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CASTRO-GUEVARA: Me gusta tanto Cuba, que prefiero que haya dos

Enviado por en febrero 14, 2013 – 10:02 am

Emilio Ichikawa

Se atribuye a un político francés de los ‘60 (la cita tiene aire “degaullesiano”, pero no puedo precisar) haber dicho: “Me gusta tanto Alemania, que prefiero que haya dos”. Apuntaba a un nubarrón en las relaciones internacionales, y la actualidad europea parece haberle dado la razón. La traducción cubana es simpática: “Me gusta tanto Cuba, que prefiero que haya dos”. Con una Cuba zanjada las fugas están garantizadas; nadie te puede avasallar absolutamente porque siempre existe el recurso de escapar al lado contrario, donde mandan los enemigos de tus enemigos (Creo que los coreanos cometen un error al tratar de unificar el norte y el sur). Más que Cubas excluyentes, la “comunista” y la “capitalista” son Cubas complementarias. Me he acostumbrado a la existencia de ambas, se me hacen cómodas y bastante legibles en su aparente exclusión. Cada vez que escucho a los compatriotas de Miami quejarse de haber tumbado a Batista, se me ocurre que algún día pudieran lamentar el fin de Castro: Lo próximo, ¿tiene que ser necesariamente para mejor? Como sea, la realidad del ahora es la experiencia de la cubanidad contenida entre dos Cubas.

Esa bipolaridad estimula en los cubanos puntos de vista contrapuestos acerca de muchos temas. Frente a la fuerza de esos extremos, las “síntesis ideológicas” y los “centros políticos” suelen ser melcocheras eclécticas. Anémicas y sin lustre. Los desencuentros polares los tenemos desde hace tiempo; nos hemos entrenado en ellos, nos sentimos ya cómodos y rozamos la madurez de poder repetirnos con grosería pero sin demasiado perjuicio. A fuerza de querellas nos hemos adaptado unos a otros; somos predecibles, nos vemos venir. Y quizás con la costumbre hemos pasado de tenernos sospecha a tenernos confianza. Tanto como a decirnos la verdad, los cubanos hemos aprendido a justificarnos cuando decimos y escuchamos nuestras mentiras.  

Ante un árbitro de otro país, ante terceros, los cubanos no consideramos una falta de respeto que otro cubano mienta descaradamente. Si hay extraños por medio, no le molesta a un cubano castrista que el anticastrista despliegue sus mitos. Ni discute un cubano anticastrista los forros del connacional castrista. El problema es cuando los cubanos de ideas contrapuestas nos quedamos solos con nosotros mismos. En esas circunstancias: ¿Qué sentido tiene mentir? Mentir en soledad, sin testigos, sí es ya una falta de respeto intolerable.

Uno de esos temas divisores con molote en los extremos tiene que ver con la definición del tipo de relación que habrían tenido Fidel Castro y el Che Guevara. Va por el libro o la libreta que un cubano anticastrista tenderá a hiperbolizar las contradicciones entre ambos; mientras que un cubano castrista irá a sublimar la unidad entre los dos. Entre “papá” y “tío”, como manejó Aleida Guevara March en reciente entrevista para RUSSIA TODAY:

-MARIA STAROSTINA: Hay muchas manipulaciones sobre las relaciones entre el Che y Fidel… Algunos hacen unas declaraciones tan fuertes como por ejemplo “Un Che muerto era más útil a Castro que uno vivo”.

-ALEIDA GUEVARA MARCH: (Risas) Es la tontería más grande del siglo. Un Che vivo y en Cuba hubiera sido de una ayuda extraordinaria para Fidel. (Vea esta parte de la entrevista en RUSSIA TODAY a partir del minuto 12:45)

Como dice la periodista Maria Starostina, la tesis de que Fidel prefería al Che muerto, y que de hecho lo habría enviado a una muerte segura en Bolivia, es demasiado “fuerte”. Lo que no impide que se pueda escuchar con relativa frecuencia en medios opuestos a Castro. Tampoco tiene que mover a risa pues posee una cierta apariencia de racionalidad, de sentido común o de lógica en una manera extendida de concebir el poder. De modo que la descaracterización de esa “creencia” por Guevara March afirmando que “Es la tontería más grande del siglo” puede ubicarse en esa misma posición extrema que habíamos señalado anteriormente.

Tal vez esta zona de la entrevista resultara más interesante si Guevara March hubiera hecho revelaciones históricas o siquiera anécdotas más creíbles; menos kitsch. Por supuesto no para demostrar el “desprecio” entre los Comandantes Castro y Guevara pero sí la existencia de tensiones naturales. Igual se entiende que como hija sus consideraciones se mantuvieran en el plano emotivo.

De las normales tensiones de Guevara en el medio cubano puede hablar mejor un historiador como el Dr. Sergio López Rivero, quien ha aportado este apunte desde Valencia: “Por razones obvias, la historiografía tradicional cubana ha hecho caso omiso a los desencuentros de Ernesto Guevara en el mundo revolucionario cubano. Sin embargo, al menos existen tres rapapolvos que le endilgaron entre los años 1957 y 1958. El primero tuvo la autoría de Jorge Sotús, encargado por Frank País de entregar el primer refuerzo de hombres y armas a Fidel Castro en la Sierra Maestra. Sotús, que tenía más curriculum revolucionario que Guevara, no reconoció su autoridad e insistió en tratar directamente con Fidel Castro el 16 de marzo de 1957. El 18 de diciembre del mismo año, René Ramos Latour fue el segundo en rebajar la autoestima revolucionaria a Ernesto Guevara. Ante su manera de clasificar a los guerrilleros urbanos como la derecha del “26 de Julio” y destapar su admiración por la Unión Soviética, el sucesor de Frank País en El Llano le envió una avalancha de argumentos nacionalistas, unidos a su abolengo revolucionario. El tercer stop al reacomodo de la autoridad de Ernesto Guevara en el mundo revolucionario cubano, le llegó cuando Fidel Castro le recriminó el 26 de diciembre de 1958, haber repartido la legitimidad del Movimiento Revolucionario 26 de Julio con el Directorio Revolucionario 13 de Marzo de Faure Chomón en el llamado Pacto del Pedrero.”

La recriminación de Castro a Guevara que señala López Rivero, en carta de Diciembre 26 de 1958 firmada a las 8:00 de la noche en Palma Soriano, la convierte en un documento esencial para comprobar tanto la confianza como la autoridad que el cubano ejercía sobre el otro. Dos cosas quedan demostradas en este texto:

1)-La mayor vocación y olfato de Castro en una política entendida -como dice Arnaldo M. Fernández- en la dinámica vertical de la toma del poder y no en la horizontal del humanismo y los derechos generales.

2)-El mayor conocimiento por parte de Castro de la identidad del contexto y la idiosincrasia de las personas con que se discutía ese poder.

Como propone el artista gráfico Karoll William en la ilustración que acompaña a este apunte (William no escuchó recomendaciones “editoriales” y estudió la referida carta independientemente, a propósito del tema), la misiva de Castro a Guevara es una “escuelita”, un “regaño” achichonado que no habla de rivalidad pero sí de unos matices que se prolongarán en la historia de estas vidas paralelas.

-ILUSTRACION: “Sin Título”, by Karoll William

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