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Razón política del gusto: Bono, Túpac y la música del Sen. RUBIO

Enviado por en febrero 18, 2013 – 9:11 am

Emilio Ichikawa

En la noche del 29-30 de junio de 2011 el cantante y activista social Bono-U2 ofreció un concierto en el Sun Life Stadium, situado al norte del Condado Miami Dade. Amnistía Internacional promovió el evento y alumbró con velas alegóricas  los alrededores del escenario. En ese contexto Bono dedicó una canción a la libertad de Cuba y en especial al Doctor Oscar Elías Biscet, Presidente de la Fundación Lawton y luchador por los derechos humanos, por el que por entonces se hacía una intensa movida para que se le otorgara el Premio Nobel de la Paz. El propio día 30 de junio un post del periodista Marc Caputo en el sitio Naked Politics/The Miami Herald revelaba que fue el Congresista Mario Díaz-Balart quien hizo un intenso lobby para conseguir el gesto del cantante hacia Biscet. El congresista cubanoamericano acabó reuniéndose personalmente con Bono para tratar el tema.

Tras el primer impacto mediático, la estratega política de origen nicaragüense Ana Navarro agregó que Lincoln Díaz-Balart y Marco Rubio también habían influido en la dedicatoria de Bono; pero que el cantante no solo había interpretado “Beautiful Day” en Miami para Biscet sino además por la birmana Aung San Suu Kyi y la entonces Congresista por Arizona Gabby Giffords que en enero 8 de ese 2011 había sufrido un atentado en un acto público en Tucson.

Las felicitaciones y agradecimientos a Bono en Miami por simpatizar con la causa de Cuba duraron unas horas más; hasta que empezaron a aparecer noticias y fotos del cantante con la Congresista Demócrata por California Barbara Lee, amiga de Fidel y Raúl Castro, y defensora junto con otros miembros del “caucus negro” de la apertura de las relaciones con Cuba. La “filtración” de otras amistades de Bono, como Nelson Mandela, sirvieron para colmar la copa.

El periodista Kyle Munzenrieder publicó recientemente en The Miami Times un trabajo titulado “Marco Rubio Loves Túpac and Terrible EDM”, donde recoge 16 preferencias (selecciones) musicales declaradas, o mejor “ostentadas”, por el Senador Marco Rubio. Cada una de ellas merece un comentario encaminado a proponer la razón política del gusto. No es casual que la lista de Rubio sea “average” y coincida en coordenadas con la del “promedio”. La tesis implícita del ejercicio es que aun cuando -en apariencia- el Senador Rubio está compartiendo espontáneamente una lista de intérpretes y canciones, dicha lista carece de ingenuidad y apenas disimula una finalidad política.

Rubio, por ejemplo, no olvida mencionar a Pitbull con quien hace un guiño simpático a la juventud cubanoamericana “305” de sur Florida; o a Carlos Vives, a quien usa para mandar un “guararé” a la comunidad latinoamericana en Estados Unidos en medio del debate sobre la reforma migratoria. Pero lo que ha resultado verdaderamente curioso es la ostentación del Senador Rubio de su gusto por la poesía y la música del rappero Túpac Shakur; una figura que probablemente se sitúa en las antípodas políticas y culturales del Senador (y sobre todo de algunas de sus amistades), con lecturas socialistas, crítica del racismo y la desigualdad social y un vuelo poético que contrasta con el “axiomatismo” del estilo discursivo del Senador. Como sea, el hecho que tenemos es que el Senador conservador (de “derecha”) se hace hábilmente de una banda sonora bastante inclinada a la “izquierda”, en un área cultural (la música) donde abundan los discursos y figuras de izquierda. Más consecuente en lo ideológico pero menos atinado en lo político-propagandístico que el Senador Rubio fue el Senador McCain cuando en el 2008 hizo campaña amparado en el reguetonero Daddy Yankee, famoso por un “verso conservador” que podrían haber firmado Bush o Cheney: “¡Dame más gasolina!”.  

Hay intérpretes y compositores musicales que hacen “declaraciones” de derecha. Hay cantantes y compositores que cuando quieren ir más allá de las “declaraciones” hacen una “canción de derecha” que la mayoría de las veces resulta (como canción) un panfleto demasiado marcado, partidista. Aunque la izquierda factura también sus panfletos, la cultura izquierdista la tiene más fácil pues por alguna razón ha reivindicado para sí (y la derecha ha quedado pasiva ante el hecho) una zona temática que siendo “universalista” se percibe como de izquierda. Ese monopolio temático le permite a la izquierda hacer canciones “de izquierda” sin contenido de izquierda. El cantautor o poeta de izquierda puede hacer política con su arte (no solo con las declaraciones) sin ser explícito. Puede, por ejemplo, dar “gracias a la vida”, darle alegría a su corazón o buscar un unicornio que son compromisos políticamente abstractos y sin embargo estar bregando por una demanda concreta de la izquierda. Por eso cuando la oposición antichavista sale a las calles de Venezuela corea canciones de Violeta Parra y Mercedes Sosa, por eso es Bono quien pide el Nobel para Biscet, por eso es que Marco Rubio dice que prefiere a Túpac y por eso es que en Miami se sugiere a cada rato -con discreto morbo- que “Ojalá” es una canción de Silvio Rodríguez contra Fidel Castro perteneciente a una época en que Silvio era rebelde. En Miami resulta más tentador manipular una canción de tema “neutral” de un compositor de izquierda, que adoptar como himno un tema político de un compositor cubanoamericano de derecha.    

-ILUSTRACION: by Karoll William; especial para acompañar este texto.

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