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CONSTITUCION VENEZOLANA: ¿Una invitación al magnicidio?

Enviado por en marzo 5, 2013 – 22:15 pm

Emilio Ichikawa

Lo dice el Artículo 233 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela del 19 de febrero 1999; no reformado por la Enmienda I del 15 de febrero de 2009: Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes.” Prescripción que concierne a toda la nación venezolana. Pero lo dijo también el Presidente Hugo Chávez en su discurso del sábado 8 de diciembre de 2012, lo que concierne en especial a aquella parte de la nación venezolana que afirma que seguirá su legado: si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera… ese escenario… obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales”.

El Presidente Hugo Chávez ha fallecido y al menos las formalidades indican que los venezolanos han de concurrir de nuevo a las urnas a elegir Presidente. Una inversión de energía política enorme, un tremendo gasto de vida privada en empeños públicos porque los venezolanos ya tuvieron unas elecciones Presidenciales en octubre, unas Regionales en diciembre y se les vienen encima las Municipales en julio.

El Vicepresidente Nicolás Maduro ha sugerido que la enfermedad del Presidente Chávez fue inducida con intencionalidad. Concretamente hizo estas declaraciones que recoge El Nuevo Herald: “Nosotros no tenemos ninguna duda, llegará el momento indicado de la Historia en que se podrá conformar una comisión científica” que revelará “que el comandante Chávez fue atacado con esta enfermedad, (…) los enemigos históricos de esta patria buscaron el punto para dañar la salud de nuestro comandante”. El Vicepresidente Maduro se refería en sus palabras a un método sofisticado y discreto de inducción del mal que finalmente acabó con la vida del Presidente Chávez; pero es que tal y como está escrita la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, aparentemente daría igual (en lo que a consecuencias políticas se refiere) que la muerte o “falta absoluta” del Presidente la hubiera producido el matón más obvio y chapucero del mundo o un accidente cualquiera.

En la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela el Vicepresidente está descolgado de la figura Presidencial aunque hayan hecho campaña juntos y pertenezcan al mismo Partido; en este caso, el de Chávez y Maduro, al Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). Tras la “ausencia absoluta” del Presidente sin juramentar, el Vicepresidente no recibe el poder, acaso alguna ventaja por posicionamiento si es que el Partido u organización a que pertenece lo postula a las nuevas Presidenciales. De este modo la vida de un Presidente de Venezuela, sea quien sea y pertenezca al Partido que pertenezca, siempre está en riesgo. Más aún con una sociedad polarizada y en ebullición. En este sentido, y solo en este, es que parece que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela “invita” al magnicidio. Ya que no hay sucesión garantizada, cualquier opositor, incluso a título individual, podría lanzar al país completo a nuevas elecciones Presidenciales y empezar políticamente de cero.

Por citar dos ejemplos que conciernen: ni EEUU ni Cuba están en ese caso en pre-juramentación. El Vicepresidente norteamericano es sin discusión la figura llamada a reemplazar al Presidente si a este le sucede algo; por lo que en sentido general el magnicidio se presenta como una acción fútil en la dinámica de rotación de partidos. Lo mismo sucede en Cuba, donde el Vicepresidente Primero sucedería automáticamente al Presidente si es inhabilitado por cualquier razón. Ese amarre en el caso cubano es algo en que siempre ha insistido el investigador y estudioso Arnaldo M. Fernández, pero no se me había hecho tan evidente hasta que me detuve en una frase que dijo Fidel Castro a los periodistas tras ejercer el voto el pasado domingo 3 de febrero de 2013: “Le dediqué bastante tiempo a la cuestión electoral”. La formalidad electoral cubana es penetrable por la oposición solo unos milímetros de distancia política. Quienes han estudiado la cuestión jurídica nacional, como el propio Fernández, han demostrado suficientemente que ni el Proyecto Varela tenía oportunidad de hendir el poder constitudo usando la vía legal. Hay espacio para participar, no para “cambiar”.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela parece tener al menos un cabo suelto. Como le dijo (según la leyenda) Fidel Castro a Daniel Ortega cuando el Sandinismo se sometió a escrutinio electoral: para ganar en la democracia representativa hay que tener los dados cargados… de lo contrario es mejor no jugar.

-FOTO: venezuela-europa.blogspot.com

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