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Cubanólogos de Punto Cero y especialistas en Casa Real

Enviado por en marzo 3, 2013 – 13:01 pm

Emilio Ichikawa

Para los cubanos la historia de España es una referencia inevitable y con intermitencia se mira a ella para cotejar la marcha de las cosas en el patio. Lo mismo para rectificar la receta de la paella (de la cual cada valenciano tiene una personal; como afirma desde Castellón el historiador Sergio López), que para hacer una revolución o fundar una revista. No hablo en abstracto: varios cubanos visitamos Salamanca en los años ’90 para copiar la experiencia del Boletín de Derecho de Tierno Galván. Para desgracia de mentores e instituciones como el Instituto de Cooperación Iberoamericana, los cubanos tendemos a copiar con más respeto los inventos norteamericanos que las experiencias españolas. Quizás, no estoy seguro, el pro-norteamericanismo (¡Bienvenido Mr. Marshall!) sea precisamente uno de los valores civilizatorios que nos ha legado a los cubanos la cultura española. Aunque a los rusos, los chinos y los árabes también les fascina América.  

Aún en los días en que predominó el criterio de que Cuba podría salir del comunismo siguiendo las experiencias rusa, polaca, checa, alemana o rumana, nunca se dejó de repasar como posible el ciclo de la transición española (Se propuso copiar de todo, menos la idea de explotar el Lada de Carlos Lage y dejarlo en el techo de la Iglesia San Juan Bosco). Todavía recientemente, en medio de las primaveras árabes, jóvenes blogueros cubanos hablaban con entusiasmo de una redescubierta movida madrileña que una funcionaria española les mostró en un documental. Los funcionarios de la Embajada de España en La Habana que yo conocí sentían un gran orgullo de la transición española; como también muchos de los intelectuales de la transición que ellos invitaron a la isla. No obstante, en una entrevista para “el diario.es” (Marzo 1, 2013) el escritor Raúl Capote sugiere que en el tema del “cambio cubano” la Embajada de España en La Habana era una suerte de segundona de la Oficina de Intereses de EEUU; o que por lo menos había una “coordinación entre las embajadas estadounidense y española”, pero esto es algo que quisiera tratar otro momento.

Sin embargo, si bien entonces la transición española era interesante, unos 15 o 20 años después aquellas recomendaciones intelectuales y culturales se han tornado un tanto obsoletas. La banda sonora de la transición española, que incluye canciones de Amancio Prada y Miguel Ríos; cine como el de Saura y Basilio Martín Patino; o lo que me interesa ahora un poco más, programas de televisión como “La Clave” de José Luis Balbín y las entrevistas de Joaquín Soler Serrano para Radio Televisión Española con figuras sobresalientes de la política y la cultura del momento no tienen ya suficiente energía de cambio; y menos, popularidad.

No quiero decir el contenido, pero las “formas” en que se hizo la cultura de la transición ya son viejas incluso para la propia España. Voy a ser sincero: el contenido también es obsoleto: las protestas de los “indignados” de hoy son menos una consecuencia de lo que se aprende en un aula, un libro o en la televisión pública-educativa que de los modelos de la publicidad y el entretenimiento. Lo digo con cierta tristeza porque yo personalmente me siento más cerca de las antiguas formas que de las nuevas. Hace poco me espanté cuando vi aparecer al viejo Antonio García Trevijano en el set del programa de Luis Losada Pescador. García Trevijano había sido invitado para hablar en el tema “Monarquía y República”, que está en el fondo de la polémica en el “Caso Nóos”, que implica a Diego Torres e Iñaki Urdangarín; pero la verdad que no encajaba en el panel, incluso algunos contertulios lo miraban como un raro, un alien. Y él asumía comportarse así. Pero no era un problema personal, no era un problema de saber: era el tiempo.

En el Miami cubano tampoco es difícil percibir que el “programa de entretenimiento político” (no hay nada despectivo aquí, como verán) de María Laria en el Canal 41 América TV gana en popularidad mientras que el viejo y querido espacio “A Mano Limpia” del periodista y erudito Oscar Haza apenas se comenta. El espacio de Haza es más serio, más intelectual, más profundo… Como lo era en la España post-franquista, por ejemplo, “La Clave” de José Luis Balbín. Esa es la gran virtud y el gran problema del programa de Haza frente al de Laria; y el de Laria frente al “Happy Hour” de Carlos Pérez Córdova (Carlucho) y “TN-3” de Omar Moinello y Carlos Otero que también apelan a la política como entretenimiento. El programa de María Laria (que es el más “balanceado” en lo formal), con todas las distancias, se parece más a los españoles “Espejo Público”, “El cascabel al gato” o “Más claro, agua”. María Laria no trabaja la política como “ciencia” o como “profesión” sino la política como distracción. El programa de Haza aún tiene el prurito, y el “rezago”, de pedir “pruebas” sobre la muerte de Chávez; en el espacio de Laria cualquiera lo da por muerto y punto. Y funciona. Funciona porque entretiene, porque causa risa que Chávez esté muerto, o la muerte en sí; una risa que no tiene que ver con la crueldad sino acaso con la irresponsabilidad. O la necesidad de perder presión existencial.

Por cierto, TV MARTI también enfoca regularmente la política con cierta mentalidad de “entertainment”, de aquí que algunos de sus espectadores de “a la antigua”, que esperan encontrar “noticias verdaderas”, se disgusten insistiendo mirar sus programas según la dupla “cierto-falso” (que tampoco funciona, por fútil, en el campo de la “propaganda”).

La “televisión de entretenimiento” es osada y cada vez siente menos complejos ante la llamada “televisión seria”. Ensaya con temas que antes se autocensuraba como la física nuclear (desastre en Fukushima); cirugía médica (enfermedad de Chávez); modelos electorales; lucha contra el terrorismo; epidemiología (cólera en Cuba), etc. Cuando veo en los programas españoles sobre el “Caso Nóos” participar con tanta propiedad a los “Especialistas en Casa Real”, me parece que veo a los cubanólogos revelando secretos de la elite gobernante cubana, del Punto Cero o el Festival del Habano. Esa sí es ya la Cuba post-castrista; una Cuba donde la política es cosa de joda y broma, de “ironía”; que es relajada y tolerante. Superficial y reconciliadora.  

-ILUSTRACION: Todos en la Alhambra. 2025: Por Geandy Pavón

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