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Ya viene llegando

Enviado por en febrero 25, 2013 – 2:15 am

Arnaldo M. Fernández

El relevo de la élite gobernante, como consecuencia del declive natural y deceso inevitable de la Generación del Centenario, no es solo el ascenso de cuadros menos viejos o más jóvenes —el vicepresidente primero Miguel Díaz-Canel, el canciller Bruno Rodríguez, el administrador Marino Alberto Murillo— sino también una serie de amarres del orden constitucional, con los cuales tendrán que arrear quienes vienen detrás a menos que sobrevenga —digamos que por generación espontánea— una (contra)revolución como fuente de Derecho.

El primer amarre significativo fue la proclamación del «socialismo irrevocable», que dio pie a gruesa reflexión cubanológica sin dar en el clavo de que Fidel Castro había despojado de poder constituyente a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) para revocar la opción socialista.

Así complicó el camino de la contra pacífica en el contexto de deterioro que supondría la presencia de candidatos anticastristas en la lista preelaborada por la Comisión Electoral Nacional (CEN) y su nominación por las asambleas municipales. La oposición anticastrista no podría revertir el régimen ni siquiera logrando mayoría de dos tercios en la ANPP para modificar sustancialmente la Constitución socialista. Tendría además que ir al referendo popular y así la bandería castrista dispondría de otra oportunidad para la resistencia.

El segundo amarre significativo acaba de ser anunciado por el jefe de Estado y Gobierno reelecto: «limitar a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años el desempeño de los principales cargos del Estado y del Gobierno, y establecer edades máximas para ocupar esas responsabilidades». Así quedará cancelada constitucionalmente la posibilidad de otro Fidel Castro —que no es lo mismo que la recurva de Fidel Castro, pero es igual— porque algún futuro jefe de Estado y Gobierno se lo crea. Tendría que hacerlo por reforma constitucional, que exige mayoría de dos tercios y sería difícil de conseguir por alguien sin el carisma que da entre cubanos el honor guerrero.

Y mientras la élite castrista actúa con lógica instrumental (v.g., pleno del Comité Central antes de constituirse la ANPP) e implementando «la transferencia paulatina y ordenada» del poder a las nuevas generaciones del castrismo, la oposición se refocila con alucinaciones cinestésicas — esas en que el sujeto narra tener la sensación de que ejecuta movimientos, aunque realmente está inmóvil— como la bloguera que hace temblar a la dictadura, el panfletazo que deslegitimará al Consejo de Estado, la investigación independiente que revelará un asesinato político, la unidad que parirá la nación cubana sin previa gestación y no se sabe qué otra amalgama, o sí: el pueblo cubano.

-Ilustración © Lázaro Saavedra

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