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Cuba-EEUU: Capicúa y “división de poderes”

Submitted by on August 15, 2015 – 9:12 am

Emilio Ichikawa

Desde el centro ejecutor a la periferia espectadora, el proceso que finalmente condujo al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU ha implicado a muchas personas. Sin embargo, mostrar simpatía e incluso tomar alguna iniciativa a favor de dichas relaciones, no significa que las partes perciban a cada cual como de los suyos.

Para diferenciar entre personas que en este proceso hayan tenido la confianza del gobierno cubano, del gobierno norteamericano o de ambos, me voy a valer de un indicador externo; falible pero diáfano: el agradecimiento mostrado en la expedición de invitaciones para asistir a las ceremonias de apertura de las embajadas: a la de Cuba en Washington DC el lunes 20 de julio, y a la de EEUU en La Habana ayer viernes 14 de agosto. Los casos para ilustrar los alineamientos los escojo un tanto al azar.

Por ejemplo, el profesor Arturo López-Levy, integrante del grupo CAFÉ (profesionales cubanoamericanos y cubanos residentes en EEUU), fue invitado a la apertura de la embajada de Cuba pero no a la de EEUU. Ese hecho indicaría que López-Levy está mejor considerado por los funcionarios cubanos que por los norteamericanos; y que el Departamento de Estado percibe al grupo CAFÉ como corrido hacia los intereses de La Habana.

El ejecutivo y ex Secretario de Comercio de la administración de George W. Bush, el cubanoamericano Carlos Gutiérrez, fue invitado a la ceremonia de izamiento de la bandera en la embajada de EEUU en La Habana, pero no a la celebración cubana en W-DC; lo que indica que Gutiérrez es, obviamente, una pieza del team norteamericano. El servicio de Gutiérrez a nivel de imagen ha sido fundamental para la política del Presidente Obama, porque sus credenciales dentro de la “derecha” son indiscutibles; incluso dentro de la “derecha cubanoamericana” de Miami, pues además de haber sido parte del gabinete de Bush, Gutiérrez fue académico del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami.

Y como tercer alineamiento tenemos la clásica capicúa. Los jugadores de dominó saben que se identifica de esta manera a la situación de “estar pegao” por las dos cabeceras. En el asunto tratado el caso más consecuente, a la vez que conocido, es el del empresario cubanoamericano Hugo Cancio; que fue invitado tanto por la parte norteamericana como por la parte cubana a las ceremonias en sus respectivas embajadas.

Creo que a ambos poderes Hugo Cancio les parece suficientemente transparente y confiable, porque más que un posicionamiento oportuno dentro de una tendencia dominante él posee un proyecto defendido por años. Lo que les sucede a los funcionarios cubanos y norteamericanos es semejante a las reacciones de hoy cuando Hugo Cancio visita los canales de la televisión local de Miami, los mismos donde antes se le trataba con sospecha y a veces acritud: nadie le considera ni un oportunista ni un “traidor”, porque las cartas que pone sobre la mesa son las mismas de hace más de 20 años.  

Hugo Cancio representa una de las posiciones más codiciadas en las negociaciones, reformas y transiciones: el centro. Le podemos colgar el adjetivo de “positivo”; ya que en este proceso hay también un “centro negativo”, representado por Roberto Veiga y Lenier González, antiguos promotores de la revista Espacio Laical y hoy del proyecto “Cuba posible”, que no fueron invitados a ninguna de las dos ceremonias. Es un centro porque, de algún modo, también equidista de los extremos; aunque como una nada.

Frente a estos alineamientos asoma en la esfera pública cubana, aún con contornos suaves, una curiosa “división de poderes” que, a la manera de la clásica, puede ayudar a equilibrar excesos en la dinámica del “parto social” que se produce en la isla. Por el momento los voy a llamar “frentes”.

Por un lado veo un frente con proyección nacionalista, con formación pragmática y con modales afines a las elites Occidentales. La mayoría de los nombres que a modo de ejemplo vienen a mi mente, pertenecen a funcionarios del MINREX y HAVANATUR; aunque también incluye a personas vinculadas a ese ramillete de empresas y entidades encargadas de vincular la economía cubana a las relaciones internacionales, y que se pueden observar en este documento de 61 páginas (sobre todo hacia el final), expedido por el MINREX para quien desee anotarse oficialmente a la visita del Papa Francisco: (http://www.cubaminrex.cu/sites/default/files/ficheros/informacion_de_interes.pdf)

Además de este existe un frente ideológico vinculado a los medios de comunicación, la cultura y al aparato ideológico del estado cubano. Más que nacionalista (que lo es) se manifiesta emocionalmente como patriótico.

Parece destinado, como parte del sistema, a separar o regresar a Cuba de ese mismo entramado global donde el primer frente la va insertando. En esta jornada, por ejemplo, se empeña en relativizar, matizar o averiar la “utopía” de la buena “vecindad” entre Cuba y EEUU. En varios de los espacios propuestos en su sitio Cambios en Cuba por el periodista Manuel H. Lagarde, al Secretario de Estado John Kerry se le da tratamiento de criminal de guerra; mientras que Luis Ernesto Ruiz en su artículo “No hay miedo Mr. Kerry” apunta que el discurso de Kerry en la embajada le recuerda “los tantos hechos venidos desde su país para enlutar a mi Patria”.

Como guinda, Iroel Sánchez, escritor y funcionario del Ministerio de Comunicaciones, recoge pita en una entrevista con Telesur, y contrae ahora a “optimismo crítico” la valoración que le merecen las perspectivas de las relaciones Cuba-EEUU.

Para no extenderme demasiado, dejo pendiente el tema de hasta qué grado este segundo frente ideológico-cultural está realmente enterado de las iniciativas que toma el primer frente en coordinación con la alta dirección del país. Porque es curioso que ni Manuel H. Lagarde, ni Iroel Sánchez, ni Enrique Ubieta, etc., hayan sido invitados ni siquiera a una de las actividades oficiales cubanas relacionadas con el restablecimiento de relaciones Cuba-EEUU.

IMAGEN: James Williams, con su organización “Cuba Engage”, creada después del 17 de diciembre de 2014, se ha colado exitosamente en los procesos actuales. En la foto, a la derecha, Williams participa en la ceremonia de este 14 de agosto en la embajada de EEUU en La Habana: cubadebate/Ismael Francisco

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