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¿Qué dirían los existencialistas?

Enviado por en febrero 3, 2013 – 16:09 pm

Armando de Armas

Tatica y Fuácata saltan una cerca de púas; Fuácata, ágil, tigresco; Tatica, torpe, como si para acometer cada movimiento requiriese remenear unas nalgas esmirriadas que es posible adivinar bajo un ancho pantalón, y se pierden tras los matorrales de un potrero que se extiende más allá de la cerca; Amadís y el Jabao aguardan y se dan tragos entre un silencio y el otro, silencios marcados por el canto de un grillo, grillo que le confiere a la acción de empinar la botella, tragar, muequear y pasarla al compañero una extraña solemnidad, solemnidad del Tiempo, de un instante antes de tumbarle veinte pesos a un triste maricón, triste maricón del Tiempo que permitirá que, gracias al sacrificio del Fuácata, los tres pillos pasen alegremente el día de mañana, vivir al día, que ese sí es existencialismo y no lo que preconizaron famosos poetas y filósofos alemanes, franceses, de otros países europeos y de los Estados Unidos, Albert Camus y Jean Paul Sartre eran niños de teta comparados con nosotros, es verdad que la conceptualización y toda esa monserga es de ellos, pero, ¿serían existencialistas de verdad de verdad, en la práctica?, ¿fue Carlos Marx obrero?, qué dirían los existencialistas si nos vieran al Jabao y a mí pendientes de una botella, para que fluya el tiempo y mañana sea hoy y hoy un borrón en la memoria, sobre todo, ahora que ya el movimiento existencialista pasó de moda; porque fue consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, expresión de la quiebra de los valores burgueses, estado de ánimo de la intelectualidad burguesa ante un mundo cerrado a cualquier posibilidad que no fuera el caos y el genocidio; por lo que resultaría bueno que nos tomaran como material de estudio para una discusión filosófica entre Carlos Marx, por una parte, y Albert Camus, Jean Paul Sartre y Arthur Schopenhauer, por la otra, a ver qué explicación pueden dar ellos a nuestra existencia, más bien sobrevivencia, en un puro estado de obreros y campesinos; la estética del existencialismo es un reflejo de la degeneración universal de la burguesía moderna; Casimiro el Jabao, el Fuácata y Amadís Popol Vuh son unos intelectuales burgueses degenerados, ¡degenerados como son!, ahogados en el marasmo de sus contradicciones y del sin sentido de una vida colmada de satisfacciones materiales; que convierten el problema de la Libertad en un problema puramente ético y entienden la Libertad, según el espíritu del individualismo extremo, como libertad del individuo respecto a la sociedad; y ello es así, compañero Fidel, porque esta clase obrera será siempre fiel a la Revolución, al Partido, pero al Jabao no hubo que proponerle nada, él solito se propuso que así andan las cosas por este mundo; al otro día me fui con ellos a buscar el dinero, sin complejos, aunque dicen que el beneficiario de un robo es lo mismo que si lo cometiera, ¿qué será más inmoral robar o bugarronear?, oficio de bugarrón, de santo, de poeta; por la orilla floreciente que baña el río de Yara; y oficio de político revolucionario; el socialismo, que es un programa más avanzado, que es un programa hacia la plena satisfacción de las necesidades vitales de nuestro pueblo; donde limpia, fresca y clara se desliza una corriente; AZERBAIDZHAN SIGUE EN TENSIÓN; no hay como caminar las calles; y saber que en cada esquina te asaltará un recuerdo, jirones de la existencia que has ido dejando en el camino, El Camino de Santiago, de Juan de Amberes que traiciona el Mito, la traición nuestra de cada día que hace avanzar a la Historia, los alacranes que devoran a la madre, el alacrán en el círculo de fuego, el alacrán levantando la ponzoña contra sí mismo con la elegancia estilizada de espadachín arlequinesco, hay belleza en un alacrán, belleza de lo terrible, no debiéramos asustarnos tanto ante la ponzoña del alacrán, bastante ponzoña hay en el mundo que es sólo eso, ponzoña, para hacer los temerosos ante el alacrán, pobre alacrán que no ha tenido la suerte del ratón o la cucaracha que figuran descaradamente como famosos protagonistas de cuentos infantiles; ahora libraremos la Guerra de las Orquídeas, desarrollaremos una eficaz estrategia de manera que eliminaremos semejante flor, flor de belleza enfermiza, que puede ser tomada como estandarte de combate de los decadentes valores occidentales y desencadenar una revolución de consecuencias imprevisibles entre los elementos de los bajos fondos en alianza con la parasitaria burguesía desposeída de sus bienes, en contra del férreo y monolítico puño del proletariado en el poder; POWER TO THE PEOPLE; además es una afrenta el sólo hecho de la existencia de las orquídeas en un país donde todos trabajamos, o hacemos que trabajamos, por el simple motivo de que son bellas, ya que uso racional no tienen, no podemos admitir que cunda el ejemplo pernicioso de las orquídeas, demos, pues, latigazos a sus caras de lechugas frescas; ¿hay lechuga en el mercado?; no, no tenemos lechuga, ni tomates, ni la madre de los tomates, ni ajos, ni arroz, ni frijoles, ni ajíes, nada de eso, pero acabamos con los Bandidos de Río Frío, esos elementos inescrupulosos que disfrazados de campesinos explotaron al pueblo inmisericordemente vendiéndole productos agrícolas a precios prohibitivos, bajo la anuencia de tecnócratas y otros de mentalidad mercachiflera que querían arreglar el socialismo con fórmulas capitalistas, nada menos que eso, es verdad que ya no tenemos ninguno de esos productos, pero en cambio tenemos una excelente foto de dos metros por dos, y a todo color, de nuestro invencible Comandante en Jefe; nosotros pedimos la guerra porque es el estado natural nuestro, difícilmente pueda existir otro pueblo con tanta vocación heroica como el nuestro, podría muy bien ser una guerra de las lechugas contra las orquídeas; y ¿de qué se me acusa?; se le acusa de vil neutralidad, en esta guerra el que no está con nosotros está contra nosotros, usted podría afrontar una pena de treinta años de cárcel, o fusilamiento.

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