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Tres posiciones y dos argucias sobre las “sanciones” de EEUU a CUBA

Enviado por en febrero 21, 2013 – 6:31 am

Emilio Ichikawa

Llamémosle “sanciones económicas”, en general, y por el momento no “embargo” o “bloqueo” para evitar las marcas ideológicas del lenguaje y también para sortear un tema con una larga historia y tecnicismos que apenas algunos abogados y legisladores especializados manejan con propiedad. Hablemos solo de “sanciones económicas” que a lo largo de más de 50 años EEUU ha instrumentado sobre Cuba y de las reacciones que este hecho ha suscitado en el ámbito de lo político o en la simple opinión.

Como se trata de un tema donde cada grupo o persona tiene un criterio, voy a reducir el numeroso registro a 3 posiciones y 2 argucias que me parecen las más consistentes a lo largo del tiempo y las más activas en el espacio público actual. Diferencio entre “posiciones” y “argucias” porque las primeras tienen fuerzas y objetivos muy concretos, mientras las otras (las argucias) son ardides retóricos que buscan sortear bacheos en la popularidad; así, transbordan una “posición” a favor o en contra de las “sanciones” en un paquete con opiniones del gusto de un círculo determinado. Las “argucias” sobre las “sanciones” a Cuba proceden igual que cuando se pasa una legislación controversial en un vehículo irrechazable. Paso entonces a enumerar estas 3 posiciones y 2 argucias:

-POSICION 1: En contra de las “sanciones” de EEUU a Cuba. Se puede encontrar esgrimida por el gobierno cubano. El gobierno cubano tiene interés en que le quiten las “sanciones económicas” por varias razones: Para afianzarse en el poder aumentando un presupuesto que puede utilizar para ejercer -según se mire- la dominación, la represión, la defensa de la soberanía nacional o las políticas sociales. En cualquier variante, el gobierno cubano quiere un levantamiento de las “sanciones económicas” y dedica tiempo y recursos a lograrlo. Cuando en algunos de sus discursos Fidel Castro ha “agradecido el bloqueo” de EEUU, lo ha hecho por ironía, despecho o soberbia; pero Castro ha sabido retar la presencia del “bloqueo” cada vez que lo ha encontrado pertinente. Y eso es muchas veces. La inmensa mayoría de las veces.

Nota a P1: Algunos conocedores de la lógica de una economía comunista como Ronald Reagan y Margaret Thatcher, no descartaron que por interés político un gobierno como el soviético -o el cubano- pudiera contravenir sus intereses económicos. Un ejemplo: Recientes declaraciones de Ricardo Cabrisas a propósito de la visita del Vicepresidente de Irán Ali Saeidlo a Cuba demuestran que el gobierno de la isla puede hacer cosas en política exterior que no están dictadas necesariamente por un interés económico, por lo que pudiera crearse una disparidad entre ambas esferas.

-POSICION 2: También en contra de las “sanciones” de EEUU a Cuba. Un grupo importante de negociantes y empresarios norteamericanos quiere el levantamiento de las restricciones comerciales con Cuba porque buscan obtener beneficios de ello. Ya sea a través de servicios y exportaciones que debe pagar el gobierno cubano, o algunos de sus fiadores. El activista y abogado cubanoamericano Mauricio Claver-Carone ha entendido esta dinámica perfectamente, por lo que en una reciente intervención en el Centro de Comercio de Orlando formuló su argumento en el sentido de explicar a los empresarios por qué les convenía más mantener que eliminar las “sanciones” a Cuba.

Nota a P2: Anómalamente, los empresarios cubanoamericanos enrolados en la lucha contra las “sanciones” son “hipócritas” respecto a su interés natural de obtención de ganancias, pues están amarrados económica, social o afectivamente a un contexto que “sospecha” de las relaciones con Cuba. Esta es una de las razones de la existencia de la ARGUCIA 5.

-POSICION 3: A favor de las “sanciones económicas” de EEUU a Cuba como recurso para tumbar al gobierno cubano. A partir de un análisis de la situación real algunos funcionarios y agencias han llegado a la conclusión de que solo manteniendo o arreciando las “sanciones económicas” es que se puede lograr un cambio de régimen en Cuba. Esta posición ya tiene un ejemplo claro en el memorando que Lester D. Mallory envía al  Asistente del Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos Roy R. Rubottom el 6 de abril de 1960, donde habla inequívocamente de provocar mediante “sanciones económicas” hambre (hunger) y “desperation” en la población cubana para derribar (overthrow) al gobierno a partir de un estado de abatimiento general (“disenchantment and disaffection based on economic dissatisfaction and hardship”).

Ahora bien, aunque Mr. Mallory quería “sanciones”, y los pragmáticos empresarios y el gobierno cubano no, los tres coinciden en una lógica de base: Las “sanciones” son malas para el sancionado. Precisamente por eso el sancionador quiere mantenerlas y quien las padece eliminarlas. Elemental. Casi obvio. A diferencia de lo que sucede con las dos siguientes argucias (tretas) que son ingeniosas pero insensatas; coherentes pero falaces. Y sobre todo irrespetuosas, porque tratan de seguir sacando conejos del sombrero en la era de Internet, donde ya el público está al corriente de las trampas del mago.

ARGUCIA 4: El argumento 4 viene con una lógica diferente: Existe la posibilidad de que las sanciones beneficien al sancionado y, en ese sentido, también existe la posibilidad de que dicho sancionado busque y rente (en caso extremo agradezca) su propia sanción. Sofisticado. El sancionado, que en este caso es el gobierno cubano, ganaría con la condición de víctima pues, por ejemplo, la usa como licencia para justificar sus errores y hasta sus malas acciones. Como toda víctima, también podría usar su aparente desventaja para despertar solidaridad y compasión en la opinión pública.

En otra variante, cualquier cubano ha escuchado decir que las “sanciones económicas” han sido buenas porque han desarrollado la creatividad de innovadores y reforzado la independencia nacional. Algunos arquitectos también han celebrado (en la distancia) que las “sanciones” hayan impedido una acelerada modernización capitalista de La Habana, que en cambio habría quedado conservada entre “bellas ruinas”. Se han creado hasta comisiones para impedir que en una Cuba post-castrista se desarrollen condominios que reviertan “todo lo que Eusebio ha logrado”.

ARGUCIA 5: El argumento 5 también subvierte el sentido común, pero de una forma inversa: Ya no es que la imposición de “sanciones económicas” le convenga al gobierno cubano (como dice A4), sino que el levantamiento de dichas “sanciones” es lo que realmente lo va a tumbar.

Esta ARGUCIA 5 también es coherente; y también es falsa. Puede persuadir al cubano común porque como él mismo dice: “Tiene su cosa, tiene su sentido…”; pero hasta ahí. No es difícil encontrar tampoco en Miami el argumento de que el levantamiento de las “sanciones económicas” llevará a Cuba vectores que inocularán los valores del capitalismo en la sociedad totalitaria, que luego se desmoronará por su propia fiebre.

Como decía, aquí hay 3 posiciones claras: la del gobierno cubano, la de los empresarios y la de algunas agencias. Las tres trabajan con sentido común: mantener la sanción perjudica al sancionado, levantarla, lo beneficia. Las 2 argucias son, en el más noble de los casos, agudezas retóricas de personas inteligentes que tratan de ganar un debate o “quedar bien” (da quedein, le dicen en broma a este hábito o vicio cubano); en otro, una forma apañada de servir a alguna de las 3 posiciones regentes. Personalmente creo que lo único que puede tumbar el régimen de La Habana es arreciar las “sanciones económicas”, como dice la POSICION 3, yendo incluso desde la “hungry” a la “starva” para que acabe en sublevación e intervención de una fuerza extranjera. Pero eso no va a suceder. Por tanto, no habrá cambio de régimen en Cuba. La POSICION 3 está fuera de la historia y es una imposibilidad cubana. El régimen cubano tendrá una nueva confirmación el próximo domingo 24 de febrero y un levantamiento de las “sanciones” de EEUU, o no, deja ya como exclusiva posibilidad política abrirse paso con las reglas desovadas por el Estado. Lo demás es política horizontal: denuncia, defensa de libertades y derechos, ajuste de excesos… tareas que la oposición puede compartir con la disidencia y ambas con la heterodoxia del oficialismo; incluso con el oficialismo más recto cuando este trata de autocorregirse honestamente.  

-ILUSTRACION: “The Science of Illusion”: thenewyorktimes

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