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Política y razón irónica

Enviado por en febrero 22, 2013 – 12:51 pm

Arnaldo M. Fernández

Luego de quedar demostrado que hasta en Feira de Santana (Brasil) los cederistas pueden contrarrestar la influencia internacional de Yoani Sánchez, su gira se apartó de los propósitos declarados [conferencias en universidades, presentación en libro de una compilación de posts, cobro de premios y reunión con lectores] para dar al parlamento brasileño. Las cosas no podían menos que enredarse.

«No se captó la ironía tremenda de mi frase —tendría que aclarar Sánchez— de que si [a Los Cinco] los liberaban ahora mismo, el país se ahorraría todos los millones que se gasta en su campaña que ya dura quince años». Esa ironía dista mucho de ser tremenda para volverse tremebunda al rodarse el video. Nada puede justificarse con falta de entonación o exceso de nerviosismo, porque la frase obedeció al mismo tren lógico del planteo indubitable en contra del embargo: «Es un acto injerencista que no ha funcionado y es hoy la razón fundamental que mantiene el gobierno para justificar su fracaso económico y la represión política y social».

Yoani Sánchez-Cordero movió ambas fichas del ajedrez político cubano-americano —el embargo y Los Cinco— en la misma jugada de sacrificio: conceder algo a cambio de nada, salvo cierta ventaja imaginada: al levantarse el embargo, el gobierno se quedaría sin «razón fundamental»; al liberar a Los Cinco, «el país se ahorraría (…) millones». Tal es su pensamiento estratégico.
Desde luego que ella tiene derecho al estilo de pensamiento que le dé la gana y a escribir y decir lo que le venga en gana, pero las claques no se conforman con que sea exitosa bloguera ni con su literatura. Quieren que Sánchez-Cordero sea también capital político y catalizador de la disidencia de generación Y que remplazaría con ventaja a las generaciones A-X.
Ya pueden irse despidiendo de esa esperanza. Sánchez-Cordero salió con lo mismo que Martha Beatriz Roque en el «Caso Aguacate»: venir de recurva para convencernos de cosa distinta a la que vimos y oímos.
Pero la cosa es peor. Sería difícil precisar qué es más tremendo: si la ironía que nos quieren meter con cuchara sobre la liberación de Los Cinco o la ingenuidad de suponer que los fondos a gastar en agitprop, si acabaran por ahorrarse, redundarían «para el bien de todos», tal y como debe entenderse «el país», salvo otra ironía más tremenda. Ni siquiera se sabe cuánto recaudan los castristas en el exterior por Los Cinco. A lo mejor da para la campaña y deja algo más «para el bien de ellos».

Mucho más tremendo es enfocar el embargo o bloqueo como argumento. El castrismo puede continuar por entre desbarajustes económicos y acciones represivas sin el bloqueo o embargo, porque la justificación legitimante de su orden político es la revolución misma, que el pueblo cubano se encarga de confirmar —por la razón que sea— cada vez que vota en secreto.

En el ajedrez político, la ficha del embargo —por extensión, el diferendo histórico Cuba-USA— sólo puede jugarse para dar jaque [no comercio, no viajes, no intercambio] y ver si el castrismo reinante se inclina, o para intercambiarla por ficha equivalente. Es tremendo que hasta el propio Castro haya insinuado esta última jugada:

«Mientras Cuba sea un país bloqueado por el imperio, atacado en permanencia, víctima de leyes inicuas como la Helms-Burton o la Ley de Ajuste Cubano, un país amenazado por el propio presidente de Estados Unidos, nosotros no podemos dar esa libertad [de] hablar y escribir libremente contra el socialismo» (Biografía a dos voces, Debate, 2006, página 491).

Así como no hay fuerza ni voluntad política para aplicar el embargo a rajatabla —una cosa es dárselas de línea dura y otra es pegar una dura línea— tampoco parecen haberlas para ser plattistas de derecha consecuentes y cabildear en Washington la solución del diferendo con La Habana mediante pacto bilateral de no agresión, que derogue la ley Helms-Burton, el ajuste cubano, el embargo y todo lo demás, a cambio de reforma constitucional en Cuba que conceda el ejercicio pleno de la libertad de expresión y, por extensión, de las demás libertades.

La disidencia, la oposición, la resistencia y demás tesituras siguen expresando —ante la doble misión imposible de guardar secreto para eludir a la Seguridad del Estado y a la vez ganarse a la gente dentro de la Isla— la idiotez de la amalgama que se forma mezclando, como si fueran minorías políticas viables allá, blogueros y escribientes de cartas y proyectos, recogedores de firmas y huelguistas de hambre, solicitantes de donaciones y acreedores de dotaciones de premios, teleconferencistas y demás especies del anticastrismo corriente.

-Ilustración © Kokošinjac (Forum HR)

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