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Raúl Castro en su primer mandato: El contexto político de las reformas

Enviado por en febrero 26, 2013 – 4:37 am

Arturo López -Levy

El secreto mejor guardado de la reforma cubana es que hay cambios políticos de consideración aun cuando la intención de sus gestores es mantener  el sistema unipartidista. La institucionalización de la dominación corporativa del PCC implica mucho más que el reemplazo del carisma fidelista como fuente de legitimidad. Áreas de pluralismo social, cultural y económico condicionan una relación menos vertical, típica del post-totalitarismo, entre el estado y la sociedad civil. 

Más allá de si el personal a cargo es el más apropiado para la reforma,  el gobierno ha creado instituciones y normas que convierten en irreversible el transito a una economía mixta, con las consecuencias políticas derivadas.  Incluso en su propia bandería, Raúl Castro legará ya a sus sucesores un Partido Comunista de Cuba, donde la propiedad privada no es un anatema. A diferencia del proyecto fidelista de los noventa, la idea no es  permitir segmentos amurallados de mercado en una economía de comando, sino integrar a los propietarios privados y cooperativas en un modelo donde mercado y estado se complementan.

La reforma migratoria, particularmente la eliminación del odioso permiso de salida,  y la autorización a operar pequeños negocios han removido de un tirón los principales motivos de descontento popular.  Tales pasos disminuyen a corto plazo la convocatoria de una oposición exigua, dividida y anatemizada por la propaganda del gobierno y su propia incapacidad para purgar aquellos segmentos en su interior con posturas ambiguas o en algunos casos cómplice con el impopular embargo estadounidense contra la isla. A largo plazo, una Cuba más abierta y con economía mixta es terreno más fértil para el pluralismo político pero el gobierno ha ganado tiempo y espacio, dos recursos claves para sus reformas. Mientras tanto, el 2013 pronostica ser el año de las giras internacionales de la oposición.

Con la presidencia de Raúl Castro, el estado post-totalitario ha consolidado un nuevo marco en el cual el gobierno reconoce importantes espacios a las comunidades religiosas, y otros grupos ciudadanos, de asociación no política, enfatizando su separación de la sociedad opositora. En ese contexto, Cuba recibió una segunda visita papal en menos de veinte años y la Iglesia Católica sirvió como interlocutor del gobierno para la liberación de los prisioneros de la primavera de 2003. Con ese gesto el gobierno inauguró una nueva política hacia los opositores en la que largas penas de cárcel son sustituidas por una estrategia de desgaste con detenciones selectivas y de corta duración.  Aunque la nueva practica no es compatible con los estándares internacionales de derechos humanos, la represión es más puntual y dificulta el tipo de movilización internacional adversa que las condenas draconianas de 2003 generaron.

Ultima pero no menos importante es la adopción de límites de mandato a nivel partidista y su proposición como cambio constitucional para el gobierno en el VI Congreso del PCC. La transición inter-generacional ha ocurrido sin sobresaltos en los mandos militares de los tres ejércitos del país y las delegaciones provinciales del Ministerio del Interior. Dirigentes en su tercera, cuarta y quinta décadas de vida predominan en las estructuras intermedias del PCC y el gobierno mientras el gabinete ministerial fue relevado en su totalidad con la excepción del ministerio del interior. En vísperas de la reunión ampliada del Consejo de Ministros del 31 de marzo de 2012, el gobierno designó a Miguel Díaz-Canel, político de cincuenta y tres años, con experiencia de liderazgo partidista en las provincias de Villa Clara y Holguín como nuevo vicepresidente del Consejo de Ministros.   

Sobre la lentitud de las reformas:

Ni Raúl Castro ni sus potenciales sucesores tienen razón para dormirse en los laureles. Su tiempo político y biológico es limitado.  Al permitir mayor autonomía económica a millones de cubanos, mientras reducen el compromiso del estado con su bienestar, están afectando los términos de la relación de dominación y orden. Los debates sobre políticas públicas son afectados ya por una mayor interacción entre Cuba y el mundo exterior. El cable de internet con Venezuela ya está conectado y los pasos tibios de apertura informativa con Telesur en directo auguran mayores presiones para un reconocimiento oficial al pluralismo político palpable en la sociedad cubana.

Algunos observadores responsabilizan a Fidel Castro por el ritmo de los cambios, pero basta ver su última aparición pública para confirmar que eso no es posible. Desde un criterio estrictamente económico, las reformas han avanzado con lentitud pero esa visión  obvia  los rasgos del liderazgo que impulsa los cambios. Ni Raúl Castro ni su equipo gobernante procuran una marcha acelerada hacia el mercado, en primer lugar porque, como evaluaron a partir de la experiencia de Gorbachev,  saben que las reformas pueden destruir a los políticos reformistas. No fue hasta el VI Congreso del PCC en 2011 cuando el grupo gobernante en Cuba reemplazó  la estigmatización del mercado y la propiedad privada por criterios más pragmáticos.

La idea de que Raúl Castro quiere avanzar más rápido y que  una discrepancia en la cúpula lo detiene es una idea original, valida si alguna evidencia la respaldara. El liderazgo cubano no es omnisciente sobre la reforma a la que se ha visto forzado.  El gobierno pierde tiempo en adoptar políticas complementarias  no por desidia sino porque carece de una visión clara sobre sus alternativas y porque un número grande de cuadros en puestos importantes, no importa si jóvenes, no están capacitados hoy para pensar ni implementar los cambios. Aunque los cambios obedecen a una situación económica critica, las reformas siguen siendo diseñadas en un contexto político sesgado a favor de un gradualismo excesivo y contra las consecuencias de liberalizar los mercados.  

La pérdida de tiempo en la reanimación agrícola (mayor fracaso de la reforma) se explica por la ineptitud para diseñar  una visión integral de la misma: sin claridad en la redefinición de los derechos de propiedad y  la autonomía de los nuevos actores; ni atención a alternativas realistas disponibles al sistema de precios administrados (acopio), y sus distorsiones, heredado de la economía de comando.  En  la propia historia nacional hubo ya una reanimación agrícola durante la ocupación estadounidense entre 1898 y 1902, diseñada por Perfecto Lacoste, Secretario de Agricultura, quien adoptó una apertura a la importación de ganado y equipos y apeos de labranza libres de aranceles para enfrentar la destrucción de las fincas en la guerra hispano-cubano-norteamericana.

Aunque se han iniciado algunos pasos, la descentralización es tarea pendiente. A diferencia de las economías china y vietnamita donde la unidad económica central era la provincia incluso en el periodo de economía de comando, Cuba adoptó la centralización soviética de superministerios.  El mayor impulso productivo en China y Vietnam en la primera década de la reforma vino de un aumento de la competencia y la capacidad de crear empresas a nivel de ciudad o pueblos, donde regulaciones y estímulos ajustados a lo local, contribuyeron significativamente a expandir la economía.  En Cuba, la estructura centralizada sigue evitando el contraste entre las políticas adoptadas en municipios y provincias, bloqueando la identificación de las mejores prácticas y los peores administradores y gobernantes desde la base.

La reforma es dictada por olas identificables en el tiempo con las reuniones ampliadas del consejo de ministros. Tal evidencia de centralización como cuello de botella es reforzada por un Buro Político del PCC, la suprema instancia de poder, marcado por la ancianidad.  Desde la perspectiva realista, la sorpresa no es la lentitud sino los avances ocurridos en el periodo. Hay una razón económica que impone las respuestas del gobierno, pero estas emergen de una preferencia política por el control partidista sobre los procesos en curso y una estructura que sigue siendo centralizada en exceso.

-FOTO: Arturo Lopez-Levy: huffingtonpost

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