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Millonetas a la clandestinidad

Enviado por en enero 5, 2013 – 13:09 pm

Emilio Ichikawa

Si algún evento parece inexperimentado o de relativo estreno histórico es el creciente avance de la noción y aún más del sentimiento de “riqueza ilegítima” (parecida pero no idéntica a lo que se llama “enriquecimiento ilícito”). Quizás ella marque una diferencia modal entre el comunismo (“socialismo real”) y el capitalismo que exige mayor atención. No se trata de la magnitud del dinero sino del exhibicionismo del dinero.

La ostentación de bienes o “lujo” es disfuncional al equilibrio de la sociedad comunista. En el comunismo se puede anhelar, admirar y hasta poseer riquezas en el espacio privado y el perímetro de lo íntimo, pero hay sanciones cuando aflora a la esfera pública, cuando se “ostenta”. Si nos vamos a ajustar a doctrina, la riqueza material individual (subrayo esto ya que en la Crítica al programa de Gotha Marx hablaba de “chorros de riquezas”, pero colectiva) en el comunismo es “ilegítima” desde su origen. No deberían existir formas de acumular riqueza individual en el comunismo; por tanto, tampoco formas de renunciar a ella. Es decir, una Contralora General como Gladys Bejerano no sancionaría el enriquecimiento personal porque es una “infracción” de la regla sino porque es una “corrupción” de lo real: una “pérdida” o degradación del Ser. La “corrupción” en el comunismo tiene que ver con la Ontología. En el capitalismo, con la Ética y la Matemática.

El punto de partida del capitalismo es precisamente el contrario: La riqueza es legítima y tangible. Fenoménica. No está detrás o debajo de algo; incluso se le ponen luces para que se vea mejor y “marcas” que sirven de referencia para una observación precisa. Así funciona. La inaccesibilidad a la misma está fuera su concepto y se ubica en las cualidades del sujeto que la pretende: Está en su esfuerzo y en su trabajo. Hasta hace unos siete u ocho años esto era un pre-supuesto, un pre-juicio, un “valor” generalizado, pero paulatinamente se ha ido extendiendo la idea de que el capitalista exitoso pudiera ser fruto de otra dinámica. De un fraude. Biografías de personas exitosas y éticas a las que la gente quería comenzar a imitar al terminar de leer el libro, como Lee Iacocca o Akio Morita, han dado paso a biografías de personas también exitosas pero finalmente inmorales, como Bernard Madoff y Jack Abramoff, que la gente empezó a rechazar. (Arbitrage, con Richard Gere, es un intento de dejar esta dicotomía cerca del centro)

Y entonces viene el problema de la generalización: Igual que se puede considerar que cualquiera puede convertirse en millonario honesto porque existe el ejemplo de 1 millonario honesto; sobre cualquier fortuna cae la sospecha de haberse podido acumular de forma indebida porque existe 1 caso al respecto. Una incertidumbre fértil para la idea de “riqueza ilegítima”, con que por ejemplo ha jugado Michael Moore en el filme Capitalism: A Love Story. Un desasosiego en torno a un pilar del sistema que también dejó ver Moore en la singular invitación que hizo al voto por Obama.

La sospecha de “riqueza ilegítima”, cuando se convierte en certeza, es un doping para esos ejercicios históricos que llamamos revueltas, rebeliones y revoluciones. Dicen que eso jamás sucederá en EEUU, pero no estoy tan seguro. La caída del que está arriba es generalmente terapéutica; tanto para el que está abajo como para el que está en el medio. La tendencia del cine, la televisión y el periodismo es a desmitificar la vida de los ricos; y aún más, a de-sublimar la forma en que estos hicieron su fortuna. Esto induce a revisar o anular el caro concepto de “éxito”, a asumir que en la competencia no se impone el más inteligente, ni el más hábil, ni siquiera el más “apto” sino el más inescrupuloso. Se trata de una creencia rebajadora que tiene connotaciones teológicas: No te salvarás por tus obras sino por la forma en que consigues tus obras.

De mantenerse esta tendencia, no está lejano el día en que entre en crisis la prensa del corazón: solo los tontos querrán mostrar lo que tienen y lo felices que son. Los ricos, sobre todo los millonarios liberales del este y el oeste de Estados Unidos serán más púdicos en la exhibición de sus bienes, redefinirán los términos del “glamour” y avanzarán del vegetarianismo a la inanición y de la filosofía a la gymnosofía.

Pudiera advenir además un curioso problema “migratorio”, “fronterizo”. ¿Cuál es la lógica migratoria? Pues moverse de donde no hay, hacia donde hay. Así de simple. Entonces, si vives en un barrio pobre de Miami donde no hay, cruzas la frontera a Cocoplum o las Islands donde sí hay. ¿Cómo? Pues ilegalmente. Un security en una garita no alcanza para detener varios centenares de marginados convencidos de que la riqueza que en esos residenciales se acumula no es legítima (ni justificada, ni merecida) y que la han trampeado unas personas que aunque llegaron a ser millonarias, o precisamente porque llegaron a ser millonarias, les resultan ajenas. Aquí hay una inversión moral y una reconversión simbólica de cuidado.

-ILUSTRACION: “Security”, by Alen Lauzán: caglecartoons.com

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