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Persia & Cuba: Los diferentes plazos de las ideas

Enviado por en enero 28, 2013 – 14:19 pm

Emilio Ichikawa

El Pastor Cristiano Saeed Abedini, converso, norteamericano de origen iraní, fue condenado recientemente por un juez en Irán a 8 años de cárcel. Se le imputaron dos cosas:

1-Fundar iglesias cristianas.

2-Evangelizar.

Aunque al referir la “misión” de Saeed Abedini algunos medios hablan de que trató de crear una “red” de “house churches”, no se ha insinuado que al hacerlo estuviera obedeciendo a alguna agencia gubernamental, periodística o de inteligencia. Se trata entonces, y así lo presupongo en este apunte, de un caso donde una persona es condenada por tener y divulgar “ideas”. Se ha dicho, y se ha aceptado, que Saeed Abedini trataba de “sacar a los jóvenes del Islam” y convertirlos al cristianismo. Es decir, que hacía proselitismo (un ejercicio que no siempre celebró el Padre Félix Varela). Le hablaba a los jóvenes iraníes de otro Dios, de otra Verdad, con otra Palabra… Lo que quiero destacar aquí no es el carácter “injusto” de la condena sino la altura, el nivel y si se quiere la sofisticación cultural del problema planteado.

El Principio de arranque de la Constitución de la República Islámica de Irán establece: El régimen de Irán es la República Islámica, por la cual votó afirmativamente el pueblo iraní, movido por su fe en el gobierno de la verdad y de la justicia coránicas”. Está claro que Irán se autoafirma como una teocracia y tiene un Libro de carácter sagrado para legitimarse desde la Letra. No debe dudarse entonces que la acción de Saeed Abedini transgredía reglas establecidas en el lugar; ni debe dudarse tampoco que la teocracia iraní se toma muy en serio la “ideología religiosa” que declara la Constitución. El debate de ideas en el contexto de una sociedad milenaria que sostiene sus instituciones, su moral y su cultura sobre dogmas -e interpretaciones de esos dogmas- tiene significación en sí mismo, sin necesidad de que se le potencie con elementos externos como repartición de celulares, computadoras o incluso armas de  fuego. Saeed Abedini está preso por predicar el Evangelio y saldrá libre cuando cumpla o se logre negociar a partir de esa causa. La solemnidad ideológica que energiza las discusiones sobre el cine, la poesía, la gráfica o la narrativa de los artistas iraníes, tiene también ese voltaje que ha llevado a la condena del joven Pastor Cristiano norteamericano. Las implicaciones instrumentales de una posición religiosa e incluso teológica no hay que inferirlas y se pueden leer en el mismo Principio 2 de la Constitución de la República Islámica de Irán: “Principio 2: La República Islámica es un sistema establecido sobre la base de la fe en los siguientes puntos: 1.- En el Dios único (―No hay deidades, sino Dios) y en la especificidad de la soberanía y del poder de legislar y en la necesidad de someterse totalmente a Él. 2.- En la revelación divina y en su papel fundamental en la explicación de las leyes. 3.- En la resurrección y en papel constructivo que ésta desempeña en la trayectoria evolutiva del hombre para llegar a Dios… 5.- En el imanato y en el liderazgo permanente y en su papel fundamental en la continuidad de la revolución del Islam…”.

La Constitución Cubana de 1976 con sus modificaciones de 1992 también reivindica una ideología constituyente. Dice luego de las reformas aprobadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular en el XI Período Ordinario de Sesiones de la III Legislatura celebrada los días 10, 11 y 12 de julio de 1992: “Guiados: por el ideario de José Martí y las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin”.

A diferencia de la escritura legitimante de la teocracia iraní contenida en un Libro, la Constitución de Cuba se refiere a un “ideario” de autor preciso (José Martí) pero plasmado en documentos plurales, algunos con motivación secular explícita; y un manojo de “ideas político-sociales” contenido en una obra tricéfala enorme, ungida por una concepción “positivista” de la Ciencia y la sublimación de una clase social.

Estas dos retóricas constituyentes del actual Estado cubano ciertamente se han desbordado y adherido a la “cultura pop” y las formas de convivencia cubanas, pero difícilmente puedan considerarse (aún) como estructuras intelectuales de la política y la dimensión nacional. El no haber cuajado hasta ese punto ayuda a entender por qué a diferencia de Irán en Cuba se pueden propagar “ideas” no o anti martianas y marxistas sin que esto conlleve a una acusación formal en términos jurídicos. Es un fenómeno que no tiene que ver con la tolerancia de las autoridades cubanas sino con el poco peso que “las ideas” (cualquier idea, incluyendo las que dicen poseer los ideólogos oficiales) tienen en la dinámica social. No creo que a alguien le interese realmente intentar una reforma o cambio de “régimen” que considere (no digo ya que priorice) la transformación del espíritu. No le interesa a la USINT HAVANA, ni al Departamento de Estado, ni a los opositores y disidentes cubanos (a lo mejor algo a la heterodoxia de las instituciones oficiales). Por eso es que salvo casos excepcionales, si no hay trastienda diplomática o de inteligencia, el gobierno cubano no le dará importancia a un proyecto intelectual opositor. Martí, Marx, Engels y Lenin son en la dinámica de la Cuba actual, antes que perjudiciales o beneficiosos, fútiles.

-IMAGEN: “Practical Chauvinism”: by Geandy Pavón

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