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Justicia social o ciencia

Enviado por en enero 1, 2013 – 8:22 am

Emilio Ichikawa

Recientemente la prensa informaba que el gobernante iraní Mahmoud Ahmadinejad había despedido a Marziyeh Vahid-Dastjerdi (foto: rfe/rl), su Ministra de Salud y Educación Médica. Los titulares insistían en su condición de “única mujer” en el gabinete de Ahmadinejad y primera en 30 años de Revolución Islámica. Un facilista y “superficial” énfasis, más bien orientado a incrementar la impopularidad de Ahmadinejad que a hacerle una crítica política a su gobierno y menos al estado islámico. Incluso situados en el tema del “despido”, los reportes de prensa no hacían el más mínimo esfuerzo para ensayar las claves de la decisión y se contentaban con manejar indicadores obvios; al cabo los mismos que se habían adelantado en los titulares. Todo a mano, a nivel de observación y aritmética.

Marziyeh Vahid-Dastjerdi es una ginecóloga, profesora y directora por años del Departamento de  Enfermería y Obstetricia de la Universidad de Teherán, con suficiente preparación para ocupar ese Ministerio independientemente de que fuera mujer, persa o vegetariana. No estaba ahí para cumplir una cuota representativa, era Ministra por su inteligencia y su formación. Es además una política Conservadora, por lo que no es de ningún modo extraño que Ahmadinejad la responsabilice (demagógicamente) por recortes en los gastos de salud pública. También había en los argumentos para su despido algo contradictorio que debió destacarse más: si en Irán faltan medicamentos por las sanciones internacionales, entonces no hay modo de que un nuevo funcionario en el Ministerio de Salud no tenga la presión del desabastecimiento exterior.

A propósito de este hecho concreto vale comentar un elemento epistémico que hará crisis en cualquier momento si se sigue considerando con estatus “causal” de interés para la Ciencia la condición racial, sexual, migratoria, dietética o nacional. Algo que pertenece al campo de la justicia social y que inclusive se puede hasta “enseñar” y llevar a Coloquios y Congresos, pero que carece de rango epistémico. Por supuesto que es posible defender a las “minorías” y las “peculiaridades antropológicas”, lo que es difícil es hacer una ciencia de la defensa de esas condiciones.

La representación usual (comercial y pre-escolar) de los científicos junto a telescopios y microscopios es correcta, pues trata de dar la idea de que son personas que trabajan con cosas que no se observan a simple vista; por lo que deben auxiliarse de aparatos o del pensamiento abstracto para “ver lo que no se ve”. De ahí que el trabajo del científico esté asociado al “descubrimiento”. Como le interesan “causas ocultas”, también cae por su propio peso que el científico es alguien que “investiga”, que es “curioso” y de paso está rodeado de cierto misterio por manejarse con cosas “del más allá”. Sin excluir de esto al científico social. Buscar la determinación estructural o económica de un pensamiento desborda el “enterarse” del nombre del banco donde el biólogo guarda su dinero o del filántropo que otorga una beca al sociólogo.

El artista y el artesano son más bien “creadores”. Como el poeta (músico, cantor o trovador), aquellos son “encantadores” y hacedores de mitos. El científico es un “revelador” y en ese sentido un “desencantador”. Pocas cosas rebajan tanto como el hallazgo de causas y explicaciones racionales tras el mundo que existe ahí mismo ante nuestra vista.

El problema actual no es tanto que supuestos científicos dejaran de buscar causas explicativas, sino que dichas “causas” se encuentran a nivel de superficie: en el sexo (lo hizo porque es mujer u hombre); en la raza (lo hizo porque es negro, amarillo o blanco), etc. Hoy no se puede optar entre ontología y fenomenología porque la esencia se rehabilita en lo superficial. Sin pensarlo dos veces se propone que una dictadura no censura a un antropólogo por inteligente sino por mulato; ni un presidente cesa a una Ministra por rivalidad de poder sino por lesbiana; ni un decano emplea a un José o un Juan en el Instituto Cervantes por conocer la literatura sino por piedad pro-hispánica.

También es grave que las propias minorías se aprovechen de la situación creada y jueguen a tomar ventaja del rebajamiento. No creo que esta situación se pueda prolongar por mucho más tiempo, de hecho los recortes en estas áreas disciplinarias son preocupantes (los profesores no hablan de otra cosa); probablemente la propia falta de presupuesto producto de la crisis llevará a la redefinición estricta de los campos epistémicos y buena parte del relativismo y la polivalencia saldrá a otro lugar.

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