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No es lo mismo la salida del país de “cubanos que son profesionales” que de “profesionales cubanos”

Enviado por en enero 9, 2013 – 11:02 am

Emilio Ichikawa

La tensión y por momentos choque abierto entre grupos y generaciones de una Universidad, un Centro de Investigación o una Biblioteca puede tener un componente político. Pero no necesariamente es así, y cuando existe, no se reduce a la fórmula “jóvenes revolucionarios-viejos conservadores”. Como en lo intelectual tampoco es suficiente con alinear “recién graduados innovadores-catedráticos repetitivos”.

La desideologización de la enseñanza de las ciencias sociales, que tiene en el caso cubano una obvia connotación política, tenía un singular representante en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana de la primera parte de los ’80 en Francisco Ibarra, un profesor no solo “viejo” sino “viejísimo”, que no se había formado en la Universidad “revolucionaria” de los ’60 sino antes. Francisco Ibarra simbolizaba la enseñanza de una sociología científica no porque tuviera una retórica explícitamente anti-ideologizante sino porque enseñaba Estadística. Quizás era el único profesor de aquel claustro que sabía Matemáticas. Y ya que entro en esto, hay que reconocer que desde temprana época Alejandro García y Oscar Zanetti siempre tendieron a la “cliometría”.

El caso es que aún en los sub-contextos académicos cubanos más cientificistas y “despolitizados”, existe una batalla intensa por imponer el programa intelectual propio, para lo que se hace importante:

1-Ascender a puestos burocráticos.

2-Realizar viajes al extranjero.

(Espero que no sea imprescindible que añada esta frase, pero igual va: “Como en cualquier Universidad o Instituto del mundo”.)

Y si esto ocurre en las institucionales que trabajan con el saber más “puro” o menos contaminado por la ideología, cualquiera puede imaginar cómo se complica esto cuando la competencia intelectual se da en centros situados cerca de los poderes del Estado, el Partido Comunista o de la Iglesia, como el Instituto Técnico Militar, el Instituto Superior de Relaciones Internacionales o el Centro Félix Varela; por citar unos ejemplos.

Digo esto para mostrar relaciones y sobre todo porque cuando se habla de la Reforma Migratoria cubana y la salida al extranjero de “cubanos que son profesionales”, a veces se pierde de vista que se trata de aquellas salidas que obedecen a la categoría de viajes PERSONALES o PRIVADOS. Es decir, en ningún caso está en discusión el estricto control político e institucional de la salida al exterior por motivos relacionados con el  TRABAJO y la PROFESION de un profesor o un artista que pertenezca a una institución estatal o eclesial.

Esto significa que una Universidad, un Hospital o una Biblioteca extranjera no puede invitar a un investigador o un profesor cubano sin que la consumación de ese gesto no pase antes por el filtro de la disciplina corporativa; es decir, sin que lo apruebe el Rector, el Decano o el Director. Pero hay algo más: este proceso ni siquiera tiene que llegar a las alturas burocráticas referidas pues la cadena de permisos empieza a funcionar desde la misma reunión de “colectivo”, “laboratorio” y “departamentos”, donde funcionan todas las tensiones (políticas y no políticas) de que hablaba al inicio de este apunte. Un historiador o un cirujano eminente que no ocupe un lugar destacado en la burocracia del Archivo o el Hospital donde trabaje (y aún si lo ocupa) debe contar igual con el visto bueno de una estructura rigurosa para viajar al extranjero y aún para viajar de una provincia a otra. Como se sabe, este rigor se intensifica en los casos de viajes a EEUU.

De lo que se habla en la actual Reforma Migratoria, repito, no es de los viajes de “los profesionales cubanos” sino de “los cubanos que son profesionales” y viajarían al extranjero a título personal, en los días feriados del calendario o en las vacaciones que les corresponden según las regulaciones laborales del empleo que desempeña. Un maestro no va a salir de Cuba en medio del curso escolar. Lo que aclara la Reforma Migratoria es que aún en este espacio de tiempo disponible (¿un mes, mes y medio al año?) todavía hay profesionales con información o posición estratégica que las autoridades se reservan la potestad de controlar. Por el momento lo más cómodo para que un Médico, un Historiador o un Ingeniero cubano salga de Cuba por los 24 meses que otorga la Reforma Migratoria (o más si lo tramita oficialmente) es que se acoja a la jubilación o se deshabilite. Es decir, que abandone el empleo en la Academia o el Hospital por una filiación más suave (en la UNEAC o ONGs, por ejemplo)… Con la ventaja de un poco más de libertad, pero con la desventaja (gran desventaja) de la inmediata pérdida de interés para muchos de sus colegas extranjeros; cuya primera consecuencia es la disminución y luego desaparición de dichas invitaciones, que pasarían a otros que se mantienen en práctica.

-IMAGEN: “The Academic Dream”: by Frits Ahlefeldt (free cartoons set-flickr)

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