

La treta de El Nuevo Herald consiste esta vez en pasar la denuncia anticastrista en nombre de la ciencia y no de la justicia y la moralidad. Algo parecido, aunque en un sentido (en apariencia) ideológicamente inverso, a lo que sucede en los casos en que se contrata los servicios de profesores y académicos para promover los viajes a la isla. Al final, estos dicen lo mismo que los turoperadores y los dueños de agencias de viajes a Cuba, solo que bajo la coartada de desinteresada objetividad que ofrece la “ciencia”.

Esto demuestra que El Nueva Herald no toma en cuenta que la definición de la ciencia como una calzada pura, honesta y “heroica” donde rige la verdad, es un ideal del positivismo del Siglo XIX ya superado por el post-estructuralismo y los estudios sociales de las ciencias. Por demás, proponer que la mentada publicación es la mejor revista “científica” sobre Estudios Cubanos es algo ridículo; sencillamente porque tal cosa, Estudios Cubanos, es en el mejor de los casos una sabiduría discursiva, pero carente de estatuto epistémico de cientificidad.

Que el artículo del estudiante postgraduado Roberto H. González contiene idolología directa bajo coartada cientificista, lo demuestra la propia lectura de Gámez Torres, quien lanza la analogía: “González, no obstante, llama la atención sobre la detección de esta misma tendencia en la antigua Unión Soviética y la existencia de un incentivo para que las autoridades pudieran estar alterando las cifras…”.

La politización queda también al descubierto por el propio esfuerzo que hace el nuevo director de Cuban Studies, Alejandro de la Fuente, precisamente en desmarcar el texto de la justificada sospecha de predeterminación. De la Fuente pone el parche antes que salga el huraco: “Siempre se ha hablado de mortalidad infantil como un tema político.” Y más adelante agrega con jerga de trovador provenzal: “La revista no huye de los temas polémicos, los abraza y les quiere…”.

Pero polémicos no solo son los temas de la revista, sino también su propio director. Diletante o enciclopédico, Alejandro de la Fuente lo mismo usurpa con blanconazo oportunismo la defensa de la afro-cubanidad a los negros auténticos, que pretende convertirse en curador y crítico de arte cuando la plástica cubana recibe un puesto en la corriente principal del intercambio académico; escamoteando esa tarea a especialistas en arte más capaces y con más currículo que él.

La percepción ideológica de Alejandro de la Fuente es tan comprometida como variable. Mientras unos lo ven como promotor de un cambio en Cuba, otros lo perciben (por lo menos) como un simpatizante del régimen castrista. Un ejemplo de esto es la reseña biográfica que el Dr. Antonio de la Cova publica en su sitio “Latinamericansudies.org”: “Alejandro y José de la Fuente García – Hijos de José Bartolomé de la Fuente Menéndez, viceministro del Ministerio de Comercio Exterior de la dictadura castrista. Alejandro en 1985 se graduó en Derecho de la Universidad de La Habana y durante los próximos dos años trabajó para el Instituto de Ciencias Sociales y para el procurador general del gobierno cubano. En 1989, fue a estudiar en España y tres años después pasó a realizar el doctorado en historia en la Universidad de PittsburghSu hermano José fue director del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología del gobierno cubano antes de ‘desertar’ en 1999. Ahora aboga por viajar a la isla.”

El verdadero objetivo de El Nuevo Herald no es hablar de ciencia ni de Cuba, sino promover la revista Cuban Studies e insinuarle al lector miamense que se trata de algo nuevo. Escribe Gámez Torres: “El hecho de que el estudio aparezca en el más reciente número de Cuban Studies (el número 43), una revista que ahora se edita desde la Universidad de Harvard…, confiere credibilidad a un estudio con un tema de por sí, controversial.” El lector puede leer lo que trae el número 43 de Cuban Studies y responder por sí mismo si de verdad predomina lo “nuevo”.

Para legitimar la selección (y no tanto para concebirla en equipo), Alejandro de la Fuente fichó a un desproporcionado “consejo de redacción”, parte del cual asegura no haber sido consultado debidamente para la edición, ni tener compromiso de fondo con ella. La edición muestra síntomas muy preocupantes, como cierta complicidad logotribal y sucesión dinástica; algo que en contextos no-cubanos se enfoca llanamente como indicadores de corrupción intelectual.

Como sea, la revista Cuban Studies tiene categoría académica (de lo que careció incluso la revista Encuentro de la Cultura Cubana en los mejores tiempos de su edición en papel) y permite a los profesores e investigadores cubanos satisfacer en sus páginas los requisitos evaluativos que, de no existir, tendrían que cumplir en otras publicaciones más rigurosas o sectarias, y distantes del acrítico gremio cubano.

IMAGEN: Portada del número 43 de Cuban Studies: muse.jhu.edu